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Si al común de los españoles con cultura media se les pidiera que resumieran en una palabra la relación unió al socialista Indalecio Prieto y al derechista Gil Robles la mayor parte dirían odio, venganza o términos parecidos. Un HILO para iluminar la oscuridad al respecto.
Indalecio Prieto es uno de los personajes que más odio acumula desde la derecha debido a una tendencia historiográfica que ha hecho de él la suma de todos los males que desembocaron en la guerra civil.
José María Gil Robles fue líder de la CEDA, conocido en algunas publicaciones como el Mussolini español. Un hombre con una trayectoria que no muchos conocen más allá de 1936 y de su salida de la primera línea política.
Prieto, pese a su participación en la revolución de 1934, fue uno de los primeros dirigentes socialistas en comprender que las armas no eran el camino. Ya en 1938, en plena guerra, propuso, a España y al mundo, un cese de hostilidades y la celebración de un referendum vinculante
¿De qué versaría ese referendum? De la forma de gobierno que debía tener España. Superar la II República y caminar hacia un modelo de mayor consenso. Sus palabras no encontraron eco en un PSOE, el de Negrín, empeñado y confiado en ganar la guerra.
Ya en el exilio, Prieto se desmarcó de las reivindicaciones de legitimidad del gobierno republicano en el exilio y apoyó la llamada vía posibilista: unir a todas las fuerzas que se oponían a Franco, incluyendo a monárquicos e incluso falangistas.
Mientras tanto, Gil Robles se había convertido en un opositor a Franco desde dentro de la propia derecha. Veía en el régimen dictatorial un gobierno ilegítimo que debía dar paso a una monarquía, la de Don Juan, que superara la guerra y reconciliara a los españoles.
Prieto entabló conversaciones con los monárquicos, a sabiendas de que sólo la unión de todos los antifranquistas podría derribar a Franco. Prieto no creía que los aliados fueran a intervenir una vez acabada la Segunda Guerra Mundial. La solución debería proceder de los españoles
Prieto tenía un objetivo: reunirse con Gil Robles e iniciar una colaboración. Para ello puso a trabajar sus contactos en el extranjero, en especial el Reino Unido. Uno de sus enlaces más importantes fue el que fuera ministro de Trabajo con Churchill, el laborista Ernest Bevin.
Bevin intentó convencer a Gil Robles de que se reuniera con Prieto. Gil Robles se negó. Temía que sentarse con uno de los rostros visibles del socialismo, con el hombre que había sacado su pistola en el Congreso, fuera más de lo que su imagen y su proyecto podían soportar.
Finalmente, Gil Robles aceptó desplazarse a Londres en octubre de 1947. Se reunió con Prieto a lo largo de cinco días. Su objetivo común: construir una alternativa de consenso al franquismo. Devolver a España un régimen de libertades que habían sido cercenadas.
Conocemos la marcha de las reuniones gracias a un memorando escrito por Prieto para el propio Bevin. En él analiza los puntos comunes, que no eran muchos, y los discrepantes, que eran profundos.
Los monárquicos no querían ni oír hablar de un referendum o unas elecciones previas a la restauración de don Juan en el trono. Los socialistas, que renunciaban a imponer el modelo republicano, consideraban que ese referendum era esencial para dar legitimidad al nuevo régimen.
Pese a que no se alcanzó ningún acuerdo, Prieto valoró la reunión de forma muy positiva. Gil Robles fue más prudente. Pero no hay duda de que la imagen de estos dos líderes dialogando sobre el futuro de España resulta todo un símbolo.
Cuando en España se conoció este encuentro, la prensa franquista comenzó una campaña para destrozar la imagen de Gil Robles. El antiguo líder de la CEDA llegó a escribir a Prieto pidiéndole que negara la reunión de Londres para evitar su caída en desgracia.
Los cambios internacionales y el temor a que Estados Unidos diese s apoyo efectivo a Franco, como finalmente ocurrió, llevaron a Gil Robles y los monárquicos a intentar acercar posturas de nuevo al grupo de Prieto siendo más generosos en sus concesiones. Pero todo se complicó.
El hijo de Prieto estaba gravemente enfermo en México, y su padre no quería dejarlo solo. Gil Robles, exiliado en Portugal, temía que si salía del país se le negara la posibilidad de volver a entrar dadas las buenas relaciones de los lusos con Franco.
Al mismo tiempo, la mayor parte del PSOE se mantenía en la línea del gobierno republicano en el exilio y no querían saber nada de las maniobras de Prieto para acercarse a los monárquicos. Aún confiaban en una solución internacional que pusiera fin a la dictadura de Franco.
Desde el PSOE se filtraron copias del memorando escrito por Prieto de su reunión con Gil Robles convenientemente mutilado de forma que pareciera que el dirigente socialista estaba dispuesto a aceptar a don Juan y la monarquía. El objetivo era claro: desprestigiar a Prieto.
Pese a todo, Prieto continuó durante años intercambiando propuestas con dirigentes monárquicos, sin que se consiguiera superar el principal escollo: el referendum sobre la definición del nuevo régimen. Prieto aceptaría la monarquía si, y sólo si, así lo decidía el pueblo español.
En esas circunstancias se produjo la reunión de don Juan con Franco a bordo del yate Azor, un jarro de agua fría para todos los monárquicos antifranquistas. Esta reunión fue utilizada por el franquismo como una justificación de que la casa de Borbón daba su apoyo al dictador.
El PSOE en su mayor parte había dado la espalda a Prieto. Don Juan había dado la espalda a los suyos y decidido abrir su propia vía. Demasiadas fuerzas dinamitando un proceso temprano de transición que podría haber devuelto la democracia a España.
Prieto murió en 1962, y nunca dejó de mantener contactos con los monárquicos. Gil Robles vivió para ver la muerte de Franco, pero tuvo que sufrir ataques de los franquistas durante toda su vida por sus contactos con las fuerzas de izquierdas.
Unos hombres que pertenecían a una generación que se había masacrado en los campos de batalla y que habían sido capaces de sentarse a buscar una salida dialogada a una dictadura que ninguno deseaba. Una historia de la oposición al franquismo que pocos conocen.
Es curioso que cuando se habla de Indalecio Prieto y Gil Robles todo se centra en su labor hasta 1936 o 1939. Como si su vida y su labor política hubieran terminado ahí. Como si se pudiera juzgar su trayectoria humana mirando un fragmento de sus carreras. Cosas de la Historia.
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