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Editor de 'Disidencia'. Desde los confines del consenso. Podcast, video, ensayo, columna, plumas invitadas. Suscríbete aquí: https://t.co/Cfs6b0RDo2

Aug 27, 2019, 16 tweets

Otro hilito sobre “echaleganismo”.

Primero, advirtamos sus principales falacias:

1.Echarle ganas es suficiente para salir de la pobreza.
2.El éxito es enteramente atribuible a haberle echado ganas.
3.La pobreza es siempre causa de no haberle echado ganas.

Todas son mentiras y las promueven unos –generalmente los demagogos de derecha– para dramatizar y moralizar las virtudes del statu quo, y otros –generalmente los demagogos de izquierda– para hacer un hombre de paja del echaleganismo y desacreditarlo.

Los primeros, porque si todo es responsabilidad del individuo y no del Estado o sistema, los hombres de poder no son culpables de nada; y los segundos, para menospreciar la importancia de echarle ganas, pues amenaza sus aspiraciones como ogros filantrópicos.

Las élites de uno y otro lado juegan a conveniencia: unas para erigirse como modelos justos de éxito y virtud, y por consecuencia inamovibles, y las otras para volverse paternalistas e indispensables. Ambas, para mantener privilegios que limitan las oportunidades de los de abajo.

Pero el echaleganismo es más complejo. A mí me gusta entenderlo como parte de una serie de valores burgueses que apuntalaron la modernidad: inventiva, emprendimiento, riesgo, individualismo, competencia, libertad y riqueza.

Echarle ganas es un valor –una metáfora– dentro de la narrativa de la democracia liberal capitalista, el sistema más exitoso que ha visto la humanidad. Y la ecuación no se entiende sin él.

Ahora bien, está claro que echarle ganas no es suficiente, que se necesitan OPORTUNIDADES. Y que la fórmula correcta es una combinación de ambas. En palabras del maestro @equidistar: “No hay progreso sin esfuerzo ni esfuerzo que valga sin oportunidad para ejercerlo.”

Sin embargo, la clave es que primero florecieron estos valores (siglo XVIII), y DESPUÉS apareció el Estado de bienestar y las instituciones que garantizan la igualdad de oportunidades (siglo XX). La diferencia es de 200 años.

Como dirían Deirdre McCloskey, Fukuyama y Jonah Goldberg, primero fueron las ideas, las metáforas y las narrativas, y después la creación de instituciones para materializarlas.

(Esto es así porque las instituciones son creadas por el hombre y están hechas de ideas y reglas).

Esto no quiere decir que el orden de prioridades acaso no haya cambiado, o que en el siglo XXI no pueda haber atajos. Pero sí que los valores modernos –echarle ganas, uno de ellos– son fundamentales, i.e. fundamentos.

Las sociedades que lo han intentado al revés –es decir, donde el Estado forma las ideas igualitarias–, han sido autoritarias o colectivistas o una combinación. Y si lo logran, es a costa de la libertad.

México ha insistido en ese camino la mayor parte de su historia, sobre todo a través del colectivismo. Es decir, incorporando a los grandes sectores sociales a las arcas del Estado. Aun el neoliberalismo fue un complejo entramado de compadrazgos y grupos rentistas.

El resultado es un sistema de extracción de rentas, clientelismo, limosneo y vividores –en todas las clases sociales– en lugar de uno de creación de riqueza en libertad. Y, como pueden ver, pues no funciona.

Por eso creo que se justifica promover el echaleganismo –en su acepción completa– a la par de crear instituciones que igualen oportunidades. (Acaso este fue el gran fracaso del neoliberalismo a la mexicana).

Y eso implica rechazar lo opuesto: recetas milagrosas, colectivismos y demagogia.

En resumen: echaleganismo + oportunidades, pues no sólo no están peleados sino se complementan.

Por supuesto, sobra decir que López es lo opuesto a ambos. A mi juicio, el peor de los escenarios.

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