Anónima me hicieron Profile picture
Médica puesta en mute. Escritora por pasión y por obligación. Firme combatiente de las injusticias... por eso no me puedo callar.

Jan 16, 2021, 41 tweets

#CosasQuePasanPorSerMédica #30. El primer mensaje llega a las dos y trece de la mañana. Yo estoy roncando –no me escucho, en realidad, pero babear, babeo seguro– y –por primera vez en un buen tiempo– ni me entero. Lo veo a las seis cuando mi reloj (+)

(-) interno me despierta pese a que hoy no trabajo. Miro el celular. Estoy a punto de revolearlo a la otra punta de la cama y seguir durmiendo cuando veo los mensajes de whatsapp:

Disculpá la hora, doc.
No te quería molestar antes, pero no me pasa.
¿Estás?

(+)

(-)
No pone nada más. Miro su nombre. La tengo agendada por el apodo y no me suena. Veo la foto. Es una vecina con la que, si hablé tres veces en el último año, es mucho. Me levanto y voy al baño con el celular. Le escribo desde el trono.
(+)

(-)
Hola. Recién lo veo, perdón, pongo. Me inclino hacia adelante, cierro unos segundos los ojos y pienso si borrar o no mis disculpas –ni que tuviera que estar disponible las veinticuatro horas del día para vecinos con los que apenas me hablo–, pero las dejo.
(+)

(-)
¿Estás bien?, agrego.

La respuesta llega a eso de las nueve, después de que intenté volver a dormirme, no puede, me levanté desayuné y, ya pipona por las facturas que me trajo mi primo porque atendí a su novia –me entregó la docena ayer y quedan dos para esta altura–, me (+)

(-) volví a tirar, unos cuarenta minutos atrás. Ahora sí que me despierta.

Hola. Es que anoche sentí que me moría, arranca.

Miro el mensaje, abro y cierro los ojos un par de veces hasta que reacciono del todo.

(+)

(-)

¿Qué te pasó?, le escribo. Suelto el celular y me desperezo primero para arriba y después para adelante. Sentada en la cama, arqueo la espalda hacia mis piernas extendidas e intento tomarme los tobillos con las manos. La falsa elasticidad y la panza algo más que (+)

(-) incipiente, lo impiden. Igual, se siente bien el movimiento.

No quería molestarte. Es que en la ambulancia dijeron que están con los de covid y que podía tardar más de ocho horas, sigue.

Me muerdo el labio de abajo y escribo “Contame qué fue lo que te pasó". (+)

(-) Agrego un “¿Querés?” al final. Pienso en si tendrá sentido tantas horas después, borro todo y lo cambio por un ¿Ya estás mejor?

Me manda un audio de cinco minutos. Apenas lo recibo, resoplo. Después respiro hondo, cuento hasta cinco y doy play.
(+)

(-) Dice que sí, que gracias a Dios sí. Pero que creía que se moría. Que le apretaba el pecho, estaba con palpitaciones y que sentía que se ahogaba. Que de la ambulancia no iban a venir. Que un vecino con el que creo que fifa cada tanto le dio –desde la puerta por si era (+)

(-) Covid– un ansiolítico, que él tiene ataques de pánico y le dijo que seguro era eso, eso o Covid, pero que, si calmaba con esta pastilla, el virus no era (es ingeniero el vecino). Que como no se mejoraba le dio otra pastilla que toma él para la angustia. “Quetiasina”, (+)

(-) pronuncia. Que costó, pero con eso calmó todo. Y mejor, así no me molestaba de madrugada. Porque ni fuerzas sentía para ir a la clínica de su obra social que no quería venir a buscarla. A cargarla no se animaba nadie por el Covid este. Además, con las nenas… ¿qué iba a (+)

(-) hacer con las nenas?
Resulta que las nietas se están quedando con ella porque los padres están de viaje por trabajo. Y ella como tiene a las nenas se cuida mucho. No vio a nadie con Covid. Y ellas no van a la colonia ni nada. Eso los últimos cinco días. Antes se vio (+)

(-) con el vecino este y con dos amigas. Tampoco son tantos, dice. Los vio con barbijo –no la corrijo con que en realidad es un tapabocas– aunque con él un rato se lo sacaron. Con ellas solo para tomar el café. Pero síntomas de Covid no tiene, remarca. Fue solo el (+)

(-) pecho que creyó que la mataba.
Le pregunto cómo era el dolor, si le apretaba, le quemaba, le retorcía o qué. Contesta que lo primero. Duró una hora, tal vez más, y, al indagar, resulta que se le iba al brazo izquierdo.

(+)

(-)
–Pero fue pánico. Yo sé que fue eso. Creo que fue eso. Sí. Hace muchos años una vez casi me pasa, lo sentí. Empezó y se fue, no llegó a explotar, pero fue casi esto. Con lo de mi marido fue, cuando me dijeron del accidente. Todavía no se había muerto, pero (+)

(-) yo supe… –manda otro audio, por suerte bastante más breve.
Llevo la cabeza hacia un hombro y hacia el otro, haciendo sonar apenas el cuello. Vuelvo al centro y le mando un audio yo. Le pregunto por su edad, si fuma, si tiene presión alta, diabetes, (+)

(-) problemas con el colesterol.

¿Vos decís que no fue pánico?, pone sin contestar.

Es que para asegurar que fue pánico, primero hay que estudiarte y descartar otras cuestiones, le mando.

Los mensajes se interrumpen unos minutos y yo aprovecho para ir al baño de nuevo (+)

(-) mientras ruego para que no le haya empezado a doler el pecho otra vez.

Claro, llega al rato. Yo ya hice pis, me limpié y me lavé las manos, me rasqué la cabeza sobre el costado derecho y abrí el agua de la ducha. “Claro”, solo eso. Espero unos (+)

(-) segundos y nada, se quedó en el “claro”. Copio y pego lo de los antecedentes y se lo mando de nuevo. Me meto en la ducha.
Voy por la crema de enjuague cuando suena la respuesta. Me seco la mano con la cortina y desbloqueo el teléfono para mirarla: (+)

(-) sesenta y siete, fumaba poco, ahora nada, no es hipertensa ni diabética y el colesterol lo tenía bien hace dos años cuando se controló la última vez. En el veinte veinte no pudo hacerlo por la pandemia, se excusa.

¿Qué remedios tomás?, le pregunto y me enjuago la cabeza.(+)

(-) Dejo que el agua casi pelando me recorra la espalda y me la masajee. Bendigo haber elegido ese cuadrado gigante para que tire los chorros de la ducha, es lo más.

Atorvastatina, Enalapril y Diclofenac cada tanto, pone. La primera es para el colesterol (+)

(-) y el último para dolores. El Enalapril me dice que sí es hipertensa. Cierro el agua. Manoteo el toallón peludo. Su vaho a agua estancada me cachetea. Me fijo si hay otro: ni medio. Me seco con el apestoso y le escribo: vuelvo al dolor, a si se repitió desde (+)

(-) anoche, si ya lo tuvo alguna vez. Ella vuelve al pánico, que está segura que fue eso nomás.

Fue pánico. Pánico o la anemia, asegura.

Indago, porque hierro no toma y de anemia no me dijo nada. Igual no me cierra que venga solo por ahí.
(+)

(-)
Estoy segura de que estoy anémica, me lo dicen todos. Ando pálida y cansada, pone.

Igual la anemia no explica esto. Tendrías que ir a la guardia a que te vea un cardiólogo me parece, insisto mientras me meto adentro de mi short gris de entrecasa y una remera (+)

(-) negra menos rotosa y me baño en un perfume cítrico que me regaló mi mejor amiga para tapar el olor a podrido que me quedó de la toalla.
(+)

(-)
Pero yo soy anémica, eee, se come la H final. Tengo una anemia que pensaban que era de la menstruación pero siguió al retirarse. La tengo de antes de hacerme señorita.

Le explico que bueno, que la anemia habrá que estudiarla, pero en otro momento. Que (+)

(-) ahora me parece importante que la vea un cardiólogo por guardia, por las dudas.

¿Y vos no me podés ver? Yo te pago la consulta, por supuesto.

Le contesto que no soy cardióloga, que además hay que hacerle un electro y tal vez análisis de sangre, (+)

(-) que tiene que ir al sanatorio de la obra social. La respuesta llega en forma de otro audio eterno en el que dice que va a ver, que tal vez va si le agarra de nuevo, que ella tiene a las nenas y no las puede dejar, que son chicas, y que con el Covid no las puede (+)

(-) llevar ahí, que no las van a dejar entrar y que ella tampoco quiere que entren, que al vecino no le gustan los nenes y las amigas tienen sus nietos también, que además como los chicos llevan pestes no van a querer cuidarle a las de ella. Que igual a ella también le (+)

(-) da un poco de miedo ir a la clínica con el virus este. Si ya se siente bien… Que mejor espera, que gracias.
No le contesto. Apago la pantalla del celular, lo enchufo y me tiro en el sillón a mirar un capítulo de Friends. Joey (+)

(-) termina arrodillado con el anillo de Ross proponiéndole matrimonio sin querer a Rachel. Él igual se muere de ganas de estar con ella y yo me muero de amor.
Algo zumba entre mis neuronas. Sacudo la cabeza y sigo con la serie, pero insiste. Miro el celular. Ningún mensaje (+)

(-) nuevo. Le escribo a la vecina de recién: No me contestaste si ya tuviste algún dolor como este antes.

La respuesta se hace esperar. Llega a los diez minutos cuando ya me levanté a prepararme el mate: Una vez sola el año pasado, seguro que también fue el pánico.
(+)

(-)

¿Y esa vez también se te iba el dolor al brazo izquierdo?, sigo.

No, ahí me subía para la boca. ¿No te digo que estoy muy loca yo? Jaja.

No atino ni a escribirle que nada de loca (un dolor de pecho que se va para el brazo izquierdo o a la mandíbula preocupa, (+)

(-) hace pensar en algo cardiológico). Me levanto cual resorte. Agarro un short más potable, me cambio y me pongo unas sandalias bajitas. Salgo al pasillo. Voy al ascensor y caigo en que no estoy segura de en qué piso vive. (+)

(-) Sé que es uno bajo, porque cuando compartimos el ascensor apenas llegamos a charlar, pero que no es el primero. Vuelvo y busco la liquidación de expensas. La encuentro y recorro a los vecinos de los pisos de más abajo sin que me suene (+)

(-) ningún nombre –su apodo claramente no aparece–. Salgo y bajo en el segundo y toco el timbre que tengo más cerca. Abre un chico de veintipico en toallón y abdominales como ravioles: no conoce a nadie con ese apodo y la descripción no le suena. Toco al lado. La mujer de (+)

(-) cincuenta y algo, de pelo bastante enmarañado y con un libro de poesía –que tuve que leer para el colegio y del que no recuerdo ni una– en la mano me manda un piso más arriba.
Subo por la escalera. La luz no funciona y la punta de mis sandalias le da al (+)

(-) antepenúltimo escalón. Me cuelgo de la baranda para no caerme. Me izo y sigo. Llego a la puerta. Desde afuera se escucha algo que parece ser la patrulla canina que tanto le gusta a mi ahijado. Hago una nota mental para llamarlo. Toco timbre. Otra mujer, (+)

(-) esta vez de veintitantos y con un crío prendido a la teta, me indica que es al lado. Recalculo y arremeto. Se escuchan gritos de nenas peleando por de quién es cierto juguete. Golpeo una, dos, tres veces seguidas.
(+)

(-)
–¿Qué hacés acá? –me abre, ahora sí, la vecina de la anemia sin estudiar.
–Yo te cuido a las nenas. Andá a la clínica –le largo.
Me baño con mi spray de alcohol y entro sin esperar respuesta.

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