Amazon despedirá a 600.000 trabajadores para reemplazarlos por robots para el año 2033. Sin querer entrar en detalle en cuestiones complejas, sí querríamos decir una serie de cosas.
Las estimaciones establecen que la media de duración de un trabajador en una planta logística de Amazon en Estados Unidos ronda los 2 años. Esta cifra se desploma a los ocho meses en las profesiones no-cualificadas.
Esto tiene causas diversas, pero, en lo fundamental, podemos reducirlo a una que se desdobla en dos: (1) las condiciones de trabajo draconianas y (2) la política de la compañía. Recomendamos la lectura del artículo que enlazamos en la descripción de la imagen.
Ocurre que Amazon asfixia a sus trabajadores con el fin de incrementar la eficiencia al máximo, sí, pero también para evitar la más mínima disidencia. A más rotación en el puesto de trabajo, a menos permanencia de los trabajadores,
a más competitividad intraobrera, y a más «bonificaciones» por el chivateo, más difícil es la organización de cualquier tipo.
Y, aun así, los centros logísticos de Amazon -el segundo mayor empleador de Estados Unidos, recordemos-, reúnen hoy a miles de trabajadores por planta. Entienden que esto es extremadamente peligroso. Volveremos a esto al final del hilo.
Lo entienden porque los esfuerzos para sindicar las plantillas de las plantas logísticas son constantes, si bien poco exitosos por el momento. Si no nos equivocamos, y aquí @JaimeCaroM tal vez tenga algo más de idea,
en Estados Unidos, la única planta de Amazon que ha logrado la instauración oficial de un sindicato es la de Staten Island. La cosa cambia sustancialmente con las empresas y divisiones agregadas –p. ej., camioneros, repartidores, etc.-.
Lo que tenemos, a grandes rasgos, es un proceso de tecnificación similar al que sufrió la industria a lo largo de tres décadas, pero concentrado en diez años. La destrucción de 600.000 puestos de trabajo en Estados Unidos, cuyo tejido productivo está en la UCI,
puede constituir un golpe muy severo. Las «contramedidas» propagandísticas de Amazon –llamar «cobots» a los robots y donar juguetes a las «comunidades afectadas»–, huelga decir, no mitigarán el desastre.
Pero fijémonos por un momento en lo que resulta aquí: reducción absoluta de la fuerza de trabajo, incremento absoluto –pero no comparable– de profesiones anteriormente «cualificadas», pero devaluadas.
Es decir, los técnicos en robótica, la ratio de los cuales hoy ronda a uno por 35 máquinas, ascienden de entre la fuerza de trabajo regular mediante programas de entrenamiento vocacionales que, suponemos, también trabajan y evalúan la baja conflictividad del individuo.
Estos técnicos de planta cobran alrededor de 5 dólares por hora más que los operarios –una media de un mínimo de 24,5$ por hora frente a los 19,50 $ del operario estándar–, pero desarrollan funciones poco tecnificadas.
El objetivo es reducir sustancialmente al operario temporal, reemplazarlo por una cantidad masiva de robots e incrementar el personal fijo capaz de realizar el mantenimiento y control de los últimos.
El mismo artículo cita el caso de la planta en Stone Mountain, cerca de Atlanta. La robotización de este centro logístico implicará la eliminación de 2.800 empleos; es decir, que pasará de los 4.000 a los 1.200 trabajadores.
Volvemos aquí a lo que señalábamos hace unos cuantos tuits. La tendencia a la robotización y la automatización de la producción se corresponde con la creciente organicidad del capital, es decir,
el aumento relativo de medios de producción sobre la fuerza de trabajo. De hecho, la razón fundamental que explicaría esta nueva oleada de automatización sería netamente ganancial: por cada producto empaquetado habría un ahorro de 30 centavos.
Si tomamos en cuenta únicamente los paquetes que Amazon distribuye en Estados Unidos, que rondarían los 17 millones de paquetes diarios o, lo que es lo mismo, los 6.000 millones de paquetes anuales,
esto supone un ahorro absoluto de cerca de 2.000 millones de dólares. Este cálculo torticero, claro, no toma en cuenta la complejidad de la logística de Amazon, la totalidad de sus operaciones o a las cifras exactas que se ahorrarán.
Sin embargo, hay algo aquí que se nos antoja igualmente relevante para la decisión que parecen haber tomado los peces gordos de Amazon: los robots no se rebelan.
Si bien las políticas antiobreras de Amazon han logrado sofocar cualquier organización significativa, la constante depauperación y el incremento de la conflictividad social en Estados Unidos parecen haber jugado un papel relevante
en la implementación de esta estrategia de robotización. El aumento temporal de la ganancia viene aquí de la mano de la supresión absoluta del trabajador.
Como decíamos, la organización obrera en Amazon es difícil de lograr; más todavía si tenemos en cuenta la estacionalidad de la mano de obra.
Tanto si la tecnificación en este sector genera una mano de obra con cierta permanencia en los centros logísticos como si se mantiene una gran masa de trabajadores en condiciones inestables, no debe haber excusas para la organización comunista en esta rama clave de la industria.
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La huelga es una forma de lucha colectiva de los trabajadores, es la interrupción voluntaria del trabajo, es un instrumento de organización y conciencia de clase. Vale la pena hoy hacer un breve apunte sobre qué significa esto:
La huelga cumple un doble papel. Por un lado, permite a los trabajadores obtener mejoras inmediatas como una reducción de la jornada o un aumento salarial. Por otro, es un mecanismo organizativo para elevar la consciencia de los trabajadores y reconocerse como clase social.
La huelga revela con claridad las contradicciones inherentes del sistema capitalista. La fuerza de trabajo de los obreros es esencial para la producción: sin los trabajadores, no se fabrican bienes ni se generan servicios, el capital pierde su capacidad de producir valor.
El abordaje de la Flotilla y la posterior convocatoria de protestas y «huelgas» nos ha ofrecido a los comunistas del estado una oportunidad inmejorable para perpetrar un nuevo debate esperpéntico a rebufo de la política burguesa y del activismo.
Por un lado tenemos a los «verdaderamente consecuentes», a los que no se dejan llevar por el «moralismo» ante un genocidio – no son 65.000, sino 680.000 los palestinos asesinados desde octubre del 2023- y llaman al «derrotismo» y como alianza entre víctima y verdugo.
Por el otro, tenemos al resto del MCE que, con más o menos ambigüedad, da apoyo a la iniciativa lanzando proclamas vacías, haciendo presentismo en las convocatorias – siempre con cartel y banderas propias, faltaría más- y organizando alguna que otra charla.
El asesinato de Charlie Kirk ha allanado el terreno para el nacimiento del mártir del nuevo fascismo en ascenso, el acontecimiento perfecto para la persecución. Y como todo lo que pasa en Estados Unidos, vemos cómo esto se expande rápidamente en Europa copiando la misma fórmula.
Hablamos de esta cuestión hace relativamente poco. El fascismo en sus diferentes encarnaciones históricas ha recurrido al mártir como justificación de la radicalización sin importar la verdad de los hechos en sí.
Esto en parte ha tenido éxito gracias a esta misma red social que favorece la difusión de los mensajes simples y emocionales de la extrema derecha, reproduciendo un mismo relato que circula de forma acelerada.
Quién ha matado a Charlie Kirk no es realmente importante. Lo importante es que está muerto, y que el «debate» de estos días no trata sobre Kirk, sino sobre lo «necesaria que es una guerra civil» para «exterminar a los rojos».
Lo primero que cabe señalar es que Kirk era uno de los principales propagandistas del ala más reaccionaria del MAGA mainstream, algo así como el más extremista de entre los moderados.
En 2012, con 18 años, fundó «Turning Point USA», una plataforma de propaganda reaccionaria centrada en los medios de comunicación y en los debates en la universidad.
Hoy se celebran los estallidos callejeros como prueba de que el obrero toma conciencia. Las explosiones callejeras en distintos puntos del mundo se presentan como vitalidad del pueblo, pero en realidad muestran la debilidad de la clase trabajadora como sujeto histórico.
La proliferación en los últimos años de bibliografía académica o «militante», mistificando el momento insurreccional o analizando «El Acontecimiento» es solo una muestra de esta impotencia de la que hablamos:
Existe polarización social pero no política. La primera es condición de posibilidad de la segunda, pero no se convierte en ella de manera automática, falta el salto cualitativo de la organización, el programa.
Hoy es el 80º Aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Hemos considerado oportuno despejar algunos de los mitos principales del principal contribuidor a la victoria contra el fascismo: la Unión Soviética.
Lo primero que se suele hacer es subrayar que el Ejército Rojo cometió una cantidad indescriptible de atrocidades allá por donde pasaba, incluyendo –y destacando– las violaciones en masa.
Esto, en realidad, es una estrategia que busca equiparar los crímenes soviéticos a los alemanes, presentando «dos bestias distintas» de entre las que, y de forma poco sorprendente, la URSS sería peor.