Matías Rajnerman Profile picture
Economista. Antes economista jefe de Ecolatina. Ahora Jefe de Macroeconomía del Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Jul 23, 2020, 14 tweets

Cuando estudiaba economía, una de las preguntas que más me hacían y me costaba responder era por qué teníamos un cepo, si casi ningún país lo tenía. Un par de años después, voy con un hilo intentando explicar por qué seguimos con esos controles, en qué ayudan y en qué complican.

Para empezar, hay que decir que en los mercados no puede haber una demanda superior a la oferta (o viceversa) por mucho tiempo. Es decir que estos tienden al punto de equilibrio o de reposo. Para alcanzar esta posición, hay dos mecanismos de ajuste: por precios o cantidades.

El mercado cambiario no escapa a esta regla. Aunque es un mercado particular e influencia a toda la economía, su precio se fija por oferta y demanda. Cuando la demanda supera a la oferta, como pasó en los últimos años, hay dos vías para equilibrar: depreciando o poniendo un cepo.

En la primera alternativa, que es más eficiente desde el punto de vista económico tradicional, sube el precio del dólar y, de esa manera, cae inevitablemente su demanda. Al nuevo tipo de cambio, menos personas pueden comprar dólares para ahorrar y cae la demanda de importaciones.

Como resultado, el mercado de cambios se equilibra "por las malas": como no pudimos aumentar la oferta, subimos el precio y bajamos la demanda. Es más eficiente porque no hay interferencias en el precio de mercado, dejando afuera a los "ineficientes" que ahora no pueden acceder.

El problema es que esta lógica, en la Argentina, acelera la inflación, golpea al poder adquisitivo y con él a la demanda en general. En consecuencia, las devaluaciones son contractivas en materia de actividad, además de socialmente regresivas. Aparece así la alternativa del cepo.

Con el cepo, o control de cambios (no de capitales!), su nombre más académico, cuando hay un desequilibrio en el mercado de divisas se limita la demanda, volviendo así al punto de reposo. Como resultado, el mercado se equilibra, pero al costo de reprimir parte de la demanda.

De esta forma, se aumenta la demanda en los mercados paralelos (dólar blue, contado con liqui, etc.) a donde va la gente que quiere seguir comprando dólares, pero no puede hacerlo en el mercado oficial. Por lo tanto, hay dos o más precios para el tipo de cambio.

Acá aparece la ineficiencia: no accede el más "eficiente", sino el que cumple determinados requisitos. Sin embargo, la inflación no necesariamente se dispara y los ingresos reales no caen (mucho). Por lo tanto, su impacto social-distributivo es menos regresivo que la devaluación.

Entonces, ¿por qué otros países no tienen cepo y Argentina sí? ¿Por qué tenemos tanta volatilidad en el mercado cambiario, cuando no es la regla? ¿Por qué nuestra demanda de dólares es sistemáticamente mayor a nuestra oferta, algo que no pasa en otros países?

Básicamente, porque acá el dólar además de cumplir la función de comercio internacional, es reserva de valor (moneda de ahorro) y de intercambio financiero (pagos de deuda, por caso). La mayoría de los países, por ejemplo Brasil, ahorran y se endeudan en su moneda; nosotros no.

Para que podamos estar muchos años con estabilidad cambiaria, será necesario que re-construyamos al peso. Para eso hace falta un mercado de deuda en moneda local, con rendimientos atractivos, y mucho, pero mucho, tiempo y mucha, pero mucha, menos incertidumre. Difícil.

Si no podemos bajar la demanda de dólares, entonces podemos ampliar la oferta. Para eso, correspondería i) exportar más, ii) atraer inversiones productivas o iii) atraer inversiones financieras. Aunque suene raro, hoy la más viable es la iii). No osbtante, todavía está muy lejos.

En consecuencia, nos queda acostumbrarnos al cepo (o aceptar que el dólar oficial suba más). Los controles seguirán entonces en los próximos años y mientras que no ahorremos en pesos o ampliemos la oferta de dólares, nada muy probable en el corto plazo, el cepo no se relajará.

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