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Pedro Torrijos @Pedro_Torrijos
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ESTÁIS LISTOS, CHICOS??!!
-Coño! Con lo tranquilos que habíamos estado estos dos años y medio...en fin.

Pues me parece muy bien todo esto que me contáis porque ♪ ♫ #LaBrasaTorrijos ya llegóooo ♪ ♫
En #LaBrasaTorrijos de hoy, la historia del Citicorp Center, el rascacielos de Nueva York que estuvo a punto de ser derribado por el viento por culpa de un error de cálculo estructural.
En la calle 53, entre Lexington y la 3ª Avenida se levanta el edificio de Citigroup. Es un rascacielos de silueta bastante peculiar por su curiosa cubierta inclinada.
Pero el Citigroup es incluso más peculiar por su estructura. El contacto entre el edificio y el suelo se realiza con cuatro enormes soportes situados en el centro de cada cara del prisma, en lugar de las esquinas, que sería lo más habitual.
Y por qué la estructura es así? Algún tipo de decisión, ejem, artística del arquitecto? Pues no, los soportes se colocaron ahí porque el edificio tenía que "saltar" sobre la Iglesia Luterana de San Pedro (el edificio dentro del círculo rojo).
La historia es muy interesante porque, donde está la actual iglesia antes había otra iglesia. Cuando a principios de los 70, Citigroup quiso comprar el solar, la congregación les vendió el terreno (y los derechos aéreos por encima de su iglesia).
Es decir, les vendía el terreno de al lado y la posibilidad de construir POR ENCIMA de la iglesia pero no dónde estaba la iglesia.
Lo que pasa es que para poder hacer la cimentación de un rascacielos de 59 plantas, el follón era monumental. Así que la congregación de San Pedro les vendió todo a cambio de que construyeran una nueva iglesia EXACTAMENTE en el mismo sitio donde estaba la antigua.
Tanto el rascacielos como la nueva iglesia fueron obra del arquitecto Hugh Stubbins. Aquí se ve como la iglesia se mete literalmente debajo de una de las esquinas del Citigroup Center.
Claro, colocar un edificio de 200 metros sobrevolando por las equinas suponía un reto estructural de tres pares de cojones para el arquitecto. Lo bueno es que en USA, los arquitectos pasan de calcular las estructuras.
Así que Citigroup (entonces se llamaba Citicorp, nombre de corporación malvada de película de ci-fi distópica) le encargó la estructuras a uno de los ingenieros más reputados del país: William J. LeMessurier. Este señor.
Quizá algunos ya lo sabéis pero el problema de la estructura de un rascacielos no es el peso del edificio sino el empuje horizontal de viento.
Es decir, a partir de una cierta esbeltez (proporción entre altura y base), un edificio se calcula para resistir el viento, no para aguantar su propio peso. De hecho, ese peso ayuda a resistir el viento.
El problema del Citicorp Center era que había que trasladar los esfuerzos del viento a los cuatro únicos soportes del edificio, sabiendo además que esos soportes no estaban en el lugar más adecuado que sería la esquina, sino en el centro de cada cara del rascacielos.
LeMessurier cuenta que, tras dar muchas vueltas al problema, encontró la solución para el Citicorp cuando cenaba en un restaurante griego de Manhattan. Y allí dibujó el primer croquis. Algo así:
Como se ve, la solución se basa en una pantalla de estructura de acero con diagonales que van llevando la carga horizontal hasta el soporte central, que a su vez, la lleva hasta el suelo.
Pero había otro problema, la estructura de acero era tan ligera que el edificio, aunque resistiese, se balancearía como un junco ante presiones fuertes de viento. Así que LeMessurier colocó en el centro del edificio una cosa como estas, llamada "mass damper".
El mass damper, cuya traducción sería "amortiguador de masas" es un artilugio que añade peso al edificio y compensa de forma automática los empujes horizontales.
Con todo la estructura resuelta, el Citicorp Center se inauguró al público con gran boato en junio de 1977. LeMessurier lo consideraba su mejor obra. Y seguramente lo era.
(Ahora una breve pausa antes de llegar al drama. CHANCHÁAAaaaaaAAAAAnNN)
En junio de 1978, justo un años después de la inauguración del edificio. Una estudiante de ingeniería civil de Princeton llamó al estudio de LeMessurier. Estaba haciendo la tesis sobre el Citicorp y tenía algunas dudas al respecto de la estructura.
La estudiante se llamaba (y se llama) Diane Hartley, aunque su nombre no se supo hasta mucho tiempo después. LeMessurier no estaba en la oficina así que habló con el ingeniero senior Joel Weinstein.
La conversación de convirtió en una discusión telefónica, porque Hartley aseguraba que, según sus cálculos, la estructura se había calculado para un empuje de viento que viniese perpendicular a las caras, algo habitual en rascacielos.
El problema es que los soportes del Citicorp no estaban en las esquinas sino en el centro de las caras, así que se debería haber calculado la estructura para viento que viniese DESDE LAS ESQUINAS.

(Iz: cómo se calculó. Dr: cómo debería haberse hecho. Croquis cortesía del menda)
Weinstein despachó a la estudiante diciendo algo así como que "la estructura era demasiado compleja como para reducirla a esos simples cálculos". Pero el caso es que al día siguiente le contó toda la historia a LeMessurier.
LeMessurier arqueó una ceja (suponemos) y se puso a repasar sus propios cálculos.
En efecto, la estudiante tenía razón y el cálculo se había hecho según el procedimiento habitual, pero el Citicorp no tenía una estructura habitual.
La nueva hipótesis de viento desde las equinas aumentaba un 40% la cantidad de superficie afectada por el viento y, por tanto, aumentaba hasta un 160% los empujes horizontales que debería soportar el edificio.
Ese aumento era brutal y no, no estaba contemplado. Lo bueno es que los coeficientes de seguridad empleados en el cálculo permitían a la estructura resistir incluso las cargas no contempladas. LeMessurier respiraba tranquilo...
...o más bien, respiraría tranquilo si la estructura se hubiese ejecutado tal y como él dijo. Lo malo es que no se hizo así. Resulta que la constructora decidió usar roblones (tornillos) en las juntas de acero en lugar de las soldaduras que había propuesto LeMessurier.
Resulta que las uniones roblonadas NO SOPORTABAN los empujes no calculados de viento. La catástrofe se veía venir, especialmente porque llegaba el verano y, con él, las temporada de tormentas y huracanes.
En esas condiciones, y estudiando la historia de huracanes en Nueva York, cada 55 años había una tormenta capaz de derribar el Citicorp. No parece demasiado frecuente, verdad?
Claro, 55 años no es demasiado. Porque esos 55 años serían si el mass damper funcionaba. Lo malo es que el mass damper es un artefacto movido por electricidad. Y si la tormenta cortaba el suministro eléctrico, entonces estaban jodidos de verdad.
Ante una tormenta que inutilizase el mass damper, el rascacielos de Citicorp, un edificio de 59 plantas y más de 200 metros podría caerse con vientos de apenas 110km/h. Algo que pasaba cada 16 años.
Es decir, que cada año que el Citicorp estuviese en pie, había UNA OPORTUNIDAD ENTRE DIECISEIS de provocar una tragedia de dimensiones incalculables.
LeMessurier se quedó con la información durante un par de días. Se refugió en una casa que tenía junto a un lago en Illinois. Si se hacía público el fiasco, su reputación estaba acabada. Si el edificio se caía...no quería ni pensar en eso. LeMessurier llegó a barajar el suicidio.
Pero no lo hizo, claro. LeMessurier le contó todo al arquitecto, Hugh Stubbins, y a Citicorp. Entre todos decidieron arreglarlo. Eso sí, sin que nadie (o casi nadie) se enterase.
Desde mediados de junio hasta finales de agosto de 1978. Batallones de soldadores se colaron cada madrugada en el Citicorp para soldar TODAS LAS JUNTAS del edificio.
Entraban a partir de las 00:00 y salían a las 06:00. Se colocaron paneles de cartón yeso para ocultar los trabajos y se obligó al personal de limpieza a no limpiar dónde estaba todo el follón.
Mientras, Citicorp había contactado con el ayuntamiento de Nueva York y se había preparado un protocolo de emergencia. Decenas de estaciones de bomberos y policía estaban preparadas para acordonar entre 7 y 12 manzanas en el caso de alguna tormenta especialmente fuerte.
A finales de agosto, el servicio meteorológico avisó de la llegada del huracán Ella.

Este de aquí:
El Ella llevaba vientos de hasta 205 km/h. Bastante más de los que soportaba el Citicorp. Y estaba enfilado hacia la costa este de los Estados Unidos.
El Ella llegaría a Nueva York el 1 de septiembre y, aunque había amainado, aún llevaba vientos de hasta 150 km/h.

William LeMessurier dice que pasó la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre rezando.
Por fortuna, el 1 de septiembre de 1978 fue un día limpio, tranquilo y soleado. El Ella giró y nunca llegó a tocar Nueva York.
A finales de septiembre se terminaron los trabajos en el refuerzo de al estructura de Citicorp y se desactivaron todos los protocolos. Con los refuerzos, el rascacielos podía aguantar vientos hasta cuatro veces superiores a los que jamás se habían dado en la ciudad.
Nadie supo nada. Todo se hizo en secreto. Nadie se lo contó a nadie...de manera oficial.
Digo de manera oficial porque la historia de la estructura era la comidilla en reuniones y fiestas de la sociedad inmobiliaria neoyorquina.
Hasta que el periodista Joe Morgernstern escuchó la historia en una de esas fiestas y la contó en el New Yorker de mayo de 1995. newyorker.com/magazine/1995/…
El artículo del New Yorker dio la vuelta al mundo y sirvió para que la BBC grabase un documental sobre el asunto.
BBC América comenzó sus emisiones en 1998. Al principio ofrecían sobre todo programas rescatados de la casa madre británica. Uno de estos programas era el de Citicorp. Lo emitieron por primera vez en USA principios de 2000.
En el documental se habla de "una estudiante llamó al despacho de LeMessurier".
Casualmente, uno de los primeros suscriptores de BBC America era Diane Hartley. ESA estudiante.
Cuando vio el documental no podía creer que su llamada hubiese desencadenado todo lo que desencadenó. Habían pasado más de 20 años y ella solo quería terminar su tesis.
En la actualidad, Hartley vive y trabaja en Washington DC como agente inmobiliario. Después de la emisión del documental, se puso en contacto con BBC y, afortunadamente, su nombre ya aparece en todos los artículos cuentan esta historia.
Porque, aunque fuese de manera accidental, Diane Hartley es la verdadera heroína del asunto. La persona que, inadvertidamente, evitó que el viento derribase el rascacielos de Citicorp.
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