Michael Ende prometió a su editor un libro de cien páginas para Navidad. Tardó casi tres años, entregó una novela enorme y exigió imprimirla con dos tintas. Su autor acabó denunciando la película que la hizo famosa. Así nació La Historia Interminable. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
Michael Ende nació en 1929 en Garmisch-Partenkirchen, en los Alpes bávaros. Su padre, Edgar Ende, era pintor surrealista, y el niño creció rodeado de cuadros con criaturas imposibles y paisajes oníricos, un imaginario que nunca lo abandonó.
Pero la infancia le marcó de otra manera. Los nazis calificaron la obra de su padre como arte degenerado y le prohibieron pintar y exponer. Ende creció viendo cómo un régimen decidía qué imágenes podían existir y cuáles había que borrar del mundo.
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La chispa saltó en febrero de 1977. Su editor, Hansjörg Weitbrecht, fue a visitarlo a su casa de Genzano, cerca de Roma, donde Ende vivía desde hacía años. Cuando le preguntó por su siguiente libro, el escritor se puso a rebuscar en una caja de zapatos llena de ideas sueltas.
De aquella caja salió una pequeña idea. Un niño roba un libro, empieza a leerlo y descubre que la historia que lee habla de él. Cuando sigue avanzando, entra dentro del libro y ya no consigue salir. Al editor le bastó para dar el visto bueno.
Pero Ende calculó mal por completo. Prometió tener el manuscrito listo antes de Navidad, y pensaba en un texto breve, de unas cien páginas. La historia empezó a crecer sola y en poco tiempo estaba pidiendo la primera prórroga a su editorial.
Las prórrogas se fueron encadenando. El libro se le desbordaba entre las manos, el mundo de Fantasía se llenaba de reinos, criaturas y personajes, y aquella novela corta acabó convertida en una obra monumental de más de cuatrocientas páginas.
Tardó casi tres años en terminarla. Lo que iba a ser un encargo rápido para las Navidades de 1977 se publicó el 1 de septiembre de 1979, con el título de Die unendliche Geschichte. El propio proceso de escritura se había vuelto interminable.
Y llegó con una exigencia inusual. Ende quería el libro impreso a dos tintas. Rojo para los capítulos del mundo real, con el niño Bastián leyendo, y verde para todo lo que sucede dentro de Fantasía. Encarecía muchísimo la tirada, pero no cedió.
La cubierta remataba la idea. En la portada iba grabado el AURYN, el amuleto de las dos serpientes que se muerden la cola, de modo que el libro que el lector tenía en las manos era idéntico al libro que roba Bastián en la novela.
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El éxito fue inmediato y descomunal. La Historia Interminable se ha traducido a más de 36 idiomas y ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo. En España llegó en 1983, traducida por Miguel Sáenz para Alfaguara.
El fondo del libro es más duro de lo que parece. Fantasía está siendo devorada por la Nada, y la Nada avanza porque los seres humanos han dejado de imaginar, de soñar y de creer en las historias. Es una novela sobre lo que ocurre cuando se apaga la fantasía.
Ende defendió siempre que no era literatura infantil. Le molestaba que se etiquetara así, y sostenía que era una obra para cualquier edad. La segunda mitad, en la que Bastián entra en Fantasía y empieza a olvidar quién es, es mucho más oscura que la primera.
En el AURYN va grabada una frase que se malinterpretó mucho. Dice "Haz lo que quieras", y muchos lectores la entendieron como una invitación a hacer lo que a uno le apetezca. Ende aclaró que significaba lo contrario: descubrir cuál es tu voluntad verdadera y seguirla.
En 1984 llegó el cine. Wolfgang Petersen, que venía de dirigir "El submarino", adaptó la novela con un presupuesto de unos 27 millones de dólares, lo que la convirtió en la película alemana más cara rodada hasta entonces.
España puso escenarios. Además de los estudios alemanes y de exteriores en Canadá, parte del rodaje se llevó a paisajes españoles, entre ellos localizaciones de Almería y Huelva, que aportaron los desiertos y las playas del reino de Fantasía.
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Ende debía coescribir el guion, pero se negó a aceptar los recortes para meter el libro en dos horas y abandonó el proyecto. Al verla, la describió como un melodrama comercial a base de cursilería, peluche y plástico. Intentó frenar el estreno, perdió el pleito y borró su nombre.
Había además un motivo de fondo. La película solo adapta la primera mitad del libro y termina justo donde empieza lo que a Ende más le importaba, el descenso de Bastián por Fantasía y la pérdida progresiva de su identidad. Media novela se quedó sin rodar.
Ende murió en 1995 sin reconciliarse con aquella adaptación. Su libro, el que iba a tener cien páginas y estar listo para unas Navidades, sigue vendiéndose en medio mundo con sus dos tintas y su amuleto en la cubierta, 46 años después.
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