1/10 El consenso mediático y popular en Occidente sitúa en la cima de las atrocidades históricas al nazismo y a Hitler, su satánica personificación.
El trauma que provocó el nazismo entre los occidentales nunca tiene fin.
2/10 No solo por sus cifras absolutas de víctimas y sus métodos industriales de exterminio sino porque, como explicó Aimé Césaire en su “Discurso sobre el colonialismo”, el fascismo es el colonialismo aplicado a los europeos.
3/10 Cada vez que asciende la representación electoral de los partidos fascistas en Europa los medios encienden las alarmas y propagan el miedo a la repetición de la pesadilla. Lo hacen señalando al dedo para que no nos fijemos en la luna.
4/10 El dedo: “como sociedad, ¿no hemos aprendido nada de la Historia (1)?”
Traducido: toda la responsabilidad (e incluso la ‘culpa’) es exclusivamente de los votantes apolíticos, empobrecidos y de sus fallidos referentes de izquierda.
(1) Con mayúsculas y engolando la voz.
5/10 La luna: quieren que nadie repare en que, tanto en 1922-33 como hoy, el fascismo crece cuando el capitalismo entra en una crisis grave y profunda. Es la respuesta política de los capitalistas, que lo financian porque son los grandes beneficiarios de su acción de gobierno.
6/10 Por supuesto que militantes y votantes fascistas tienen su cuota de responsabilidad personal en el ascenso del fascismo y en sus crímenes. Algunos incluso medran a pequeña escala. Ningún régimen político sobrevive sin cierto consenso social.
7/10 Abundan los libros que, logrando un gran éxito mediático, hacen hincapié en esa amplia complicidad social. Por tres razones:
Porque los comunes imaginamos más fácilmente las cifras pequeñas.
Porque poner cara humana al ‘mal’ mejora cualquier narración.
8/10 Y, por último, pero más importante, porque apartan del foco el lucro obsceno y genocida de los capitalistas, poseedores de los medios corporativos que dan bombo a determinadas reconstrucciones de la historia y que hoy crean una ficción consensuada que llaman realidad.
9/10 Al no existir el Primer Frente Bielorruso, el fascismo ni siquiera necesita ganar en las urnas para que su programa se cumpla. Su mera presencia mediática y electoral escora a todos los partidos parlamentariamente existentes hacia la derecha.
10/10 Es el sueño húmedo de los capitalistas: unos lacayos que no ponen freno a su acumulación por desposesión y que encima triunfan electoralmente diciendo que son el “mal menor”.
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