10 de agosto de 2020. 2:45h. a.m. Observatorio de Arecibo (Puerto Rico). Uno de los tres cables de acero de 3 pulgadas de diámetro que sujetan la estructura central se rompe y cae descontroladamente en plena madrugada.
Durante la liberación de todas las fuerzas resultantes, varios paneles de la suspendida Cúpula Gregoriana resultan dañados y la plataforma de acceso a la cúpula queda boca abajo.
La siguiente parada en ese repentino descenso hacia el suelo es el plato reflector que recibe las ondas del espacio profundo y el choque metálico deja una cicatriz de unos 30 metros en la semiesfera de paneles perforados de aluminio de 1x2 m.
La imagen es desgarradora en el sentido más literal de la palabra.
Finales del verano de 1997. España.
Una época en la que Esperanza Gracia es un personaje de broma para la mayoría de los verdaderos aficionados a los astros...
que lo único que hace en serio (y sigue haciéndolo en 2020) es timar a la gente desesperada pensando que les arreglará la vida cuando deciden marcar el sobreimpresionado número de sus televisores en esas madrugadas en las que lo único que puede hacer Morfeo es dar conversación.
Son los 90. Medio país espera el beso de Mulder y Scully…
Ese tipo de beso no. ESTE OTRO TIPO.
y el mismo medio país pasa por las salas de cine para ver cómo un científico ciego y una joven astrónoma interpretan un mensaje recibido en su centro de trabajo de Arecibo (Puerto Rico).
La novela que el gran Carl Sagan escribe unos años antes y que es llevada a la gran pantalla por Robert Zemeckis: “Contact”.
En ella, Ellie Arroway se empieza a interesar por la estrellas gracias a su padre, y el resto de la película transcurre entre el observatorio en el que se recibe la señal alienígena en torno a la que gira la trama y algunas otras localizaciones.
El personaje de Ellie está basado en la astrofísica del proyecto SETI Jill Tarter e interpretado por una Jodie Foster a quién todos conocemos ya por su inolvidable papel de Clarice en “El silencio de los corderos”…
A pesar de haber sido construido en 1963, el observatorio de Arecibo es un descubrimiento para todos los profanos que hasta ese momento relacionamos un telescopio solamente con el artilugio óptico gracias al que Galileo Galilei descubrió sus satélites jovianos, entre otras cosas.
El matiz está en la palabra “radio” que tendemos a eliminar por comodidad, pero que implica la existencia de ondas en la emisión y/o detección de señales que se envían o que nos llegan desde el espacio.
En el preciso momento en el que como adolescente sales de ver “Contact”, además de la flipada del viaje intergaláctico y los extraterrestres, lo que ha quedado en nuestras curiosas cabezas es el descomunal tamaño del radiotelescopio que aparece en la película.
La enorme estructura está compuesta por una red de planchas de aluminio perforado de 1x2 m.
Están unidas entre sí por un entramado de cables de acero y ancladas de manera que el conjunto adopte la típica forma de plato gigantesco parecida a la de las antenas parábolicas que tenemos en casa para ver la tele vía satélite, pero no exactamente igual.
La antena del observatorio portorriqueño recibe las ondas electromagnéticas y las refleja en el punto focal gracias a su geometría, basándose en la rotación de la Tierra para apuntar a sus diferentes objetivos.
Su diámetro (305 m.), tremendo para mediados de los 60, hace que el radiotelescopio de Arecibo sea el más grande del mundo durante décadas...
... , hasta la construcción del FAST (Five-hundred-meter Aperture Spherical Telescope) de China, con sus 500 m.
Y el RATAN-600 en Rusia con 576 m., que le han arrebatado ese honor, relegándole a la tercera posición.
No obstante, la principal diferencia entre ellos dos y él es que en Arecibo no sólo se coleccionan señales recibidas, sino que también pueden emitirse.
De hecho, en el año 1974, desde Arecibo se transmitió una señal apuntando al cúmulo globular de Hércules M13, a 25.000 años-luz de nosotros.
En ella pueden apreciarse nuestros primeros números (del 1 al 10) en código binario, la estructura molecular del ADN, la figura de un humano, un mapa del sistema solar y el propio telescopio.
Pero, ¿qué se puede hacer desde un centro científico como este?
Por ejemplo, los transmisores del telescopio tienen la capacidad de mapear NEOs (Near-Earth Objects, objetos cercanos a la Tierra) como el cometa NEOWISE que nos ha visitado este verano, usando el radar bidireccional.
Se envía una señal de radar al objetivo (NEO), alguna parte de esa onda rebota en el NEO y vuelve de camino a la Tierra.
Entonces, un segundo telescopio capta esa señal y mide el tiempo que tarda en recuperarse.
Las matemáticas hacen el resto.
Entre los objetos cercanos fotografiados así se encuentran partes de Venus, la Luna, asteroides, entre otros.
El observatorio es también una fuente de datos para el proyecto SETI@home de búsqueda de inteligencia extraterrestre en que participan astrónomos profesionales y amateurs a lo largo y ancho del mundo.
Suena un poco a “Contact” y a “X-Files”, lo sé, pero la realidad es que hay ciencia detrás de eso.
También existe el PHL (Planetary Habitability Laboratory), dirigido por el Profesor Abel Méndez, un centro astrobiológico sobre investigación de habitabilidad planetaria para la Tierra, el sistema solar y exoplanetas.
La famosa “zona de habitabilidad” de la que puede que hayas oído hablar alguna vez en el telediario.
La búsqueda no cesa.
Bueno, mejor dicho, sí que hay una forma de que cese la actividad de recogida de datos...
... y, aunque soportó como buenamente pudo el paso del huracán María allá por 2017, el pasado lunes 10 de agosto una noticia amargaba el desayuno y algo más a los científicos implicados en los proyectos con relación directa o indirecta al observatorio.
Uno de los tres enormes cables que sustentan la estructura central en la que se reflejan las ondas recibidas, y elemento troncal también para enfocar el radiotelescopio adecuadamente, se rompió y cayó sobre la superficie del plato, rasgando unos 30m de placas.
Unas placas que tardarán tiempo en reponerse hasta volver a estar a pleno rendimiento, más aún teniendo en cuenta que todavía hoy se siguen realizando reparaciones de lo ocasionado por María.
Un drama para la comunidad científica dependiente de los datos obtenidos en el centro que llevará un buen tiempo recomponer. :(
Durante años, Göbekli Tepe fue una anomalía. Un templo inmenso de hace 11.500 años, construido por "simples" cazadores-recolectores, cuando según los libros de historia apenas debíamos saber apilar piedras.
Pero los nuevos descubrimientos de los últimos años han cambiado el guion. Göbekli Tepe no era una catedral aislada en el desierto. Formaba parte de una red. 🧵👇
El proyecto "Taş Tepeler" (Colinas de Piedra) ha revelado que existen al menos 12 yacimientos similares en la región de Şanlıurfa. Y que no fue un milagro aislado, sino una cultura extendida. De todos ellos, hay uno que está robando protagonismo a Göbekli Tepe: su "hermano oscuro", Karahan Tepe.
[Imagen: web reydekish]
En Karahan Tepe, la atmósfera es diferente. Más humana y más ¿inquietante?
En Göbekli predominan los animales, aquí los humanos.
Se ha descubierto una sala hipogea con 11 falos de piedra tallados en la roca viva y una cabeza humana gigante emergiendo del muro, vigilándolos. Algunos arqueólogos creen que era un lugar de iniciación ritual.
El color azul es el más difícil de conseguir en la naturaleza. En el Renacimiento, usarlo costaba una fortuna (lapislázuli) o se decoloraba rápido.
Mientras tanto, en la selva, los Mayas usaban un azul brillante que ha aguantado 1.500 años de lluvia ácida, sol y demás inclemencias.
No era un simple tinte. Era ingeniería química. 🧵👇
Para entender el mérito, mira a Europa. Los pigmentos orgánicos (de plantas) se degradan con la luz y las bacterias... y los minerales eran carísimos.
Sin embargo, cuando los arqueólogos redescubrieron los murales mayas, fliparon: el rojo y el amarillo se habían apagado... pero el azul seguía intacto, como si lo hubieran pintado ayer.
En 1931, el químico H.E. Merwin intentó destruir una muestra de Azul Maya para analizarla. La metió en ácido nítrico hirviendo. La metió en agua regia (que disuelve el oro...) El pigmento ni se inmutó. 🧪 ¿Cómo podía una cultura "antigua" crear un material tan resistente?
Hoy se cumplen 40 años de los 73 segundos más dolorosos de la carrera espacial.
El 28 de enero de 1986, el transbordador espacial Challenger se desintegró en directo ante todo el mundo.
Una negligencia advertida por los ingenieros y demostrada por un físico con un vaso de agua. 👇
La noche anterior al lanzamiento, la temperatura en Florida llegó a bajo cero. Los ingenieros de Morton Thiokol (fabricantes de los cohetes) entraron en pánico.
Sabían que las juntas tóricas de goma, encargadas de sellar el gas caliente, se volvían rígidas con el frío. Si no se expandían a tiempo, el gas escaparía y convertiría el cohete en una bomba.
Bob Boisjoly, ingeniero jefe, rogó que no lanzaran. La respuesta de la NASA pasó a la historia: "Dios mío, Bob, quítate el sombrero de ingeniero y ponte el de mánager".
Había mucha presión política por lanzar. Ignoraron la física. Y con esos carámbanos de hielo en la rampa, dieron luz verde.
Cuando la Biblioteca de Alejandría se quemó, el progreso humano retrocedió 1.000 años.
Allí no se quemaron "libros". Se quemaron la cura de enfermedades, los planos de máquinas de vapor romanas y mapas de estrellas que no volveríamos a ver hasta el Renacimiento.
El mayor desastre contra el conocimiento. 🧵👇
Para entender la pérdida, hay que entender el lugar. No era sólo un almacén, porque los Ptolomeos decretaron una ley fascinante: cualquier barco que entrara en el puerto debía entregar sus libros. Los escribas los copiaban, devolvían la copia... y se quedaban el original.
Así acumularon más de 700.000 rollos de papiro, creando una especie de "backup" de la civilización. 📜🚢
En esos pasillos había diseños como la "eolípila" de Herón de Alejandría, una máquina de vapor funcional, que usaban por ejemplo para abrir puertas de templos automáticamente.