STRIKE A POSE, TRIANA.
Decía Coco Chanel que la moda no sólo era vestidos, sino que estaba en el cielo, en la calle y surgía de las ideas, de la forma en que vivimos y de lo que nos sucede. A poco que se le eche algo de sensibilidad, se puede ver que en cierta manera Triana
ha ido plasmando su visión del mundo, su sentimiento, su vivencia y su anhelo en la personalísima forma de ataviar a su Virgen de la Esperanza. Tal y como lo expresó la mítica diseñadora francesa, los encargados de engalanar a la Dolorosa de la Madrugada asumieron la realidad del
COVID19 para presentarla de una forma elocuente, que condensaba la máxima de Chanel sobre la moda como idea: El vestido de la Esperanza clamaba al cielo lo que se vivía en la calle.
Que VOGUE haya centrado su atención en esta cuestión y muestre a la Esperanza de Triana en las
mismas páginas satinadas que revelaron al mundo las creaciones maravillosas de Givenchy, Prada o Dior es una seña inequívoca de la excelencia alcanzada en el vestir a la Virgen como concepto de moda-expresión-creatividad. El interés de la publicación lleva implícita la
valoración del trabajo de engalanar a la Dolorosa, trascendiendo la labor fuera de los límites cofrades locales y sobredimiensionándolo como un acto creativo de primer orden en el universo artístico de la moda.
Una imagen de candelero, especialmente una dolorosa, es una obra de
arte colectiva que auna escultura, bordados, textiles, orfebrería y joyería mediante la sensibilidad estética del vestidor transmitida a través de su sentido del gusto, de la proporción y de la armonía. Esto trasladado a la filosofía de VOGUE no es otra cosa que el concepto de
moda de Dior, que entendía el vestido como una compleja arquitectura efímera diseñada para realzar las proporciones del cuerpo femenino, en el caso cofrade para enaltecer la expresión humana enmarcada en la belleza divina de la imagen sagrada. Javier Hernández, actual vestidor,
no tiene un estilo personal, pero sí un sello propio. Esto no es mejor ni peor, es tan usual en el arte como que Picasso, Gris y Braque pintaban un cubismo común pero cada uno desde su propia perspectiva. La línea de Hernández parte del trabajo intelectual de estudio y
consideración del pasado, por lo que ejerce su oficio como continuador, en una versión más preciosista y refinada, del estilo único de Persio y Morillo, es decir, del genuino “estilo trianero”, que se diferencia del resto de dolorosas de Sevilla y del barrio y que, como decía
Yves Saint Laurent, ha hecho del vestir “una forma de vida”.
Aunque pueda parece frívolo, el reportaje es un reconocimiento a la prestancia que puede alcanzar el buen arte cofrade en todos los sentidos y evidencia, una vez más, la necesidad que tiene hoy la Semana Santa de
abrirse, de crecer y de dejarse ver por ojos externos e independientes de imposiciones localistas. Mientras aquí aquel vestido fue visto con ojos críticos, que lo redujeron al cálculo simplista de la matemática de los pliegues, los especialistas en moda y arte, libres de
prejuicios, han sabido valorar el alto poder comunicador y sugestivo de aquella incontestable estampa. Entonces ya defendí en un hilo tuitero aquella visión como una creación historicista e histórica, basándome en lo que siempre he sostenido acerca del concepto de arte como
creatividad y no como técnica, cuyo fin es la comunicación mediante su poder de impacto y no la demostración de las virtudes técnicas del artista.
No es la primera vez que esto ocurre, ya en 1930 Manuel Chaves Nogales en la revista Ahora hablaba a todo el país del sentido
jovial de la vida como requisitos fundamentales de Juan Manuel y Antonio Amián para vestir una dolorosa, tal y como Eva Blanco lo hace hoy en VOGUE sobre Hernández. Ya en los 90 Pierre et Gilles supieron ver la fuerza expresiva de las ropas de las vírgenes sevillanas, creando una
tendencia visual que fue repetida en 2005 por Wetrmczuk cuando subió a la Macarena a la pasarela de Londres. Hace unos meses Louboutin entronizó un zapato en un paso de palio sevillano como metáfora perfecta de la pasión española. Si en su día la prensa nacional hablaba de
“la obrerita sevillana” Victoria Caro como autora de los vestidos regionalistas de las vírgenes, hoy VOGUE da voz a su cuarta generación familiar a través de las palabras de Carla Elena, explicando los ricos mantos de la Virgen de la Calle Pureza.
Si bien el reconocimiento de la Moda mundial a la Semana Santa sevillana ha sido constante, desafortunadamente no ha sido recíproco, pues siempre ha recibido la respuesta acomplejada y absurda de la polémica propia de quien vive en la cerrazón. En una Semana Santa, que cada vez
más entiende su patrimonio artístico como una vasta extensión parcelada en cotos privados de caza que anulan cualquier tentativa ajena al nepotismo que define sus barreras, es necesario celebrar este logro y apreciarlo como una oportunidad de desarrollo y de evolución basada en
un conocimiento pleno y objetivo, que sólo es posible desde una mentalidad abierta. La publicación es un tributo a Sevilla, el reportaje es maravilloso, el texto de Eva Blanco es justo y preciso, consciente de que ante el buen arte poco cabe explicar, funcionando así como mera
contextualización e introducción a unas fotografías inconmensurables que hablan por sí solas y que transmiten al mundo entero la Esperanza según Triana.
Share this Scrolly Tale with your friends.
A Scrolly Tale is a new way to read Twitter threads with a more visually immersive experience.
Discover more beautiful Scrolly Tales like this.
