Mi padre, ya lo comenté en unos tuits hace unas semanas, ha sido taxista en las cristeras tierras de Guadalajara desde hace 50 años.
Como todo buen miembro del patriarcado quiso que su hijo fuera el sucesor de su estirpe de galán y deportista.
Y pues no se dio.
El joven Chavira era un escuincle que comenzó a usar lentes a los siete años y eso marcó su vida.
Vetado del beisbol, limitado en el futbol.
No iba a ser el sucesor de las hazañas deportivas de mi padre, de eso nos dimos cuenta muy pronto.
Pero la pasión de mi padre, sobre todo por el beisbol, no impidió que mi hermana y yo recibiéramos toda la sabiduría de él, catcher titular convertido después en manager de su equipo de taxistas.
Una de esas enseñanzas se convirtió en lección de vida.
Decía mi padre que, cuando el pitcher contrario mandaba desde la lomita bola imposible de conectar, es que había encontrado su acomodo en el terreno.
Entonces había que romperle ese acomodo.
Y la única forma de mover al pitcher es rolando la bola en el infield
Y sí.
Siendo mánager, y teniendo el pitcher dominando el terreno, mi padre mandaba tocar la bola hasta al tercer o cuarto bat, y repetía la señal haciendo que el pitcher se moviera de la lomita.
Y sí, funcionaba la mayor de las veces.
Pitcher que camina, insistentemente, se desenchancha, se desacomoda, se desconcentra y comienza a tirar bola bateable.
Y a sacarlo a palos.
La lección: no le juegues al adversario en el terreno que domina, haz que se salga de su zona de confort.
Lo que me lleva a esa "oposición" que piensa que le puede hacer mella a López presentándole cara en el terreno que mejor domina el demagogo: la calle.
Lo vimos el domingo-lunes pasado.
Cierta "oposición" organiza una marcha contra López donde se pide su renuncia.
López se organiza un mitin de precampaña en el Zócalo al día siguiente.
¿Adivinen quién ganó en la narrativa?
Ahí están los números de aprobación del presidente por si quieren un referente,
Darle cara a López en la calle no le hace mella a su discurso, al contrario lo alimenta y fortalece.
Porque las consignas callejeras alimentan la narrativa ajena a los datos duros, a la realidad y a un piso parejo entre el gobierno y la oposición.
López es un maestro de la narrativa callejera.
Del gobierno ficción que se vende desde el templete en ese gran megáfono nacional llamado Zócalo.
Es amo y señor del chilangocentrismo que manda que la CDMX es espejo fiel de todo México.
¿Quiere una oposición mas efectiva contra López?
No le de cara en la calle.
Sáquelo de su zona de confort.
Y no hay, por el momento, mejor campo para encararlo que los juzgados, porque en éstos la política ficción cuenta menos.
En los juzgados son los derechos del individuo contra las obligaciones del gobierno.
Las evidencias del quejoso contra las evidencias del gobierno.
En los juzgados valen mas los datos duros que la palabra del caudillo.
No hay mañanera en que López no evidencia su desdén por la ley, los reglamentos y los procedimientos, veneno puro para la narrativa del demagogo.
Los amparos contra sus dislates son su kriptonita.
Porque en el juzgado es usted ciudadano u organización, contra el gobierno el cual está obligado a servirle.
No es usted en la calle contra miles de acarreados armados con playeras, gorras y matracas y aleccionados con prebendas.
Marchar en las calles no ha solucionado nada en este país desde hace décadas.
Es un derecho ciudadano por supuesto, pero mas allá de la catarsis tiene poca utilidad.
Pero en este sexenio, plantar cara en la calle le sirve al caudillo en boga.
Así pues, le dejo para la reflexión la lección de vida de mi padre:
Hay que bajar de la lomita al pitcher y luego sacarlo a palos.
Es momento de cambiar de terreno para encarar a López. Dejar la calle y colmar los juzgados.
Fin de las notas.
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