El juzgado ha decidido que @raquelsastrecom no va a juicio por unos chistes de humor negro. Sin embargo el asunto tiene diferentes matices que lo hacen muy especial y, en cierto punto, surrealista. Dentro HILO con uno de los asuntos más esperpénticos que he llevado en mi vida.
Raquel recibió una querella de 106 folios en la que se le atribuían decenas de comentarios que, según la querellante, eran antisemitas. Esos comentarios eran de una tuitera anónima que no era Raquel, pero los mezclaban con seis chistes que sí publicó Raquel en Twitter.
En su declaración, Raquel se pasó una hora contestando a lo que la querellante creía que acreditaba que ella era esa tuitera. Le mostraron fotos de su Instagram y de la otra persona para que explicara cómo podía darse la coincidencia de que las dos tuvieran persianas en su casa.
No fue la única coincidencia que encontró la querellante y que le pareció demasiado insólita. En el interrogatorio comparó las fotos y señaló que las dos eran personas blancas, que una vez usaron moño y que tenían el pelo largo y lunares en la piel aunque en diferentes sitios.
Después el querellante pidió explicaciones sobre los chistes -estos sí suyos- de la cuenta de Twitter de Raquel. Ella explicó que contar chiste era su profesión, que se trata de una ficción relacionada con la libertad creativa y que está escribiendo una tesis sobre el humor negro
Al terminar su declaración pedimos el archivo de la causa por entender que la querella jamás se habría dirigido contra Raquel -o no se habría admitido- de no haberse pensado que ella era también autora del resto de comentarios. Nuestro texto ya muestra lo surrealista del asunto👇
El querellante se opuso y aportó una nueva prueba: un comentario de alguien que conocía a la persona anónima y que reveló que tenía unos "ojos fascinantes". A la querellante le parecía que Raquel también los tenía por lo que concluyó que se refería a ella y a sus dos ojos.
Poco después, insistiendo en que Raquel era la anónima, añadió como prueba un audio con su risa en la radio y otro con la risa de la otra persona, también en la radio. Para ellos eran idénticas así que pidió que la Policía Científica de la risa las analizara. Se lo denegaron.
Hoy, años después, tras identificar el juzgado a la persona anónima, se archivan las actuaciones contra Raquel Sastre. Obviamente porque no escribió los comentarios objeto del grueso de la querella pero también porque los que sí escribió no se han considerado razón para juzgarla.
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