Por el contrario, creemos que la resolución es eminentemente práctica y pasa por empezar a organizarse en nuestros respectivos países.
El objetivo del documento era resolver y dirigir el debate hacia una resolución práctica: organizarse en los centros productivos.
Para ello se nos hacía necesario desmentir lo que consideramos que es uno de los principales impedimentos autoimpuestos por el movimiento comunista: la supuesta hegemonía impenetrable de la aristocracia obrera.
En ningún momento negamos las distintas situaciones concretas y la desigualdad entre centro y periferia, o las penurias de los camaradas de otras naciones. Lo que sostenemos es que no existen indicios de que la disparidad sea producto de la explotación de un proletariado al otro.
La mayor capacidad de consumo puede afectar a la conciencia espontanea del proletariado del centro y, de hecho, es algo que mencionamos en el texto. Pero esta superior capacidad de consumo del proletariado del centro es cada vez más puesta en duda.
Por otro lado, las tendencias reaccionarias espontaneas solo pueden superarse mediante la intervención de los comunistas. Es justamente esta premisa la que nos permite establecer una verdadera relación de camaradería a escala internacional al margen de diferencias coyunturales.
Es a través de la acción comunista internacional que queda demostrado que el proletariado de todas las naciones es una sola clase. Y por lo tanto su relación de solidaridad internacional puede articularse políticamente y no solamente en el plano moral.
La teoría del intercambio desigual es un intento de aplicación científica de la CEP a las condiciones actuales del capitalismo, y por eso compartimos método. Pero el dicha teoría llega a la conclusión de que el proletariado del centro participa de la explotación de la periferia.
Y por lo tanto, las conclusiones políticas que se desprenden son o bien liquidacionistas –por la imposibilidad de organizarse en el centro imperialista– o bien moralistas: apelar a que el proletariado del centro deje de participar de la explotación del de la periferia.
No puede existir una vinculación de clase más allá de eso si uno participa de la explotación del otro. En relación al peligro del encasillamiento en un marco nacional, creemos que es algo inherente a cualquier organización comunista, pero dadas las condiciones actuales,
debido a la etapa prepartidaria en la que nos encontramos, la organización en base a un Programa que aplique a nuestro contexto es lo que nos permitirá lanzar una verdadera solidaridad de clase a escala internacional.
De nuevo agradecer las aportaciones del camarada y el debate en buenos términos y recordar a quién pueda estar interesado que el artículo se encuentra disponible en nuestra página web ¡Saludos comunistas!
Camaradas, hoy publicamos el artículo «Sobre la aristocracia obrera», un repaso crítico de las distintas desviaciones y lugares comunes que presenta el movimiento comunista sobre la cuestión de esta fracción de clase.
Este es el primer artículo que lanzamos desde la publicación de nuestro Programa en mayo, donde entre otras cosas hablamos de la importancia de la proletarización del movimiento comunista, cuestión en la que hemos ido insistiendo desde entonces.
El movimiento comunista hoy debe afrontar necesariamente la cuestión de la aristocracia obrera, uno de los grandes temas sobre el que se han generado múltiples debates y discusiones, algunos más fructíferos que otros.
Se habla mucho últimamente del auge del fascismo y de como prolifera su propaganda infectando cada vez más espacios de transmisión ideológica. Pero a menudo no quedan claras las características de esta propaganda, como se articula discursivamente y los objetivos que persigue.
El objetivo principal de la propaganda fascista es el ocultamiento de la sociedad de clases, para arrastrar al mayor número de proletarios a sus coordenadas ideológicas que, aunque en ocasiones puedan revestir tintes obreristas son, en definitiva, favorables a la burguesía.
Este tipo de propaganda busca entonces la división del proletariado, para lo cual necesita erigir un sujeto de entre las filas de la clase obrera que pueda ser objeto de la proyección de todos los males. El sujeto concreto varía en función del lugar y de la etapa histórica.
7 de noviembre de 1917. Al estallar la Gran Guerra, el zar pensó que «San Petersburgo» era un nombre demasiado alemán, y que el cambio a «Petrogrado» avivaría el nacionalismo ruso en su imperio multiétnico.
A los cazadores nenet aquello de «Petrogrado» les suena alienígena. Han sido traídos de la lejana Siberia para morir en una zanja en la Ucrania austrohúngara.
La mayoría no hablan ruso, y desde luego que odian al oficial que los usa como carnaza. Los soldados de la 18ª División de Rifles Siberianos aguantan el frente como pueden.
Amazon despedirá a 600.000 trabajadores para reemplazarlos por robots para el año 2033. Sin querer entrar en detalle en cuestiones complejas, sí querríamos decir una serie de cosas.
Las estimaciones establecen que la media de duración de un trabajador en una planta logística de Amazon en Estados Unidos ronda los 2 años. Esta cifra se desploma a los ocho meses en las profesiones no-cualificadas.
Esto tiene causas diversas, pero, en lo fundamental, podemos reducirlo a una que se desdobla en dos: (1) las condiciones de trabajo draconianas y (2) la política de la compañía. Recomendamos la lectura del artículo que enlazamos en la descripción de la imagen.
La huelga es una forma de lucha colectiva de los trabajadores, es la interrupción voluntaria del trabajo, es un instrumento de organización y conciencia de clase. Vale la pena hoy hacer un breve apunte sobre qué significa esto:
La huelga cumple un doble papel. Por un lado, permite a los trabajadores obtener mejoras inmediatas como una reducción de la jornada o un aumento salarial. Por otro, es un mecanismo organizativo para elevar la consciencia de los trabajadores y reconocerse como clase social.
La huelga revela con claridad las contradicciones inherentes del sistema capitalista. La fuerza de trabajo de los obreros es esencial para la producción: sin los trabajadores, no se fabrican bienes ni se generan servicios, el capital pierde su capacidad de producir valor.
El abordaje de la Flotilla y la posterior convocatoria de protestas y «huelgas» nos ha ofrecido a los comunistas del estado una oportunidad inmejorable para perpetrar un nuevo debate esperpéntico a rebufo de la política burguesa y del activismo.
Por un lado tenemos a los «verdaderamente consecuentes», a los que no se dejan llevar por el «moralismo» ante un genocidio – no son 65.000, sino 680.000 los palestinos asesinados desde octubre del 2023- y llaman al «derrotismo» y como alianza entre víctima y verdugo.
Por el otro, tenemos al resto del MCE que, con más o menos ambigüedad, da apoyo a la iniciativa lanzando proclamas vacías, haciendo presentismo en las convocatorias – siempre con cartel y banderas propias, faltaría más- y organizando alguna que otra charla.