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La Basílica de San Clemente está a dos pasos del Coliseo, pero casi ningún turista la visita sin que alguien se la recomiende antes. Por fuera parece solo una iglesia medieval más, pero por dentro es una cápsula del tiempo excavada en piedra.
Los Golden Bat eran cigarrillos sin filtro, fabricados por Mitsui y distribuidos masivamente por Asia. Eran baratos, intensos y con una estética llamativa. Se vendían en tiendas, mercados y bares, pero en ciertas zonas, llegaban con algo más que nicotina.
En enero de 1959, un grupo de diez experimentados esquiadores de la Universidad de los Urales, liderados por Igor Dyatlov, emprendió una durísima expedición hacia la montaña Otorten. Querían conseguir la máxima certificación deportiva de la Unión Soviética.
Por supuesto, dejémoslo claro: no hay ninguna evidencia real de que el castillo de Houska cubra una puerta al infierno. Es una leyenda, una historia sin pruebas, probablemente falsa, pero, como ocurre con todas las grandes leyendas, tiene una fuerza que no se puede ignorar.
Durante mucho tiempo circuló el mito de que la "centesima rerum venalium" romana dictó la forma de nuestras ciudades, pero este impuesto de Augusto gravaba las subastas, no los edificios. La verdadera cicatriz urbana nació siglos después, en la Edad Media.
En la Edad Media, la sal era mucho más que un simple condimento para la mesa. La sal era el único conservante eficaz para la carne y el pescado y, sin ella, los ejércitos morían de hambre y las poblaciones no superaban el duro invierno. Era literalmente la vida.
Viajamos a la Inglaterra de principios del siglo XIX. La Revolución Industrial estaba en pleno apogeo y el Imperio Británico dependía ciegamente de enormes tablas matemáticas impresas en libros para poder navegar, construir puentes y calcular la artillería militar.
En el año 936, los condes del Deza, Gonzalo Betótez y Teresa Núñez, decidieron crear una comunidad monástica en una aislada y frondosa curva del río pontevedrés. Acababa de nacer San Lourenzo de Carboeiro.
Para entender esta extraordinaria hazaña, debemos viajar a la costa del Líbano actual. Allí, encajonados entre el mar Mediterráneo y las montañas, los fenicios se dieron cuenta de que su única salida para sobrevivir y prosperar era lanzarse a conquistar las peligrosas aguas.
En el siglo XVI, Europa era un continente al borde del colapso demográfico constante. Las guerras, el clima gélido de la Pequeña Edad de Hielo y las malas cosechas de trigo provocaban unas hambrunas brutales que diezmaban a la población cíclicamente sin piedad alguna.
El día de Pascua de 1722, el explorador holandés Jacob Roggeveen llegó a una remota isla del océano Pacífico. Lo que allí halló desafiaba toda lógica humana: cientos de gigantescas cabezas de piedra volcánica que miraban fijamente hacia el oscuro y vacío horizonte oceánico.
El Japón del siglo XII fue un oscuro período dominado por la sangrienta Guerra Genpei. Pero en un mundo donde las mujeres debían ser sumisas y obedientes esposas, surgió una figura demoníaca que destrozó todas las reglas sociales establecidas a base de pura violencia.
Ubrique es un pintoresco municipio de apenas 15.000 habitantes escondido en el corazón de la Sierra de Cádiz, rodeado de naturaleza salvaje y carreteras curvas.
En 1858, el primer cable telegráfico submarino del Atlántico se rompió tras solo tres semanas de uso. El mundo entró en pánico, ya que parecía técnicamente imposible conectar Europa y América por debajo del inmenso y traicionero océano. Necesitaban un plan B urgente.
Viajamos al año 1971. Mucho antes de que existieran Atari, Nintendo o Mario Bros, los videojuegos solo existían en inmensos laboratorios universitarios y formaban parte de gigantescos ordenadores del tamaño de una habitación.
A diferencia de los snacks tradicionales que basan su atractivo en la calidad de sus ingredientes, estos famosos triángulos de maíz son un arma científica, porque son el resultado directo de décadas de exhaustiva investigación y manipulación psicológica alimentaria.
Se trataba del cadáver del papa Formoso, que había muerto nueve meses antes. Su sucesor, Esteban VI, lo mandó desenterrar, vestir con los ornamentos papales, sentar en un juicio y someterlo a una farsa que hoy se recuerda como el Concilio Cadavérico.
Argimiro había nacido en Santiago en 1912 y estudiaba Medicina cuando la Guerra Civil interrumpió su vida. Sirvió como sanitario en el frente, y aquella experiencia marcó su vocación para siempre: quería ser cirujano, incluso en el caos de la guerra.
Para entender esta locura, tenemos que viajar al Medievo, una época de la historia donde las reliquias eran mucho más que objetos de fe. Realmente eran motores económicos, ya que una ciudad con una buena reliquia atraía a miles de peregrinos. Era el turismo de masas de la época.
Durante siglos nos han vendido la oscura mentira de que los barcos españoles cruzaban el océano Atlántico cargados con todo el oro de América, dejando a un inmenso y rico continente sumido en la miseria más absoluta. La realidad económica fue diametralmente opuesta.
Ocurrió en el Japón del año 1701. El país estaba gobernado por el inquebrantable y autoritario shogunato Tokugawa, un régimen que castigaba cualquier mínimo error con la muerte. En la corte de Edo, la actual ciudad de Tokio, el joven señor feudal Asano Naganori fue convocado.