Camaradas, hoy publicamos el artículo «Sobre la aristocracia obrera», un repaso crítico de las distintas desviaciones y lugares comunes que presenta el movimiento comunista sobre la cuestión de esta fracción de clase.
Este es el primer artículo que lanzamos desde la publicación de nuestro Programa en mayo, donde entre otras cosas hablamos de la importancia de la proletarización del movimiento comunista, cuestión en la que hemos ido insistiendo desde entonces.
El movimiento comunista hoy debe afrontar necesariamente la cuestión de la aristocracia obrera, uno de los grandes temas sobre el que se han generado múltiples debates y discusiones, algunos más fructíferos que otros.
Por tanto, no es casual que este artículo sea sobre dicha cuestión, pues para cumplir el cometido de nuestro Programa es esencial empezar a desatascar este debate que parece ser un impedimento para empezar a trabajar.
Si bien el debate en torno a la aristocracia obrera se enmarca en el contexto de las diversas discusiones estratégicas, próximas al núcleo del conflicto de clase, a la vez se presenta de forma habitual como un impedimento para su avance.
Y es que muy a menudo vemos reproducido el cliché de que el proletariado del centro imperialista es en su mayor parte aristobrero, ya sea bien por un sesgo bienestarista o por una desviación tercermundista.
Pero sea como sea, la apelación a la aristocracia obrera se presenta con frecuencia como uno de los principales remilgos autoindulgentes del movimiento comunista que impide el cumplimiento de su cometido.
A raíz de la publicación de nuestro programa, así como en otros debates que se han dado por esta red social, hemos podido ver en acción esta barrera autoimpuesta por el movimiento comunista.
Solo hace falta hablar de bajar al fango, para que salte como un resorte la cuestión de la aristocracia obrera y su control permanente en los centros de trabajo, lo cual dejaría a los comunistas a los márgenes de esa organización.
La aristocracia obrera quedaría así retratada como una suerte de ente poderoso que imposibilitaría la capacidad de organización del movimiento comunista en los centros de trabajo como estrategia primordial.
De esta manera, la organización en los centros de trabajo pasa a ser reducida a «la cuestión laboral» o «económica» y al tratamiento de dicha cuestión como «un frente más» entre varios ejes, todos igual de importantes.
Si bien la respuesta a este debate no podrá ser completa hasta que no exista una vinculación real con las masas proletarias, es imprescindible empezar a dibujarla para romper la discusión estanca existente en el movimiento comunista.
Por esa razón el objetivo del documento es eminentemente político y no teórico. Es un artículo que se presenta como un punto de partida para el debate productivo entre comunistas honestos.
Podréis observar que el documento se divide en tres partes, la primera de ellas dedicada a combatir la perspectiva «sociológica» que entiende la aristocracia obrera desde las coordenadas de la academia burguesa.
El segundo apartado está dedicado al abordaje de la desviación tercermundista que, mediante las tesis del intercambio desigual se acerca más a una solución científica, pero termina por caer en el liquidacionismo.
Por último, presentamos la definición ortodoxa, que es la que creemos mejor se aproxima a la solución al problema. En ella, la aristocracia obrera queda definida por su rol en la producción.
La definición ortodoxa a nuestro entender da una respuesta satisfactoria tanto a los problemas que el análisis de la fracción aristobrera plantea como a la salida práctica que el movimiento comunista necesita actualmente.
Si mediante nuestro trabajo diario demostramos que nuestras tesis son correctas, ya no quedará donde esconderse. Si resulta que el problema no es que sobren aristócratas obreros, sino que faltan comunistas, ya no quedarán excusas.
Camaradas, aquí os dejamos nuestro artículo. Esperamos que la lectura sea provechosa y estaremos encantados de recibir cualquier aportación o crítica al respecto. Saludos comunistas.
Se habla mucho últimamente del auge del fascismo y de como prolifera su propaganda infectando cada vez más espacios de transmisión ideológica. Pero a menudo no quedan claras las características de esta propaganda, como se articula discursivamente y los objetivos que persigue.
El objetivo principal de la propaganda fascista es el ocultamiento de la sociedad de clases, para arrastrar al mayor número de proletarios a sus coordenadas ideológicas que, aunque en ocasiones puedan revestir tintes obreristas son, en definitiva, favorables a la burguesía.
Este tipo de propaganda busca entonces la división del proletariado, para lo cual necesita erigir un sujeto de entre las filas de la clase obrera que pueda ser objeto de la proyección de todos los males. El sujeto concreto varía en función del lugar y de la etapa histórica.
7 de noviembre de 1917. Al estallar la Gran Guerra, el zar pensó que «San Petersburgo» era un nombre demasiado alemán, y que el cambio a «Petrogrado» avivaría el nacionalismo ruso en su imperio multiétnico.
A los cazadores nenet aquello de «Petrogrado» les suena alienígena. Han sido traídos de la lejana Siberia para morir en una zanja en la Ucrania austrohúngara.
La mayoría no hablan ruso, y desde luego que odian al oficial que los usa como carnaza. Los soldados de la 18ª División de Rifles Siberianos aguantan el frente como pueden.
Amazon despedirá a 600.000 trabajadores para reemplazarlos por robots para el año 2033. Sin querer entrar en detalle en cuestiones complejas, sí querríamos decir una serie de cosas.
Las estimaciones establecen que la media de duración de un trabajador en una planta logística de Amazon en Estados Unidos ronda los 2 años. Esta cifra se desploma a los ocho meses en las profesiones no-cualificadas.
Esto tiene causas diversas, pero, en lo fundamental, podemos reducirlo a una que se desdobla en dos: (1) las condiciones de trabajo draconianas y (2) la política de la compañía. Recomendamos la lectura del artículo que enlazamos en la descripción de la imagen.
La huelga es una forma de lucha colectiva de los trabajadores, es la interrupción voluntaria del trabajo, es un instrumento de organización y conciencia de clase. Vale la pena hoy hacer un breve apunte sobre qué significa esto:
La huelga cumple un doble papel. Por un lado, permite a los trabajadores obtener mejoras inmediatas como una reducción de la jornada o un aumento salarial. Por otro, es un mecanismo organizativo para elevar la consciencia de los trabajadores y reconocerse como clase social.
La huelga revela con claridad las contradicciones inherentes del sistema capitalista. La fuerza de trabajo de los obreros es esencial para la producción: sin los trabajadores, no se fabrican bienes ni se generan servicios, el capital pierde su capacidad de producir valor.
El abordaje de la Flotilla y la posterior convocatoria de protestas y «huelgas» nos ha ofrecido a los comunistas del estado una oportunidad inmejorable para perpetrar un nuevo debate esperpéntico a rebufo de la política burguesa y del activismo.
Por un lado tenemos a los «verdaderamente consecuentes», a los que no se dejan llevar por el «moralismo» ante un genocidio – no son 65.000, sino 680.000 los palestinos asesinados desde octubre del 2023- y llaman al «derrotismo» y como alianza entre víctima y verdugo.
Por el otro, tenemos al resto del MCE que, con más o menos ambigüedad, da apoyo a la iniciativa lanzando proclamas vacías, haciendo presentismo en las convocatorias – siempre con cartel y banderas propias, faltaría más- y organizando alguna que otra charla.
El asesinato de Charlie Kirk ha allanado el terreno para el nacimiento del mártir del nuevo fascismo en ascenso, el acontecimiento perfecto para la persecución. Y como todo lo que pasa en Estados Unidos, vemos cómo esto se expande rápidamente en Europa copiando la misma fórmula.
Hablamos de esta cuestión hace relativamente poco. El fascismo en sus diferentes encarnaciones históricas ha recurrido al mártir como justificación de la radicalización sin importar la verdad de los hechos en sí.
Esto en parte ha tenido éxito gracias a esta misma red social que favorece la difusión de los mensajes simples y emocionales de la extrema derecha, reproduciendo un mismo relato que circula de forma acelerada.