Durante el siglo XX el movimiento obrero sufrió la división entre un ala oportunista, chovinista, entroncado con los intereses de la burguesía y una minoría revolucionaria fiel al internacionalismo y a los principios del socialismo científico.
El ala chovinista no tardó mucho en tachar de traidores a la patria a aquellos comunistas firmes que defendieron la unidad revolucionaria del proletariado por encima de las diferencias nacionales/raciales y la articulación de una estrategia revolucionaria contra el capital.
Esta división sigue estando presente hasta nuestros días y emerge nuevamente con cada crisis del capital. El problema de la inmigración es una de las piedras de toque que traza una línea de demarcación entre el ala chovinista/rojipardo y el ala revolucionaria.
El rojipardismo acepta acríticamente el marco discursivo de la extrema derecha. Tergiversando categorías fundamentales del marxismo como es la noción de ejército industrial de reserva (la generación de capas del proletariado que presionan sobre el salario de las capas ocupadas) +
limitan este al proletariado migrante, pidiendo en aras de la defensa de los intereses del proletariado local el reforzamiento del poder del Estado: más fronteras, más policía y expulsión del migrante, ese es su programa.
El rojipardismo ejerce contra el proletariado la misma violencia intraobrera que el fascismo, sólo que de manera vergonzante: bajo retórica obrerista, contribuye a la fascistizacion social y más pronto que tarde se pasará en bloque al fascismo.
El rojipardismo se escandaliza ante la inmigración porque esta también trae al centro imperialista una realidad que la burguesía se empeña en ocultar: la explotación del sur global y la superexplotación de sus masas proletarias para sostener el dominio imperialista.
El empobrecimiento de las capas pequeñoburguesas así como de la aristocracia obrera da lugar a que éstas asuman la ideología reaccionaria contra las capas más depauperizas del proletariado; demandan un Estado que mantenga a toda costa su estatus superior.
Es por ello que el rojipardismo, al mismo tiempo que señala al proletariado migrante como carnaza, ignora las luchas que cada vez más emergen en su seno: la lucha de las jornaleras migrantes, de las Kellys, la huelga de Litera Meat o la acción de @OJS_CAT en Badalona.
Los rojipardos lanzan espumarajos sobre la inmigración como funcional a la patronal, pero no se les ve en las luchas cuando el proletariado migrante se levanta contra los abusos. Esto es porque nada les importa la fortaleza del movimiento obrero, sólo son intoxicadores.
En contraposición al chovinismo rojipardo, el interés de los comunistas es constituir la unidad revolucionaria del proletariado sin distinción de nacionalidad, raza o sexo, pero también entendiendo cómo la explotación capitalista se concretiza en cada sector oprimido.
Desde el Congreso de Stuttgart de 1907, los comunistas revolucionarios siempre han apostado por la forja de la unidad revolucionaria del proletariado frente a los oportunistas que buscan azuzar el odio nacional entre los obreros.
elsalariado.info/2016/07/07/res…
La unidad revolucionaria del proletariado no es un obrerismo abstracto, sino consciencia concreta. Aquí ya esbozamos cómo la superexplotación es la forma concreta en la que se realiza la explotación capitalista para las capas del proletariado migrante.
La intervención comunista debe aupar las luchas económicas del proletariado migrante en unión con el proletariado local frente a la explotación patronal, el odio reaccionario y las capas pequeñoburguesas y aristobreras que inoculan la división en el seno de nuestra clase.
Al mismo tiempo que se comprenden las diferencias, nuestro deber es el constituir organizaciones unitarias de clase cuyo férreo pilar sea el internacionalismo proletario como antídoto de todo odio nacional/racial.
La organización superior donde se articula la unidad revolucionaria del proletariado es el Partido Comunista. Es por ello que el comunismo es el horizonte emancipador de toda opresión.
¡Por la unidad revolucionaria del proletariado!
¡Forjemos el Partido Comunista!
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