Historias covidianas
Una conocida de un pueblo cercano a Santiago tiene un niño que ha enfermado con una inflamación, enorme, en la cara.
Llama para pedir cita y ¿qué le dicen? Que NO hay asistencia presencial. Que la consulta por teléfono.
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Ante la gravedad de la hinchazón de su niño la madre dice, con razón, que el caso debe ser examinado PRESENCIALMENTE por el médico y va al ambulatorio más cercano.
¿Y qué encuentra?
Vds. lo han adivinado. El ambulatorio VACÍO y una recriminación del personal médico por osar ir
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A pesar de la negativa la madre insiste en ir al centro médico y consigue que un médico vea al niño.... y le dice que no sabe lo que tiene. Que hay que ir a un pediatra. Y le manda a otro centro de salud más grande donde hay pediatra.
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Llega al nuevo centro de salud y nueva recriminación. Que por qué osa desafiar las órdenes covidianas que prohiben la atención presencial. Que hay que hacerlo por teléfono.
La madre insiste y dice que lleva DOS HORAS para intentar que examinen a su niño...
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Por fin consigue que el pediatra examine al niño (de 3 años) y constata que está enfermo (¡vaya, la madre tenía razón!) y le receta un antibiótico.
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Y así, gracias a la ideología covidiana, se ha producido el mayor recorte, por la vía de los hechos y sin escribir una coma en el BOE, en toda la historia en la Sanidad Pública.
A las 20'00 horas salgan a aplaudir.
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