La guerra en Irán está teniendo consecuencias globales. China, por ejemplo, que controla el 80% de la producción mundial de un metal clave, el wolframio, ha restringido su exportación. Pero, ¿sabías que el wolframio fue descubierto en España por los hermanos Elhuyar? ¡Hilo va! 👇
Y es que el wolframio no es un metal cualquiera, ya que es esencial para el armamento, la industria avanzada y la tecnología. Sin él, desde los proyectiles hasta los microcomponentes fallan. Por eso su control tiene consecuencias globales. Y todo empieza en el siglo XVIII…
Debemos remontarnos a 1783, cuando dos españoles lograron aislar por primera vez un metal desconocido: el wolframio. Fueron los hermanos Fausto y Juan José de Elhuyar. No es una anécdota, sino un hito científico de primer nivel que tendría unas consecuencias históricas tremendas.
Eso sí, los Elhuyar no trabajaban en el vacío. Formaban parte de la red científica de la monarquía hispánica, tan desconocida en la historiografía habitual. Su laboratorio estaba en el Real Seminario de Bergara, uno de los centros más avanzados de Europa en química y metalurgia.
Pero el problema venía de antes. Minerales como la wolframita o la scheelita desconcertaban a los químicos, porque contenían algo nuevo, pero nadie había logrado aislar el metal. Existía como posibilidad, como una esencia virtual, pero no como realidad palpable y fungible.
Además, el sueco Carlos Guillermo Scheele había identificado un nuevo ácido en 1781. Pero una cosa es detectar un compuesto y otra muy distinta aislar el elemento. El wolframio, como metal, aún no existía en el laboratorio, no se había construido y sintetizado como tal.
Ahí entran los Elhuyar. Estos, como decíamos, trabajaron con wolframita y aplicaron una reducción con carbón a altas temperaturas. Este no era un procedimiento técnico trivial ni se podía hacer en cualquier sitio, exigía gran dominio químico y un conocimiento metalúrgico preciso.
El resultado fue decisivo. Y es que en 1783 lograron, por fin, aislar por primera vez el wolframio como metal. Es decir, lo hicieron existir efectivamente como sustancia independiente. Ese es el verdadero descubrimiento, un descubrimiento constitutivo de algo que no existía.
El hallazgo, por tanto, no fue casual ni individualista. Se apoyaba en la minería, las técnicas metalúrgicas y las redes científicas. Es el resultado de un sistema muy complejo en el que se conjugan saberes diversos, instituciones y necesidades técnicas articuladas políticamente.
Por eso conviene entenderlo bien, e insistimos en ello por la relevancia para la historia de la ciencia española: el wolframio no «aparece» en un laboratorio por genialidad aislada. Es fruto de una estructura histórica concreta. Y esa estructura, en 1783, era la de España.
¿Y por qué importa tanto el wolframio (tanto entonces como hoy)? Porque tiene el mayor punto de fusión de todos los metales (3.422 °C), enorme dureza y gran densidad. Y esto lo hace insustituible en condiciones extremas donde otros materiales fallan.
Estas propiedades lo hacen clave en herramientas de corte, aceros especiales, filamentos eléctricos y tecnología avanzada. Y esto significa que no es un metal más, sino que es un material estructural, básico, en la industria actual. Por eso si falta toda esa producción peligra.
Pero donde el wolframio muestra su importancia y actualidad, con la guerra en Irán desatada por Israel y EE.UU., es en el ámbito militar: se usa para munición perforante, blindajes, componentes sometidos a altas temperaturas... Es un metal ligado al poder de los Estados.
Pero esto no es de ahora, sino que ya en el siglo XX su valor estratégico era evidente. Durante la Segunda Guerra Mundial, el wolframio también se convirtió en un recurso crítico. Sin él, la capacidad industrial y militar se veía seriamente limitada.
Y España, en ese contexto, desempeñó de nuevo un papel relevante como productora, especialmente en zonas como Galicia. Y es que las potencias en guerra, como Alemania e Inglaterra, presionaban para asegurar su suministro. El wolframio era ya un factor geopolítico de primer orden.
Hoy el escenario ha cambiado, porque es China la que, como ocurre con otros insumos clave, concentra cerca del 80% de la producción mundial. No sólo extrae wolframio, sino que controla el refinado y la cadena de suministro. Eso le da una posición decisiva a escala global.
Así que, cuando China restringe las exportaciones de wolframio -como de hecho está haciendo- no es un gesto económico aislado, sino que es una acción geopolítica importantísima. Con ello afecta a las industrias clave en todo el mundo, desde la armamentística hasta la electrónica.
Por eso este es un ejemplo muy bueno para entender cómo se cierra el círculo: un metal descubierto en la España del siglo XVIII es hoy pieza clave en la geopolítica mundial. Ciencias, industria y geopolítica no van por separado, sino que forman parte de la misma historia.
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