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Posteo cosas lindas.

Aug 22, 2019, 14 tweets

Si algo podemos aprender de lo que sucede hoy en Venezuela, como espejo de regímenes autoritarios del pasado, es que más allá de los posicionamientos políticos de otros países la ayuda real para terminar con la masacre llega siempre tarde, o no llega.

Hay hoy gente muriendo miserablemente en manos de grupos clandestinos y de facciones del gobierno de Maduro Hay hambre, hay persecución política e ideólogica. Cada segundo cuenta para ellos. Y están solos.

Pasó igual en el Holocausto, en los gulags, en Vietnam. Siempre están solos.
Siempre la ayuda llega tarde.

Conociendo la historia, es importante reconocer y mitigar los procesos que terminan generando conductas autoritarias. Una vez que llegamos a ese estado, no hay salida sin tragedia.
Argentina transitó este camino, pero no parece haber aprendido mucho.

Muchas señales indican que vamos camino a un gobierno autoritario, donde la primera amenazada, entre otras, es la justicia. Nada más importante para una democracia que un proceso judicial en donde los acusados tengan la oportunidad de probar su inocencia.

Sin embargo hoy ninguno de los procesos iniciados con pruebas de delito reales tiene garantizada su finalización. Quién en su sano juicio elige vivir en un país que no puede impartir justicia sobre hechos criminales?

¿Quién elige vivir en un país cuyos dirigentes, acusados de hechos de corrupción, vuelven a ser elegidos para cumplir la misma función que los llevó a ser acusados en primer lugar? ¿Acaso hay ciudadanos por encima de la ley y no lo sabemos?

¿Qué queda de nuestra ya de por sí débil democracia si existen personas con impunidad garantizada para regir los destinos del país? ¿Cómo no es ese un camino libre para ejercer conductas autoritarias?

No me equivoco si digo que parte de la angustia de aquellos que no votaron a Fernández se centran en que sus dichos, sus acciones del pasado, las acciones del pasado de su vicepresidenta y de todo su equipo político muestran que su causa política es más importante que la ley.

Sus declaraciones con respecto a Venezuela, su voluntad de revisar procesos judiciales, su doble moral de acompañar procesos políticos que hasta hace poco consideraba inaceptables... qué valor puede tener la palabra de una persona así?

No es exagerado decir que con una victoria de Fernández quedamos en manos de la discrecionalidad de los dirigentes que ponga a cargo y de la voluntad política del proyecto que regirá sus decisiones. Ninguna institución democrática parece garantizada.

¿Quién será responsable de poner límites a la arbitrariedad y los excesos? ¿Quién garantizará que el estado no arremeta contra individuos o instituciones, si cuándo lo hizo sus responsables no pudieron ser juzgados?

No estoy pidiendo el voto de nadie. Estoy pensando en voz alta hasta que punto nos podemos hacer los boludos sabiendo que estamos dejando las puertas abiertas a una tragedia.

Y creo que soy muy claro en esto: no digo que esa tragedia vaya a suceder. Digo que estamos dejando las puertas muy abiertas para que suceda.

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