Acabo de presenciar la muerte de J. G., funcionario del @MunicipioQuito
Su muerte fue un crimen de Estado. No encuentro otras palabras para expresar lo que acabamos de vivir.
Abro hilo:
Alrededor de las 18h00 caminaba por el mirador de Guápulo con mi pareja y me señala una persona botada en el piso.
Nos acercamos y vemos que parecía haber vomitado. Rápidamente intento comunicarme con él, veo si tiene pulso, si respira, ¡estaba vivo!
Llamo al @ECU911Quito y nos responden que enseguida se acerca una ambulancia.
Luego de 10 minutos, insistimos, vemos que poco a poco empieza a perder sus signos vitales.
Más personas empiezan a llamar al 911, no pasa nada.
Vemos que en uno de los bolsillos de su chompa había una gran cantidad de cajas de pastillas vacías. Entendemos que puede ser un suicidio.
Luego de alrededor de 40 minutos después de nuestra primera llamada llega la ambulancia. Sus signos vitales ya estaban muy bajos.
Con dificultad lxs paramédicxs logran subirlo a la ambulancia e intentan resucitarlo.
Alrededor de 15 minutos más tarde nos dicen que no hay nada que hacer. Que el señor ha muerto, que tienen que esperar a la policía (@Dinased ), para que puedan levantar los hechos y “liberar” a la ambulancia.
La ambulancia se encuentra en el lugar de los hechos con el cadaver desde las 19h00, (aproximadamente), es decir, casi 3 horas más tarde desde su arribo.
Al parecer el @ECU911Quito tiene solamente 3 ambulancias funcionales para TODO EL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO, ¡3!
De igual manera, al parecer la policía solamente cuenta con dos equipos para el levantamiento de cadáveres. Y únicamente hay un vehículo para llevar el cuerpo a la morgue. Mientras no llegue dicho vehículo, no podrán liberar una de las tres ambulancias del 911.
Esta una muestra clara de cómo está nuestro sistema de salud pública. Desfinanciado, desatendido, desmantelado por todas las políticas neoliberales de los gobierno del encuentro (de las élites), así como los anteriores.
El Estado debería garantizarnos la vida, de asegurarnos salud pública, efectiva, justa y eficiente. Lo que vivimos fue todo lo contrario.
Hace pocos días en el #8M centenas, sino miles de policías reprimían a niñas, adolescentes, mujeres, que ejercían su legitimo derecho a la protesta y a la ocupación del espacio público.
Queda claro que la única función del Estado es para disciplinar, violentar nuestros derechos y garantizar los intereses de las élites, ¡nada más!
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