Corea del Sur es conocida por sus artículos tecnológicos, sus bienes culturales y, en general, por ser un país «muy avanzado». Pero la realidad social capitalista coreana es distópica, y el país está dominado por un puñado de grandes empresas. Veámoslo.
Como con todos los hilos históricos, el tema de esta semana ha sido escogido en una encuesta en nuestro grupo de Telegram al que os invitamos a uniros. Y, como es costumbre ya, os dejamos aquí algunas lecturas para ampliar la temática del hilo.
Tras la Guerra de Corea (1950-1953), toda la península coreana quedó devastada. Las fuerzas capitalistas, con Estados Unidos a la cabeza, arrojaron 653.000 toneladas de explosivos sobre el país, un tonelaje por km2 superior al de la Segunda Guerra Mundial.
La presidencia de Syngman Rhee no dio respuesta a los problemas que aquejaban Corea del Sur. El gobierno se caracterizó por la corrupción, el nepotismo y la malversación para asegurar la victoria sempiterna de su formación política: el Partido Liberal.
Tras el claro fraude electoral de 1960, con el que se negó la victoria del Partido Progresista –partido socialdemócrata moderado–, se produjo un levantamiento popular –la Revuelta de Abril– que concluyó con la dura represión gubernamental.
Esto, a su vez, hizo colapsar el gobierno de Rhee, que fue sucedido por una república parlamentaria –y no presidencialista– débil. En mayo de 1961, con el beneplácito estadounidense, Park Chung-hee da un golpe de Estado.
La dictadura duraría 18 años –desde 1961 hasta 1979–. Este es el momento en el que arranca el proceso de modernización capitalista en Corea del Sur. Este desarrollo se caracterizará por su brutalidad y por su reminiscencia con el capitalismo bajo la Alemania nazi.
El régimen de Park estableció planes quinquenales de desarrollo nacional. Para asegurar su cumplimiento, el gobierno se hizo con el control de la banca con el que dirigió créditos baratos a un puñado de conglomerados familiares.
A cambio de los préstamos, la legislación favorable y la cesión de contratos públicos, el Estado exigía el crecimiento de la tasa de exportación para obtener divisa extranjera, priorizando la industria pesada.
Es en este momento que surgen los chaebol (재벌), que en coreano significa, literalmente, «gran riqueza». Algunos ejemplos serían Hyundai (1967), el paso de Samsung a la industria electrónica (1968), Daewoo (1968) y el auge de SK Group.
El asesinato de Park Chung-hee dio lugar a una segunda dictadura, esta vez más «laxa»: la de Chun Doo-hwan. Pero, para 1987, las crecientes tensiones llevaron a su colapso y a la restauración de la democracia burguesa. Volveremos a este evento en unos tuits.
El fin de la dictadura no supuso el fin de la influencia de los chaebol. Al contrario: la fase de desarrollo capitalista y de concentración monopolista había concluido, y los grandes capitales se sentían cómodos con el nuevo modelo democrático.
Como señalábamos en el tuit que abre el hilo, los chaebol controlan alrededor del 50% del PIB nominal del país, casi la mitad de sus exportaciones y el 10% de la mano de obra.
Su crecimiento a la desarrollista ha dotado a las grandes firmas de una gran diversidad productiva o, dicho de otro modo: una misma empresa produce diversas mercancías, a veces contando con el monopolio oficioso de un sector concreto.
Samsung, por ejemplo, controla la mayor parte de la producción de memorias DRAM. Pero Samsung también posee una filial de producción naval, Samsung Heavy Industries, es el segundo productor naval del mundo..
Como detalle ilustrativo, el Servicio Nacional de Pensiones de Corea del Sur es uno de los principales accionistas de Samsung Heavy Industries con un 7% de las participaciones en la empresa.
La legislación sigue favoreciendo a los chaebol, la capacidad de presión política que ejercen mediante la financiación y los lobbies les ha garantizado una paz social sin parangón en un país constantemente tensionado por la explotación más cruda.
Se habla a menudo de la caída en picado de la tasa de natalidad, que crece de forma inversamente proporcional a la de suicidios. Son conocidos también los exámenes de entrada a los chaebol, los «gosi», tanto o más importantes que los exámenes oficiales.
De lo que no se acostumbra a hablar es del movimiento obrero surcoreano, como tampoco de su papel en la historia del país. Cierto es que la represión, el control estatal y la híper-vigilancia pasiva a la que está sometida la ciudadanía surcoreana
dificultan enormemente su desarrollo. La influencia de Corea del Norte y la contraposición ideológica contra ella tiene también un papel importantísimo en el adormecimiento de la clase trabajadora surcoreana.
La caída de la dictadura en 1987 sería inexplicable sin las huelgas verdaderamente masivas que fueron coordinadas desde el Congreso Nacional de Sindicatos, red clandestina sindical de corte marxista.
Los millones de obreros que inundaron las calles y fueron liquidados por los escuadrones de limpieza policiales encumbraron un régimen burgués que siguió explotándolos en condiciones similares, si bien más refinadas.
Como ha ocurrido en todo el globo, el movimiento obrero surcoreano, repleto de vitalidad a pesar de la represión durante la dictadura, ha acabado plegándose al reformismo, institucionalizándose y quedando relegado a la marginalidad política.
A pesar de su estado catatónico, de vez en cuando el obrero coreano da muestras de vida, tal y como ocurrió con la huelga de Hyundai de 1997 o con POSCO en 2006. Donde existe la explotación capitalista, existe el proletariado. Y en Corea los niveles de explotación son mayúsculos.
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El 23 de febrero es la fecha escogida para conmemorar el nacimiento del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos. Aunque, como veremos, la fecha es arbitraria, creemos que es una magnífica oportunidad para hablar sobre su creación.
Como siempre, dejamos algunas recomendaciones bibliográficas sobre la cuestión. Hoy nos centraremos en los aspectos técnicos y tácticos de la creación del Ejército Rojo. Esto significa que no abordaremos debates ideológicos que remiten al carácter general de la revolución armada.
Con esto nos referimos a la dicotomía entre la milicia popular y el ejército profesional. Sobre esto diremos que, como marxistas, sabemos que el criterio de la verdad es la práctica y, como veremos, los bolcheviques se vieron obligados a crear un ejército profesional permanente.
Lejos de lo que se suele pensar, las décadas de 1960 y 1970 fueron una época convulsa en Japón, un periodo marcado por la conflictividad obrera, los disturbios y las grandes huelgas. Veámoslo.
La temática de este hilo, como la de todos los hilos históricos, ha sido escogida en nuestro grupo de Telegram. Como es costumbre ya, os recomendamos las siguientes lecturas para ampliar lo que trataremos aquí.
Hasta 1869, Japón había sido un país feudal. No hablamos aquí de remanentes feudales, sino de feudalismo pleno y en su sentido más explícito. Japón se aisló del resto del mundo durante 300 años, limitando enormemente la entrada de mercancías e influencia extranjera en el país.
Esta es la enésima vez que la izquierda burguesa se «reinventa». Solo que, ahora, esta reinvención pasa por escorar a la derecha en absolutamente todas las problemáticas sociales reales o inventadas que están de moda; empezando por el caso del burka.
Huelga decir que nosotros somos comunistas y que por ello no solo aspiramos a la erradicación más rápida posible del burka, sino también del velo, del islam y de absolutamente todas las religiones. Quede esto por delante.
A partir de aquí ocurren una serie de cosas. La primera, tal vez la más evidente, es que el tema del «burka» es, en realidad, un tema de machismo y/o de religión. Estas dos cuestiones están vinculadas, a su vez, con una distribución sexual del trabajo firme motivada
Lo de la Batalla de Krasni Bor es una de las mayores falsedades propagandísticas jamás creadas por el fascismo español, una que sería alimentada durante la Guerra Fría con la connivencia de las potencias occidentales. Veamos el porqué.
Lo primero que hemos de entender es que la «Batalla de Krasni Bor» no fue más que una escaramuza que se inscribe en la Operación Estrella Polar, una ofensiva soviética destinada a romper con el cerco de Leningrado.
La 250ª División de Infantería de la Wehrmacht, es decir, la División Azul, estaba contribuyendo activamente a matar de hambre y frío a 3,2 millones de personas, 400.000 de las cuales eran niños. A lo largo del asedio morirían 1 millón de personas.
La guerra afgano-soviética, que empezó oficialmente el 25 de diciembre de 1979, es bien conocida. Sin embargo, no fue la primera vez que la Unión Soviética intervino militarmente en Afganistán.
Hoy trataremos brevemente la primera intervención soviética en el país: la de 1928-1929. Os recordamos que el tema del hilo ha sido escogido en nuestro grupo de Telegram, en el que os recomendamos seguirnos y, como siempre, os recomendamos también algunas lecturas sobre el tema:
La intervención soviética en Afganistán de 1929 requiere contexto, pues está íntimamente vinculada con la llegada del poder soviético en Asia Central. La región de Asia Central, como el Cáucaso, fue conquistada por el Imperio Ruso a lo largo del s. XIX.
El imperialismo en Vietnam |🇻🇳
Vietnam, como el resto de la península de Indochina, estuvo sometida al yugo colonial francés entre 1887 y 1954. El dominio francés sobre el territorio fue especialmente sangrante, siendo que se basó principalmente en la extracción de materia prima.
Antes de entrar en materia, la temática de este hilo fue escogida entre otras mediante encuesta por nuestros suscriptores del canal de Telegram. Para participar en futuras encuestas os animamos a seguirnos también en nuestro canal de Telegram, enlace en la bio.
En Vietnam la compañía Michelin, por ejemplo, regentaba y gobernaba las plantaciones de caucho, en las que los trabajos forzados, la disentería y la malaria estaban a la orden del día. La esperanza de vida en uno de estos campos de trabajo rara vez superaba los cinco años.