7 de noviembre de 1917. Al estallar la Gran Guerra, el zar pensó que «San Petersburgo» era un nombre demasiado alemán, y que el cambio a «Petrogrado» avivaría el nacionalismo ruso en su imperio multiétnico.
A los cazadores nenet aquello de «Petrogrado» les suena alienígena. Han sido traídos de la lejana Siberia para morir en una zanja en la Ucrania austrohúngara.
La mayoría no hablan ruso, y desde luego que odian al oficial que los usa como carnaza. Los soldados de la 18ª División de Rifles Siberianos aguantan el frente como pueden.
Y su oficial conspira contra ellos. La madrugada del 7 de noviembre escribe al alto mando, alarmado. No es el primer informe de este tipo, y tampoco será el último.
Los siberianos prefieren obedecer al cabo. Ni siquiera es su cabo, pero chapurrea cuatro palabras en su idioma. Lo sacaron de prisión para morir. Dice ser obrero, bolchevique.
La palabra les suena pelegrina, pero cuando les ordena entregar armas y alimentos a un puñado de prisioneros húngaros desnutridos, obedecen. Bajo el cielo estrellado todos comparten su exiguo desayuno. Y esperan.
El Gobierno Provisional, burgués, le tomó el relevo al zar y decidió seguir haciendo la guerra. Solo ahora comprenden la magnitud de su error. Esta mañana, el país está paralizado.
Los nodos ferroviarios destacan las provisiones allí donde mandan los soviets. Las fábricas están a rebosar, pero nadie trabaja. Los obreros montan guardia y descargan camiones llenos de municiones destinados al frente.
En el frente bielorruso, el alto mando escucha con espanto el pitido del telégrafo. Dos regimientos de artillería han emprendido la marcha al interior, a Petrogrado…
Ya lo advertía la maltrecha Okhrankha al inicio de la guerra: la artillería no es de fiar. Los mismos trabajadores que alimentaron la pujante industria rusa guarnecían ahora sus cañones.
Y la flota… la flota no obedece ya al gobierno. La Flota del Báltico, orgullo de la marina rusa, prepara los documentos para un armisticio unilateral y destaca parte de sus efectivos a Finlandia.
Los burgueses responden ordenando al Aurora, todavía pendiente de reparaciones, que parta de Petrogrado para restablecer el orden. No reciben respuesta del buque insignia, que permanece quieto, silencioso, en el puerto.
Desde Ivánovo-Vozneziensk y Moscú, desde la fábrica Morozovsk de Kharkov, desde los lejanos astilleros de Vladivostok y desde los telares de Kazán, los comités envían siempre el mismo mensaje:
Esa misma madrugada llegan a Petrogrado los temibles fusileros letones, otrora fuerza de choque del zar. Hoy llevan bandas rojas en el brazo izquierdo, y saludan a los obreros con cazadora negra que montan guardia junto a las hombreras improvisadas.
La gran victoria de los bolcheviques es que el país duerme tan plácidamente como lo permite el estruendo de la artillería. Pero ya controlan, de facto, buena parte de su infraestructura industrial.
Al masificarse el ejército de su Majestad el Zar de Todas las Rusias, al proletarizarse, se han podido permitir hacer cosas como las que siguen:
Las prisiones rebosan de revolucionarios, y también allí agitan. Los alemanes del Volga, sospechosos de traición, ofrecen suboficiales alfabetizados a los bolcheviques.
Por la tarde, todo está listo. Y a las 21:45 del 7 de noviembre, el Aurora de el cañonazo de salida. La Guardia Roja asalta el Palacio de Invierno, y Petrogrado cae con velocidad. Nada pueden hacer los reaccionarios ya.
Los bolcheviques fijan el Instituto Smolny como la sede provisional del gobierno obrero.
Un viejo siberiano llega a la capital el día 8, por la tarde. Es ajeno al vendaval de historia que ha sacudido su país. Pero allí, en la lejana Siberia, un exiliado le habló de un tal «Lenin».
El anciano, desesperado por su calamitosa situación pero animado por las palabras de aquél obrero, inició su larga travesía hasta Petrogrado en busca del tal «Lenin». El obrero le prometió que le ayudaría, así que probó suerte.
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La regularización anunciada por Pedro Sanchez es presentada por el lado izquierdo de la palestra parlamentaria burguesa como un gesto humanitario progresista y, por la derecha, como una hecatombe migratoria sin precedentes.
Expliquemos primero en qué consiste esto exactamente. Para empezar no se trata de nacionalizaciones, sino de regularizaciones. Huelga decir que los regularizados no podrán votar.
La regularización implica el permiso de residencia, el permiso para trabajar en todo el Estado, el acceso a los servicios públicos y, claro, que los regularizados pagarán impuestos.
Camaradas, hoy publicamos el artículo «Fascismo de Nuevo Tipo», en el que intentamos describir la forma que el fascismo adquiere en el siglo XXI y realizamos una serie de apuntes estratégicos en la lucha contra él.
En la actualidad, y en un contexto prebélico, los Estados de todo el globo se preparan para la contienda, haciendo especial énfasis en el frente interno: incrementan la represión, suprimen los derechos democrático-burgueses y engrosan las filas de sus aparatos represivos.
Introducimos la cuestión recuperando el artículo «Combatir al fascismo en todos los frentes: política comunista y estrategia antifascista», publicado por nuestros camaradas de @proletariat_org.
Se hace mucho hincapié en el auge del fascismo y/o de la reacción, pero se presta demasiada atención al combate callejero, a los grupos paraestatales. El fascismo moderno se desplegará directamente desde el Estado. Así lo demuestra USA.
Las maniobras del DOGE a principios de 2025 se corresponden con el disciplinamiento ideológico del funcionariado, y no con la mejora de la eficiencia. Recordemos que los Estados democráticos modernos descansan en el
principio del funcionariado «apartidista» como base del buen funcionamiento del aparato estatal en condiciones de normalidad burguesa. La ideologización del funcionariado –no de sus elementos individuales, sino del grueso del cuerpo–,
Ante lo confusa que pueda resultar a simple vista esta situación y debido al silencio mayoritario entorno a la cuestión por parte del MCE, algunas aclaraciones sobre el acuerdo con Mercosur ya que tiene más importancia de la que se le está dando:
Empecemos por el principio: el Mercosur es un bloque comercial compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay que define su propósito del siguiente modo:
O, lo que es lo mismo, fortalecer la proyección económica externa de las burguesías de los países que lo conforman –pero especialmente las de Brasil y Argentina–.
Hoy hablaremos sobre la Navidad en la Unión Soviética, especialmente durante sus primeros años. De la prohibición a la adaptación y, luego, a la «rehabilitación».
Creemos que esta cuestión es interesante para extraer algunas lecciones históricas sobre el trato que los comunistas en el poder dan a la religión. Al ser esto un hilo de Twitter, seremos extremadamente breves. Aquí algunas recomendaciones:
Lo primero que debemos entender es que la Navidad en la Rusia prerrevolucionaria se manifestaba de formas muy distintas, más siendo que el Imperio era un batiburrillo étnico y religioso.
Por el contrario, creemos que la resolución es eminentemente práctica y pasa por empezar a organizarse en nuestros respectivos países.
El objetivo del documento era resolver y dirigir el debate hacia una resolución práctica: organizarse en los centros productivos.
Para ello se nos hacía necesario desmentir lo que consideramos que es uno de los principales impedimentos autoimpuestos por el movimiento comunista: la supuesta hegemonía impenetrable de la aristocracia obrera.