Los Mayas fueron una civilización portentosa, con unos conocimientos matemáticos y astronómicos que les permitieron construir enormes pirámides escalonadas, crear un calendario casi perfecto y predecir el fin del mundo.
Pero NO, este de aquí abajo no es el calendario maya.
La imagen anterior, que mucha gente confunde con el calendario maya, es la denominada Piedra del Sol y es de origen mexica. Fueron los aztecas los que la hicieron, no los mayas. Pueblos que, aunque comparten ciertos rasgos, no tienen el mismo origen.
¡Tampoco es cierto que los mayas predijesen el fin del mundo! Pero para entender eso hay que embarcarnos en un viaje a través del conocimiento matemático y astronómico de los mayas. Ese que sí que les permitió construir grandes ciudades, como Tikal, en la actual Guatemala.
Dos de los rasgos más importantes del conocimiento que poseían los mayas fueron la escritura y la numeración. Ellos tenían un sistema de escritura basado en glifos, parecidos a los jeroglíficos egipcios, donde cada símbolo podía identificar a una palabra o a una sílaba.
Su numeración, basada en rayas y puntos, también fue revolucionaria. ¿Por qué? Porque tenían el concepto y representación del 0. Algo tan simple como eso y que a su vez no conocimos en Europa hasta que nos llegó desde la India. Esto les permitió hacer mejores cálculos de mates.
Ay, mis odiadas matemáticas. Son la base de la arquitectura, de la ingeniería y, por supuesto, de los cálculos astronómicos que permiten realizar calendarios. Sin las matemáticas los mayas no hubiesen podido crear todo lo que crearon y su legado sería casi inexistente.
Pero lo cierto es que no tenían un único calendario, sino que poseían varios diferentes. Y principalmente destacan dos: El Tzolkin de 260 días, que servía de calendario sagrado; y el Haab' de 365 días, que se corresponde con nuestro calendario solar. En poco se equivocaron.
También existían otros calendarios, como por ejemplo el venusiano. Los mayas estaba enamorados de Venus, la estrella de la mañana. Y como si fuesen amantes celosos, vigilaban todos sus pasos. O mejor dicho, sus días, sus 584 días. Todo ello, recordemos, sin telescopios modernos.
Y luego está el calendario de la discordia, la famosa Cuenta Larga de aproximadamente 5200 años. Aquella que marcaba el fin de un ciclo para diciembre del año 2012 y que, como siempre, los ignorantes tomaron como la señal inequívoca del fin del mundo.
Pero no, el mundo no se acabó, y los charlatanes quedaron retratados una vez más como lo que son. Porque al igual que el mundo no llega a su fin cada vez que pasamos el 31 de diciembre, tampoco debía hacerlo en 2012. Aquel cálculo marcaba el fin de un ciclo, nada más.
Sin embargo, el fin de la civilización maya llegó varios siglos antes. Siendo una de sus últimas manifestaciones la construcción de Chichén Itzá, de la que se dice que tiene influencia tolteca, y su célebre Castillo de Kukulkán, con 365 escalones, como los días del año.
Poco a poco, la decadencia se instaló de forma progresiva en el mundo maya. Y aunque se pudo asistir a ciertos resurgimientos, como la unión del Mayapan, todo su mundo acabó colapsando en pequeñas regiones enfrentadas entre sí. La situación que en 1511 encontraron los españoles.
Pero, ¿Fue este el fin de los mayas como tal? Algunas raíces mayas siguieron vigentes durante la conquista española e incluso llegan hasta nuestros días. Quizás todo lo que fueron los grandes mayas queda recogido en personas que aún hablan su lengua:
Quizás el imperio maya desapareció, pero no los mayas. Ellos siguen vivos. Igual de vivas que permanecen las ruinas evocadoras de aquello que fue. El recuerdo de otra civilización portentosa que aspiraba con alcanzar el sol.
Con todo esto dicho, ¿Cuál es vuestro yacimiento maya favorito?
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El vampiro es una de las criaturas más frecuentes en el folklore mundial. Rara es la cultura que no tiene su propia versión del retornado de la tumba que regresa para parasitar a los vivos. Sin embargo, detrás de este mito también hay una metafísica.
Existen numerosas leyendas sobre cómo alguien se convierte en vampiro: una muerte violenta y terrible, la falta de un rito funerario apropiado o una maldición en el momento de morir son comunes. Pero también existe el deseo explícito de ser vampiro. Y ahí entra la magia negra.
El vampirismo esotérico es voluntario y nace tanto del miedo a la muerte física como del deseo de prolongar la vida material más allá de los límites de la naturaleza. Es en este sentido en el que podemos hablar de la existencia de una metafísica del vampirismo.
🧛🏻♂️ Drácula es el vampiro más famoso de todos los tiempos, la criatura chupasangre que habita en lo profundo de Transilvania. Sabemos que Bram Stoker se inspiró en Vlad III pero, ¿y si detrás del monstruo hubiese otra inspiración más céltica? Hablemos de muertos vivientes y mitos.
Los vampiros son criaturas que existen en los mitos y las leyendas de buena parte del mundo, adoptando muchas formas y comportamientos. Pero siempre coinciden en algo: se trata de criaturas regresadas de la tumba. Stoker no inventa al monstruo, sólo le otorga una nueva cara.
Y es de sobra conocido por todos que ese rostro está inspirado por el príncipe rumano Vlad III de Valaquia, del que se decía que cenaba entre bosques personas empaladas. Un relato que le ganó el sobrenombre de 𝘦𝘭 𝘦𝘮𝘱𝘢𝘭𝘢𝘥𝘰𝘳, aunque en Rumanía sea considerado un héroe.
Muchos de los lugares de poder que conocemos están vinculados al cristianismo: monasterios, santuarios o ermitas dedicadas a toda clase de vírgenes y santos. Pero en la gran mayoría de casos estos lugares ya eran sagrados para el mundo pagano.
Así, espíritus elementales, númenes y dioses acabaron convertidos o sincretizados con santos en la nueva religión. Cambia la forma, pervive el fondo.
¿Qué podemos encontrar tras el culto a Miguel? El ángel Miguel es considerado el principal de los siete arcángeles, el líder de los ejércitos divinos, el protector de la Iglesia y aquel que derrota al Diablo bajo la forma de un dragón o gran serpiente. Así se le suele mostrar.
La meditación es uno de los ejercicios diarios más sencillos de realizar y al mismo tiempo más beneficiosos. Por ello te voy a enseñar como llevar a cabo esta práctica de forma fácil y en pocos pasos.
Lo primero que hay que entender es que aunque la meditación forme parte central de algunas religiones, como el budismo o el hinduismo, NO se trata de una práctica vinculada a ninguna religión. Puede ser hecha por cristianos, budistas, paganos o ateos por igual.
Dicho esto, el ejercicio que planteo en sencillo: se lleva a cabo durante 5 o 10 minutos al día. Es importante que se entienda como algo gozoso y no como una obligación. No forcéis las cosas, id poco a poco y sentíos a gusto con lo que hacéis.
El sexo tiene tres dimensiones asociadas a las tres partes del ser: por un lado es reproducción, vinculado al plano físico. Por otro lado es placer, asociado con lo psicológico. Y finalmente, aunque muchas veces olvidado, también tiene una parte mágica, conectada a lo espiritual.
Sin embargo, estas tres funciones no han sido igualmente consideradas por todas las culturas ni en todos los momentos de la historia. Las civilizaciones abrahámicas, por ejemplo, han tendido a reducir el sexo a la primera función: la reproducción.
Siendo el placer algo pecaminoso y su aspecto espiritual directamente brujería. El mundo moderno, por el contrario, valora más el sexo en su aspecto placentero, relegando a un segundo plano la reproducción e ignorando por completo la magia.
Desde los tiempos remotos se ha contemplado la existencia, no sólo de lugares de poder, sino también de tiempos de poder. Periodos mágicos insertos en esa rueda del eterno retorno anual y sujetos a los ciclos naturales.
Aquellos que nos precedieron valoraban el poder que desprendían los Solsticios y los Equinoccios, así como otras fechas sagradas cuya celebración puede remontarse a la noche de los tiempos.
Precisamente una de esas mágicas noches de tiempos antiguos, sujeta a los ciclos solares, es de la que ahora procede hablar: La Noche de San Juan.