Cuando necesitas un despacho de crisis para explicar los XV de tu hija, el problema no es la fiesta: es todo lo que la rodea.
Juan Carlos Guerrero Rojas ya salió con su “nota aclaratoria” y, en vez de apagar el incendio, lo confirmó.
Porque si eres contratista de Pemex, vives en Tabasco y le haces a tu hija Mafer una fiesta con Belinda, J Balvin, Matute y Galilea Montijo, no puedes luego fingir sorpresa porque la gente pregunte de dónde sale tanto dinero y qué relaciones te sostienen.
Su defensa da para colección:
— que todo fue “distorsionado y desproporcionado”
— que no tiene padrinos políticos
— que no tiene relación con Adán Augusto
— que estuvo enfermo y quiso celebrar la vida
— que regala juguetes en Día de Reyes
— que trabaja con Pemex desde 2010
— que ya fue auditado y no le encontraron nada
O sea: no explicó el fiestón, nos presentó su currículum emocional.
Aquí nadie critica que un padre quiera celebrar a su hija.
Lo que se critica es el tamaño del derroche, el contexto, el poder alrededor y el insulto a la inteligencia de querer venderlo como si fuera una historia de superación personal.
Porque cuando el escándalo estalla, siempre salen con el mismo libreto:
caridad, esfuerzo, enfermedad, trabajo, auditorías y persecución mediática.
Pero el fondo sigue intacto:
lujo obsceno, opacidad total y el olor de siempre alrededor del dinero grande en este país.
Y encima quieren que la gente aplauda porque reparte juguetes.
No señor.
Una bolsa de Reyes no lava un reventón de élite ni borra las preguntas incómodas.
La nota no aclara.
Administra daños.
Y bastante mal.
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