Nos adentramos en el tercer día de la agresión de USA e Israel contra Irán, un conflicto que no solo no parece que se vaya a acabar pronto, sino que, llegados a este punto, creemos que solo puede encontrar su resolución –sea cual sea– con una invasión terrestre.
Recapitulemos los puntos más importantes. Como respuesta al ataque, Irán ha cerrado el Estrecho de Ormuz, por el que circula el 30% del crudo mundial –y el 40% del que consume China– y el 20% del gas licuado. En el momento en el que redactamos este hilo,
las 10:00 de la mañana, el precio del barril de crudo en Europa –índice Brent– se ha enfilado a los 79 dólares, y es previsible que siga escalando hasta los 100 dólares a lo largo de los próximos días. La principal afección de la subida del precio del petróleo se notará
en el encarecimiento de todos los productos a razón del incremento del precio de transporte, pero una escalada económica al estilo de la crisis de 1973 es profundamente inviable. En añadidura, los Estados Unidos tienen una gran autonomía en relación al petróleo:
lleva varios años siendo el principal productor mundial, y sus importaciones proceden mayoritariamente de México y Canadá. De hecho, esta autonomía es la que ha dado cierta libertad a su burguesía para realizar las maniobras que está realizando en Oriente Medio.
Queríamos empezar despejando la cuestión del petróleo porque los intereses privados de las clases dominantes se suelen entender como intereses económicos en su sentido más estrecho, y este no es el caso. Como decíamos el otro día, este movimiento podría corresponderse
con un intento –estúpido– de evitar una escalada bélica mediante la supresión de los elementos opuestos a los Estados Unidos y el aislamiento de sus dos principales competidores –Rusia y China–. Pero, a nivel más concreto, en los últimos años, el gobierno estadounidense
se ha retirado de Oriente Medio de forma progresiva a la par que ha empoderado a Israel, su títere en la zona. Irán es el último gran obstáculo para lograr su hegemonía regional. Ahora, hemos de tener en cuenta una gran cantidad de factores cuando consideramos de qué
modo se intenta hacer efectiva esta hegemonía por la vía militar, aunque los dos más importantes son tanto la mentalidad colonial estadounidense como la demografía israelí.
Sobre Israel, sabemos que, al tratarse de un país plenamente occidental, el coste político de los muertos es elevadísimo. La mayoría de protestas en Israel, de hecho, no son contra la guerra, sino contra la «ineficacia» del gobierno para exterminar palestinos sin sufrir bajas.
Israel, además, está en una clara crisis demográfica –como la mayoría de los países del mundo, por cierto–: las mujeres laicas tienen alrededor de dos hijos –y decreciendo–, las sionistas practicantes –minoritarias– entre 3 y 4, y las familias ultraortodoxas haredíes entre 6 y 7.
Los haredíes no suelen participar en el Ejército de Israel, cosa que agrava las diferencias numéricas entre las IDF y el resto de actores militares de la región. A esta dinámica demográfica y al elevadísimo coste logístico de un despliegue militar en ultramar a gran escala,
mucho más caro proporcional y absolutamente que la Operación Tormenta del Desierto –697.000 soldados estadounidenses– hay que sumarle la bancarrota doctrinal estadounidense, que se basa en la superioridad tecnológica aplastante y la idea del combate asimétrico.
La única adaptación relevante estadounidense es la incorporación de una copia de los drones Shahed iraníes, pero el desgaste material estadounidense se está haciendo notar, por ejemplo, en su incapacidad para defender las monarquías arábicas.
Traducido al común, en 2026, significa información completa del campo de batalla, bombardeos por saturación del espacio aéreo, despliegues quirúrgicos de fuerzas especiales y, en caso que sea posible, uso extensivo de la disidencia interna como apoyo a los dos ejes anteriores.
Pero ningún régimen con una base sólida cae por la fuerza de los bombardeos. La teocracia de los ayatolá está en la cuerda floja, desde luego, pero las revueltas de enero fueron aplastadas sin mayores problemas, y buena parte de los agentes de inteligencia occidentales,
particularmente los del Mossad, fueron descubiertos y ejecutados. La baza de la revuelta masiva en mitad de los bombardeos es inviable tanto por la desarticulación de la última como por otras dos razones igualmente importantes:
la primera, el factor de unidad nacional frente al ataque extranjero y el desplazamiento del factor religioso a un segundo plano, algo que el gobierno iraní no solo tolera, sino que empieza a promover. El segundo, el odio del pueblo iraní al shah de Persia, que queda claro
que tanto USA como Israel intentan poner a la cabeza del país. P. ej., parte de los bombardeos, como señala aquí @uprazhneniye, están dirigidos a la oposición del gobierno de los ayatolá.
Esto es una repetición clara de los errores que Rusia cometió al invadir Ucrania, tanto en su interpretación de ser una guerra fácil de ganar como en su desaprovechamiento de un movimiento social latente opuesto al gobierno de Kiev. E.E.U.U. e Israel usaron la revuelta de enero
para ganar tiempo y preparar su ofensiva aérea. A su vez, subestimaron la resiliencia de los dos ejércitos de Irán –el regular y la Guardia Revolucionaria–, que está golpeando con fuerza objetivos estratégicos de alto valor –también en sentido monetario–.
El "martirio" del ayatolá Khamenei, que se dejó matar rezando en el patio de su palacio después de haber nombrado cuatro sucesores a todos los cargos de relevancia, tampoco ayuda a la campaña estadounidense. La suma de todos estos factores nos lleva a pensar que la
campaña de bombardeos puede prolongarse, pero en ningún caso supondrá la claudicación de Irán, puesto que el régimen no solo se ve con fuerza para seguirla, sino que también sabe que su capitulación a las exigencias estadounidenses supondría su inmediata desaparición.
Este «pequeño» error de cálculo de los Estados Unidos e Israel deja solo dos salidas: o la retirada –que tendría un coste político elevadísimo para el gobierno de Trump y Netanyahu– o la invasión terrestre limitada con la esperanza de producir, ahora sí, una revuelta en el país.
Pero Irán, con sus cerca de 92 millones de habitantes, su complejísima orografía y sus eficientes fuerzas armadas –se habla de «varios» aviones derribados, entre ellos un B-2 Spirit (aunque esto último es dudoso)–, promete convertirse en un nuevo Vietnam.
Corea del Sur es conocida por sus artículos tecnológicos, sus bienes culturales y, en general, por ser un país «muy avanzado». Pero la realidad social capitalista coreana es distópica, y el país está dominado por un puñado de grandes empresas. Veámoslo.
Como con todos los hilos históricos, el tema de esta semana ha sido escogido en una encuesta en nuestro grupo de Telegram al que os invitamos a uniros. Y, como es costumbre ya, os dejamos aquí algunas lecturas para ampliar la temática del hilo.
Tras la Guerra de Corea (1950-1953), toda la península coreana quedó devastada. Las fuerzas capitalistas, con Estados Unidos a la cabeza, arrojaron 653.000 toneladas de explosivos sobre el país, un tonelaje por km2 superior al de la Segunda Guerra Mundial.
El 23 de febrero es la fecha escogida para conmemorar el nacimiento del Ejército Rojo de Obreros y Campesinos. Aunque, como veremos, la fecha es arbitraria, creemos que es una magnífica oportunidad para hablar sobre su creación.
Como siempre, dejamos algunas recomendaciones bibliográficas sobre la cuestión. Hoy nos centraremos en los aspectos técnicos y tácticos de la creación del Ejército Rojo. Esto significa que no abordaremos debates ideológicos que remiten al carácter general de la revolución armada.
Con esto nos referimos a la dicotomía entre la milicia popular y el ejército profesional. Sobre esto diremos que, como marxistas, sabemos que el criterio de la verdad es la práctica y, como veremos, los bolcheviques se vieron obligados a crear un ejército profesional permanente.
Lejos de lo que se suele pensar, las décadas de 1960 y 1970 fueron una época convulsa en Japón, un periodo marcado por la conflictividad obrera, los disturbios y las grandes huelgas. Veámoslo.
La temática de este hilo, como la de todos los hilos históricos, ha sido escogida en nuestro grupo de Telegram. Como es costumbre ya, os recomendamos las siguientes lecturas para ampliar lo que trataremos aquí.
Hasta 1869, Japón había sido un país feudal. No hablamos aquí de remanentes feudales, sino de feudalismo pleno y en su sentido más explícito. Japón se aisló del resto del mundo durante 300 años, limitando enormemente la entrada de mercancías e influencia extranjera en el país.
Esta es la enésima vez que la izquierda burguesa se «reinventa». Solo que, ahora, esta reinvención pasa por escorar a la derecha en absolutamente todas las problemáticas sociales reales o inventadas que están de moda; empezando por el caso del burka.
Huelga decir que nosotros somos comunistas y que por ello no solo aspiramos a la erradicación más rápida posible del burka, sino también del velo, del islam y de absolutamente todas las religiones. Quede esto por delante.
A partir de aquí ocurren una serie de cosas. La primera, tal vez la más evidente, es que el tema del «burka» es, en realidad, un tema de machismo y/o de religión. Estas dos cuestiones están vinculadas, a su vez, con una distribución sexual del trabajo firme motivada
Lo de la Batalla de Krasni Bor es una de las mayores falsedades propagandísticas jamás creadas por el fascismo español, una que sería alimentada durante la Guerra Fría con la connivencia de las potencias occidentales. Veamos el porqué.
Lo primero que hemos de entender es que la «Batalla de Krasni Bor» no fue más que una escaramuza que se inscribe en la Operación Estrella Polar, una ofensiva soviética destinada a romper con el cerco de Leningrado.
La 250ª División de Infantería de la Wehrmacht, es decir, la División Azul, estaba contribuyendo activamente a matar de hambre y frío a 3,2 millones de personas, 400.000 de las cuales eran niños. A lo largo del asedio morirían 1 millón de personas.
La guerra afgano-soviética, que empezó oficialmente el 25 de diciembre de 1979, es bien conocida. Sin embargo, no fue la primera vez que la Unión Soviética intervino militarmente en Afganistán.
Hoy trataremos brevemente la primera intervención soviética en el país: la de 1928-1929. Os recordamos que el tema del hilo ha sido escogido en nuestro grupo de Telegram, en el que os recomendamos seguirnos y, como siempre, os recomendamos también algunas lecturas sobre el tema:
La intervención soviética en Afganistán de 1929 requiere contexto, pues está íntimamente vinculada con la llegada del poder soviético en Asia Central. La región de Asia Central, como el Cáucaso, fue conquistada por el Imperio Ruso a lo largo del s. XIX.