Hoy toca el hilo prometido a @CATOLICOSxtuWEB sobre el libro de Daniel que es el que toca este mes dentro del #Añobiblico
Vamos allá
La historia de Daniel empieza de una forma idílica. Pareciera que su vida era perfecta.
El profeta pertenecía a la joven aristocracia de Judea. Su linaje era el linaje de David.
Por este motivo recibió una buena educación y una forma de vida privilegiada.
Pero esa vida llena de beneficios y con un futuro amable por delante se ve truncada de súbito por la invasión de Nabucadosor.
Entre sus numerosos trofeos, el rey de Babilonia se "apodera" de las mentes brillantes de la nobleza de Judea.
"Entonces el rey mandó a Aspenaz, jefe de sus oficiales, que trajera de los Israelitas a algunos de la familia real y de los nobles. Estos jóvenes no debían tener defecto alguno, serían de buen parecer, inteligentes en toda rama del saber, dotados de entendimiento
y habilidad para discernir y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey; y le dio órdenes de que les enseñara la escritura y la lengua de los Caldeos» (Dn 1:3-4).
La palabra «jóvenes» está traducida de la hebrea: yeladim, que significa «niños.»
Así que debieron ser capturados cuando aún eran muy jóvenes, quizás antes de la adolescencia.
Daniel fue uno de ellos ¿Qué dolor experimentaría?
Le arrancaron de su familia, de su hogar, de su nación, cultura y valores.
A partir de ese momento fueron controlados por extraños
sin saber que harían con sus vidas e inmersos en una cultura e idioma extraño.
Daniel pudo tener muchas heridas que dañará su identidad. Le estaban desarraigando de todo su ambiente, de lo que era importante para él y de sus expectativas de futuro.
Incluso a él y sus compañeros de exilio les cambiaron sus nombres y les impusieron nombres babilónicos.
Pero Daniel no sufrió ninguna crisis de identidad pese a todo.
El recordaba de donde venía, no tanto el pueblo de Judea, sino que su origen estaba en Dios, su Creador y Señor
Daniel estaba en una edad difícil para que le "robaran" todos los referentes, era un adolescente en un mundo pagano y opresor.
Sin embargo tenía una asombrosa libertad interior.
Ya desde el primer capítulo se muestra la firme voluntad de no dejarse llevar por las costumbres
de los Caldeos que podrían apartarlo de su fe. Dice el versículo 8 que " Se propuso Daniel en su corazón...". Esto es, tomo una decisión consciente (pese a los riesgos que conllevaba) de ser fiel a sus convicciones y no "contaminarse" con alimentos impuros.
No es algo a lo que no tengan que enfrentarse los adolescentes hoy en día. El mensaje de que lo deben "probar" todo para ser libres es cada vez más asfixiante.
La verdadera libertad se encuentra en no ser obligado a tomar lo que es dañino.
Pero el oficial duda. Porque no es libre. A él le han dicho que tiene que darles eso de comer a los jóvenes y teme represalias.
No tiene libertad de decisión, por eso Daniel le aporta lo que necesita: otro punto de vista.
Porque él no actúa de mala fe, realmente piensa que lo que les da de comer es lo mejor: " si llega (el rey) a ver vuestros rostros más macilentos que los de los jóvenes de vuestra edad, expondríais mi cabeza ." (Dn 1, 10)
No se ha planteado que esa no sea la mejor opción.
Daniel es perfectamente libre, sabe que le va a hacer daño comer lo que come el rey porque ha visto los efectos que produce en otros.
Por eso su único argumento ante el oficial es ese: "abre los ojos y fíjate".
No intenta convencer al otro, ni imponer su visión de las cosas.
También acepta la libertad interior del oficial y no lo trata como un ignorante o inferior. Quiere que este forme su propio criterio.
Que observe los efectos de tomar una decisión u otra.
El oficial reconoce la libertad de Daniel y eso le hace buscar la suya propia.
Al descubrir por si mismo la verdad, tiene los datos suficientes para tomar la decisión correcta.
Sorprende mucho la madurez de Daniel pese a su corta edad para confrontarse a situaciones aparentemente inflexibles.
Existe la tentación de pensar que las cosas no se pueden
cambiar si no es con una oposición de alguna forma "violenta" y también la tentación de ver a todos los que piensan distinto como "enemigos", cuando la verdad es que no todos han tenido la oportunidad de experimentar por sí mismos esa libertad que Dios da y
que nos refuerza nuestra autoestima y nuestra dignidad.
Daniel envejeció en el exilio pero supo mantener su identidad e incluso transmitir sus valores y sus creencias. Su fe no fue ningún impedimento, sino al contrario, el vehículo para transformar las vidas de los que
trataron con él, incluído el rey.
Sobre los jóvenes suele recaer cierto pesimismo, y un juicio de valor que no es en absoluto justo.
Se generaliza pensando que son manipulables y débiles de carácter, rebeldes a la instrucción y a los consejos.
Y es cierto que la adolescencia
tiene mucho de rebeldía, pero ¿Acaso Daniel no fué rebelde?
Hay una rebeldía buena frente al conformismo si esta está guiada por la fe y el amor a Dios.
Y es necesario que los adolescentes la hagan suya, porque es parte de su identidad y a lo que todos estamos llamados.
No importa lo difícil que parezca cambiar las cosas, ni las limitaciones que nos pongan.
Tenemos la gloriosa libertad de los hijos de Dios, mostrémosla al mundo.
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