En 1875 Santiago Rebull pintó, a solicitud del historiador, arqueólogo y político Alfredo Chavero, una de sus mejores obras: La muerte de Marat, “la máxima atracción” de la XVII exposición de la Escuela Nacional de Bellas Artes, elogiada por el poeta cubano José Martí, (1/5)
entonces exiliado en México.
A diferencia del célebre cuadro en el que Jacques-Louis David pintara exánime a su amigo Marat en 1793, Rebull representó el momento inmediato a la embestida de Charlotte Corday. El cuerpo de la víctima se estremece aún antes de expirar (2/5)
en la tina de baño, mientras el cuchillo ensangrentado cae a los pies de la “tiranicida”. La posición de los protagonistas, el desorden de la habitación, la abundancia de rojos y la irrupción de las mujeres al fondo se suman al cuadro de violencia con un virtuosismo (3/5)
de factura.
Para los liberales de la Reforma, los episodios y personajes de la Revolución francesa fueron un compendio de inspiración. Los conocían y evocaban a tal punto que llegaron a darse entre ellos los sobrenombres de sus protagonistas: (4/5)
Danton, Robespierre o Saint-Just. Es muy probable que el encargo de Chavero haya tenido una intención política implícita.
Angélica Velázquez Guadarrama
(5/5)
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