"Queridos fantasmas", con texto de Celia Cañadas e ilustración de Angie Suárez.
"El incorregible Humphry Davy", con texto de Fernando Gomollón-Bel e ilustración de Jorge González.
"Escribir es caer", con texto de Andrea Chapea e ilustrado por Laura Wächter.
"¿Para qué sirve?", con texto de Rafael Medina e ilustrado por Álvaro Ortiz.
"Elemental, querido Vermeij", con texto de Jesús David Tavira e ilustración de Lidia J. Duarte.
"El cachete a tiempo que no vio ni oyó venir", escrito por Ángel Abellán e ilustrado por María Castelló.
"El genio que escuchaba la luz", con texto de Antonio Pérez-Verde e ilustración de Elsa Estrada.
"Cuando andar falla", con texto de Marta Isabel Gutiérrez e ilustración de María Zafrilla.
"Un día con el profesor", escrito por Andrea García e ilustrado por Del Hambre.
"Dos superheroínas con muletas", con texto de Elisa Garrido e ilustración de Leti Arts.
"El viajero con bastón ecolocalizador", escrito por Miguel Ángel Delgado e ilustrado por Eneri Mateos.
"Descifrando las moléculas de la vida", escrito por Nahúm Méndez e ilustrado por Aída Valugo.
"Ojos matemáticos para narrar el viaje de una vida", escrito por Patricia Ruiz-Guevara e ilustrado por Cristian Pineda.
"Las moléculas no hacen ruido", con texto de Oskar González e ilustrado por Emma Gascó.
"Leer a oscuras", escrito por un servidor, señor de Anchiano e ilustrado superguapamente por Drus Jiménez, en el que cuento la historia de Louis Braille desde su fatal accidente cuando solo era un niño.
"El trampolín de la perseverancia", escrito por Héctor Rodríguez e ilustrado por Sarah Jones.
"Las matemáticas se imaginan", con texto de mi colega @SantiGarciaCC e ilustración de Itziar Repáraz.
"Una vida de película", escrito por Estibaliz Urarte e ilustración de Paola Vecchi.
"El paciente O.S.", con texto de Javier Frontiñán e ilustrado por Javi de Castro.
"El regalo de Kirchoff", escrito por Mario González-Jiménez e ilustración de Sandra Fiz.
"Dots", escrito e ilustrado por José Parada.
"Cuando se escuchan los números", escrito por Patricia Rodríguez e ilustrado por Raquel Gu.
"In(di)visible", con texto de Luis Moreno-Martínez e ilustración de Dino Galvagno.
"ELA y otros agujeros negros", escrito por @PatriLiVG e ilustrado por José Moreno.
"Los ojos de Ana", escrito (como siempre) sedosamente por mi hermano @becarioenhoth e ilustración de Luis Pinto por @rosalia, que va en el portadón de este número.
"Con visiones y enfermiza", con texto de la @boticariagarcia e ilustración de Mandy Kurosaki.
And last, but not least, "Tocar el cielo" escrito por Carlos Romá-Mateo e ilustrado por @Franxurio.
Si habéis llegado hasta aquí, os merecéis el agradecimiento del que escribe, y la turra de pediros que os suscribáis a #PrincipiaMagazine porque es un proyecto chulísimo como pocos en relación calidad-precio. Os dejo aquí el enlace a su tienda de nuevo: shop.principia.io/catalogo/princ…
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Durante años, Göbekli Tepe fue una anomalía. Un templo inmenso de hace 11.500 años, construido por "simples" cazadores-recolectores, cuando según los libros de historia apenas debíamos saber apilar piedras.
Pero los nuevos descubrimientos de los últimos años han cambiado el guion. Göbekli Tepe no era una catedral aislada en el desierto. Formaba parte de una red. 🧵👇
El proyecto "Taş Tepeler" (Colinas de Piedra) ha revelado que existen al menos 12 yacimientos similares en la región de Şanlıurfa. Y que no fue un milagro aislado, sino una cultura extendida. De todos ellos, hay uno que está robando protagonismo a Göbekli Tepe: su "hermano oscuro", Karahan Tepe.
[Imagen: web reydekish]
En Karahan Tepe, la atmósfera es diferente. Más humana y más ¿inquietante?
En Göbekli predominan los animales, aquí los humanos.
Se ha descubierto una sala hipogea con 11 falos de piedra tallados en la roca viva y una cabeza humana gigante emergiendo del muro, vigilándolos. Algunos arqueólogos creen que era un lugar de iniciación ritual.
El color azul es el más difícil de conseguir en la naturaleza. En el Renacimiento, usarlo costaba una fortuna (lapislázuli) o se decoloraba rápido.
Mientras tanto, en la selva, los Mayas usaban un azul brillante que ha aguantado 1.500 años de lluvia ácida, sol y demás inclemencias.
No era un simple tinte. Era ingeniería química. 🧵👇
Para entender el mérito, mira a Europa. Los pigmentos orgánicos (de plantas) se degradan con la luz y las bacterias... y los minerales eran carísimos.
Sin embargo, cuando los arqueólogos redescubrieron los murales mayas, fliparon: el rojo y el amarillo se habían apagado... pero el azul seguía intacto, como si lo hubieran pintado ayer.
En 1931, el químico H.E. Merwin intentó destruir una muestra de Azul Maya para analizarla. La metió en ácido nítrico hirviendo. La metió en agua regia (que disuelve el oro...) El pigmento ni se inmutó. 🧪 ¿Cómo podía una cultura "antigua" crear un material tan resistente?
Hoy se cumplen 40 años de los 73 segundos más dolorosos de la carrera espacial.
El 28 de enero de 1986, el transbordador espacial Challenger se desintegró en directo ante todo el mundo.
Una negligencia advertida por los ingenieros y demostrada por un físico con un vaso de agua. 👇
La noche anterior al lanzamiento, la temperatura en Florida llegó a bajo cero. Los ingenieros de Morton Thiokol (fabricantes de los cohetes) entraron en pánico.
Sabían que las juntas tóricas de goma, encargadas de sellar el gas caliente, se volvían rígidas con el frío. Si no se expandían a tiempo, el gas escaparía y convertiría el cohete en una bomba.
Bob Boisjoly, ingeniero jefe, rogó que no lanzaran. La respuesta de la NASA pasó a la historia: "Dios mío, Bob, quítate el sombrero de ingeniero y ponte el de mánager".
Había mucha presión política por lanzar. Ignoraron la física. Y con esos carámbanos de hielo en la rampa, dieron luz verde.
Cuando la Biblioteca de Alejandría se quemó, el progreso humano retrocedió 1.000 años.
Allí no se quemaron "libros". Se quemaron la cura de enfermedades, los planos de máquinas de vapor romanas y mapas de estrellas que no volveríamos a ver hasta el Renacimiento.
El mayor desastre contra el conocimiento. 🧵👇
Para entender la pérdida, hay que entender el lugar. No era sólo un almacén, porque los Ptolomeos decretaron una ley fascinante: cualquier barco que entrara en el puerto debía entregar sus libros. Los escribas los copiaban, devolvían la copia... y se quedaban el original.
Así acumularon más de 700.000 rollos de papiro, creando una especie de "backup" de la civilización. 📜🚢
En esos pasillos había diseños como la "eolípila" de Herón de Alejandría, una máquina de vapor funcional, que usaban por ejemplo para abrir puertas de templos automáticamente.