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Aug 20, 2020, 17 tweets

Esto me recuerda a la historia que explica mi madre sobre un vecino de su pueblo de cuando ella era pequeña al que conocían como “El Resucitao”. Una historia de muerte, risas y estrellamientos en el Jaén de principios de los 60.

*pone voz de Sophia Petrillo* Debía correr el año 1963 más o menos, cuando un vecino de mis abuelos murió así de golpe y porrazo. Sin estar enfermo ni nada , el señor se fue a dormir una noche y amaneció moñeco.

El médico se presentó en la casa y certificó que el señor había esmochado, efectivamente. Lloros, lamentaciones, pobre familia. Un drama, como os podéis imaginar.

Como era otra época (y dudo que en ese momento hubiesen funerarias en el pueblo), el velatorio se organizó en la casa del finado, que era la de justo enfrente de la de mis abuelos. Mi madre, que tendría unos 6 años, estaba la tarde de actos en el portal de su casa, merendando.

Obviamente ella no fue al velatorio, pero mis abuelos sí, y os podéis imaginar el percal: el muerto en el ataúd abierto, mogollón de gente de luto y llorando a lágrima viva, un calor de la hostia. Una estampa sacada de una obra de Lorca, que algo sabía del tema.

Llega la hora de ir al cementerio a enterrar al pobre señor. Se disponen a ponerle la tapa al ataúd, cuando de repente EL MUERTO LE ARREA TREMENDÍSIMA PATADA A LA TAPA Y SE LEVANTA.

CUNDE EL PÁNICO. La gente sufre varios infartos simultáneos dignos de código azul, gritos, carreras. Ahora es cuando hay que mencionar que la puerta por donde entraba y salía la gente estaba justo al lado de una pared de ladrillo (imagino que de otra casa, o una cerca, o algo).

Mi madre era muy pequeña, pero jura y perjura que de golpe empezó a ver gente que salía corriendo de la casa de los vecinos y se estrellaba contra la pared, una detrás de otra, como un live action de los Lemmings.

Mientras tanto, mi futura mádere así:

Total, que la casa se vacía de golpe y porrazo (literalmente), hay varios vecinos con la cabeza abierta, alguien ha llamado a la Guardia Civil, y por todo el pueblo se empieza a comentar que Fulanito DeTal ha resucitado. Lo normal.

Se presentan la Benemérita y el médico (que como médico igual era una mierda, también os lo digo), y certifican que el señor está vivito y coleando. Acojonao porque lo iban a enterrar vivo, pero por lo demás bien.

El señor explica que era consciente de todo, que veía a su familia llorar, y cómo lo metían en el ataúd, y todas esas cosas alegres que pasan cuando estás muerto. Pero no podía moverse ni hablar. Hasta que vio cómo le iban a poner la tapa y dijo COÑO, QUE ME ENTIERRAN DE VERDAD.

(¿Que cómo los veía? Yo qué sé nenes, faltaban como 20 años para que naciera y la medicina forense para no-muertos no es lo mío, me tengo que fiar de la palabra de mádere y agüela, que son las contadoras oficiales de esta historia)

Total, que varios días y pruebas médicas después, llegan a la conclusión lógica: el señor era cataléptico, y había padecido un ataque de la hostia. Que en un sitio relativamente pequeño de la España de los 60 podía perfectamente querer decir "entiérralo que si no huele".

Por lo que sé, el señor vivió muchos años más, aunque en el pueblo lo miraban así como de reojo, y había quien poco menos que le hacía la señal de la cruz al pasar por su lado. Se había convertido en EL RESUCITAO.

Y así termina la historia, con el señor librándose de ser enterrado vivo, el pueblo entero preguntándose si iban a tener un apocalipsis zombie, y mi madre escojonándose de la risa cada vez que se acuerda de los vecinos estrellándose contra la pared de enfrente.

Supongo que cuando el señor muriese de verdad llamarían a un médico más competente. O a Peter Cushing, por lo que pudiera pasar.

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