El ciudadano moderno no sólo no sabe la verdad, sino que no siente ni el menor interés por ella; no sólo no sabe, sino que no quiere saber de ninguna de las maneras.
Él ha sido programado para identificar la conciencia al dolor, la verdad al miedo, la realidad al trauma.
Quiere permanecer en ese estadio de ignorancia a través de cualquier cosa que pueda ejercer de analgésico, de anestésico, de medio que le evada de un dolor que ha atenazado su cuerpo en una inconsciencia indigna, infrahumana, infame, pero también, muy cómoda.
¿Quién necesita la verdad? Al menos, el hombre moderno no la necesita; al contrario, él la teme, la repugna, la considera indeseable.
Este estado inconsciente resulta muy útil para que la fuerza infrahumana siga con su salvaje intervención quirúrgica. Con el hombre moderno “anestesiado”, se puede trabajar mejor para continuar la tarea de hacer del hombre otra cosa, otro ser, un “nuevo hombre”.
Antes de dar nacimiento a esa criatura diseñada específicamente para los intereses del #NOM #NWO, se está haciendo un trabajo de programación integral llevado a cabo a todos los niveles del individuo.
Y la #Plandemia es un eslabón más de esa programación.
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