Se habla mucho últimamente del auge del fascismo y de como prolifera su propaganda infectando cada vez más espacios de transmisión ideológica. Pero a menudo no quedan claras las características de esta propaganda, como se articula discursivamente y los objetivos que persigue.
El objetivo principal de la propaganda fascista es el ocultamiento de la sociedad de clases, para arrastrar al mayor número de proletarios a sus coordenadas ideológicas que, aunque en ocasiones puedan revestir tintes obreristas son, en definitiva, favorables a la burguesía.
Este tipo de propaganda busca entonces la división del proletariado, para lo cual necesita erigir un sujeto de entre las filas de la clase obrera que pueda ser objeto de la proyección de todos los males. El sujeto concreto varía en función del lugar y de la etapa histórica.
El discurso fascista produce una narrativa confrontativa entre un “nosotros” homogéneo y un “ellos” amenazante, construido como antítesis moral y política. Esta lógica sustituye la lucha de clases por la lucha entre "el bien y el mal" legitimando así la violencia intraproletaria.
En esta estructura, la etiqueta nominal desempeña un papel central: el fascismo necesita un nombre que condense la totalidad de sus antagonismos y que, por su carga emocional, permita movilizar adhesiones sin recurrir a análisis verdaderamente científicos.
En el caso del franquismo, el término “rojo” operó como significante totalizador del enemigo, aplicándose a socialistas, republicanos, anarquistas, liberales o simplemente disidentes, sin distinción ideológica.
De manera análoga, el nazismo convirtió “judío” en un marcador absoluto del mal, desligado de toda precisión étnica o religiosa, hasta convertirlo en sinónimo de degeneración y amenaza existencial.
Este mecanismo de homogeneización discursiva persiste en los discursos mediáticos y políticos contemporáneos. Términos como “okupa” o “mena” funcionan hoy como rótulos estigmatizantes, que condensan temores y prejuicios sociales en una única figura simbólica.
En todos estos casos, la etiqueta actúa como un significante vacío, un término que absorbe significados heterogéneos para articular la cohesión del “nosotros” frente a un “ellos” construido como amenaza.
Así, los okupas pasan de ser personas que habitan viviendas sin contrato de alquiler ni propiedad, a ser prácticamente cualquier cosa: ladrones, asaltantes, allanadores de morada, inquilinos en estado de impago o simplemente portantes de una estética concreta.
Los menas ya no son menores extranjeros no acompañados, ahora cualquier extranjero independientemente de su edad o cualquier delincuente de poca monta, al margen de su nacionalidad, puede ser etiquetado como "mena" por designación estética.
La mejor respuesta contra esto es el señalamiento persistente de la sociedad de clases como el verdadero causante de las disputas sociales. La unidad de clase se logra reforzando aquello que une al proletario independientemente de su condición sexual, origen o identidad.
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7 de noviembre de 1917. Al estallar la Gran Guerra, el zar pensó que «San Petersburgo» era un nombre demasiado alemán, y que el cambio a «Petrogrado» avivaría el nacionalismo ruso en su imperio multiétnico.
A los cazadores nenet aquello de «Petrogrado» les suena alienígena. Han sido traídos de la lejana Siberia para morir en una zanja en la Ucrania austrohúngara.
La mayoría no hablan ruso, y desde luego que odian al oficial que los usa como carnaza. Los soldados de la 18ª División de Rifles Siberianos aguantan el frente como pueden.
Amazon despedirá a 600.000 trabajadores para reemplazarlos por robots para el año 2033. Sin querer entrar en detalle en cuestiones complejas, sí querríamos decir una serie de cosas.
Las estimaciones establecen que la media de duración de un trabajador en una planta logística de Amazon en Estados Unidos ronda los 2 años. Esta cifra se desploma a los ocho meses en las profesiones no-cualificadas.
Esto tiene causas diversas, pero, en lo fundamental, podemos reducirlo a una que se desdobla en dos: (1) las condiciones de trabajo draconianas y (2) la política de la compañía. Recomendamos la lectura del artículo que enlazamos en la descripción de la imagen.
La huelga es una forma de lucha colectiva de los trabajadores, es la interrupción voluntaria del trabajo, es un instrumento de organización y conciencia de clase. Vale la pena hoy hacer un breve apunte sobre qué significa esto:
La huelga cumple un doble papel. Por un lado, permite a los trabajadores obtener mejoras inmediatas como una reducción de la jornada o un aumento salarial. Por otro, es un mecanismo organizativo para elevar la consciencia de los trabajadores y reconocerse como clase social.
La huelga revela con claridad las contradicciones inherentes del sistema capitalista. La fuerza de trabajo de los obreros es esencial para la producción: sin los trabajadores, no se fabrican bienes ni se generan servicios, el capital pierde su capacidad de producir valor.
El abordaje de la Flotilla y la posterior convocatoria de protestas y «huelgas» nos ha ofrecido a los comunistas del estado una oportunidad inmejorable para perpetrar un nuevo debate esperpéntico a rebufo de la política burguesa y del activismo.
Por un lado tenemos a los «verdaderamente consecuentes», a los que no se dejan llevar por el «moralismo» ante un genocidio – no son 65.000, sino 680.000 los palestinos asesinados desde octubre del 2023- y llaman al «derrotismo» y como alianza entre víctima y verdugo.
Por el otro, tenemos al resto del MCE que, con más o menos ambigüedad, da apoyo a la iniciativa lanzando proclamas vacías, haciendo presentismo en las convocatorias – siempre con cartel y banderas propias, faltaría más- y organizando alguna que otra charla.
El asesinato de Charlie Kirk ha allanado el terreno para el nacimiento del mártir del nuevo fascismo en ascenso, el acontecimiento perfecto para la persecución. Y como todo lo que pasa en Estados Unidos, vemos cómo esto se expande rápidamente en Europa copiando la misma fórmula.
Hablamos de esta cuestión hace relativamente poco. El fascismo en sus diferentes encarnaciones históricas ha recurrido al mártir como justificación de la radicalización sin importar la verdad de los hechos en sí.
Esto en parte ha tenido éxito gracias a esta misma red social que favorece la difusión de los mensajes simples y emocionales de la extrema derecha, reproduciendo un mismo relato que circula de forma acelerada.
Quién ha matado a Charlie Kirk no es realmente importante. Lo importante es que está muerto, y que el «debate» de estos días no trata sobre Kirk, sino sobre lo «necesaria que es una guerra civil» para «exterminar a los rojos».
Lo primero que cabe señalar es que Kirk era uno de los principales propagandistas del ala más reaccionaria del MAGA mainstream, algo así como el más extremista de entre los moderados.
En 2012, con 18 años, fundó «Turning Point USA», una plataforma de propaganda reaccionaria centrada en los medios de comunicación y en los debates en la universidad.