El 7 de junio de 1943, tres días después del golpe de estado contra Ramón S. Castillo y horas después de presionar al general Arturo Rawson para renunciar a un puesto al que todavía no había accedido, el general Pedro P. Ramírez asumía la presidencia de facto de la Nación.
El 4 de junio, luego de la aparición de Rawson y Ramírez en el balcón de la Casa Rosada, el desconcierto que provocó el golpe en la sociedad se refleja en varios testimonios de que diversos grupos, enfrentados por ideología, sintieron que los golpistas estaban de su lado.
De esta forma, los grupos radicales intransigentes gritaban "Viva Yrigoyen" al paso de las tropas por las calles porteñas, convencidos que la revolución venía a levantar las banderas del radicalismo.
La Acción Argentina, grupo notoriamente aliadófilo presidido por Alejandro Ceballos, da una declaración favorable al golpe y de condena al gobierno depuesto. El diario Cabildo, pro eje, manifestaba "su satisfacción por lo sucedido y lo considera un poco obra de su prédica".
El Partido Comunista declaró que el país fue sorprendido por "un golpe militar reaccionario, que se desarrolló cuando el movimiento de unidad democrática nacional estaba creciendo, y que se aprestaba a resolver por su fuerza todos los problemas que afligen al país".
Los nacionalistas proclamaban que la revolución se hacía para salvar a la patria de la demagogia radical, de la corrupción parlamentaria y, sobre todo, del comunismo, cuyas avanzadas en las universidades y secundarias del país, se manifestaban en el auge del izquierdismo.
Los partidos políticos tuvieron diferentes reacciones al momento del golpe. El radicalismo y los demócratas progresistas lo apoyaron. El gobernador cordobés, Santiago del Castillo, hombre del radicalismo, se ofreció para colaborar con el gobierno de facto.
Los socialistas se mantuvieron cautos y neutrales sobre el golpe, y no dudaron en criticar los primeros movimientos políticos de este. Algunos dirigentes como Nicolás Repetto, que se encontraba en los Estados Unidos, fueron muy críticos del movimiento militar.
Repetto declaró ante periodistas estadounidenses en Nueva York que:
El Partido Demócrata Nacional guardó silencio. Gilberto Suárez Lago, presidente del Comité Nacional del PDN, cruzó en bote al Uruguay desde Entre Ríos, ante el peligro de ser detenido, y "fusilado" (según declaraciones del general Ramírez), donde pasaría los siguientes meses.
El 4 de junio, Suárez Lago había recomendado a Castillo destituir a Ramírez por falta de lealtad al presidente, por lo tanto Lago se haría cargo del ministerio de Guerra y si los miliares no acataban la orden de volver a los cuarteles, fusilaría a Ramírez por traidor.
Los ministros de Castillo, que desembarcaron en Uruguay con el buque "Drummond" fueron volviendo al país progresivamente luego de quedarse unos días en Montevideo. Los primeros en llegar fueron Alberto Acevedo y Salvador Oría, ex ministros de Hacienda y Obras Públicas.
Los ex ministros Miguel Culacciati y Daniel Amadeo y Videla fueron detenidos por la policía al llegar a Buenos Aires, bajo orden del general Arturo Rawson, y fueron puestos a disposición de la justicia.
Otros dirigentes que regresaron buscaron refugio en embajadas de países amigos, como el ex canciller Enrique Ruiz Guiñazú, quien se refugió en la embajada chilena con su familia, que incluía a su pequeña hija Magdalena.
Los gobernadores provinciales que pertenecían al PDN, y también aquellos que pertenecían al radicalismo, aguardaban que el nuevo Poder Ejecutivo interviniera sus respectivas provincias.
Los grandes diarios también se mantuvieron cautos. La Prensa recomendó al gobierno orientarse por la Constitución Nacional. La Nación se limitó a apelar al compromiso de los hombres de gobierno; Los Principios y La Voz recomendaron "fe y solidaridad",
mientras que La Capital (Rosario) sintetizó: "Se ha cerrado un ciclo en la vida política argentina, el que trajo una revolución y se lleva otra revolución".
La prensa española recordó con afecto al presidente Castillo, que les había vendido trigo y víveres para apaliar la hambruna de la posguerra, y encargado de la construcción de naves, diciendo: "La Argentina es la base de la política española de la hispanidad".
En Nueva York consideraron que habría una considerable mejora en la situación internacional, y se estimó que el objetivo de la revolución era que el país se alineará con las demás republicas sudamericanas.
Radio Berlín explicó que la cancillería esperaría a que se aclararan los acontecimientos, pero que, dada la simpatía expresada por la prensa estadounidense ante los sucesos, suponía que el nuevo gobierno se plegaría a los aliados.
Rawson desde que ingresó a la Casa Rosada comenzó a intentar constituir el poder en su persona, pero la situación era un caos total. El general triunfante llegó a la misma acompañado por generales veteranos, y por jóvenes militares como Juan Carlos Onganía.
Se cuenta que ese día, Rawson convocó al dirigente radical Ernesto Sammartino a la Casa de Gobierno para organizar el gabinete pero era tal la situación de desorden que nadie le avisó de su presencia, por lo que luego de esperar un tiempo prudencial se retiró a su residencia.
Por la noche, Rawson fue a cenar al Jockey Club, allí le ofreció a dos veteranos políticos, José María Rosa y Horacio Calderón, que habituaban las cenas del club, los ministerios de Hacienda y Justicia respectivamente.
Al otro día, el 5 de junio, Ramón Castillo firmó en La Plata su renuncia a la presidencia. Desde ese momento, Rawson se hizo cargo de hecho del Poder Ejecutivo, hasta asumir la presidencia de facto formalmente el 7 de junio por la mañana.
Ese mismo día, el general Rawson firmó los decretos disolviendo el Congreso Nacional y declarando el estado de sitio en todo el país. También publicó una proclama firmada de su autoría, en la que denunciaba al "capital usurario" y al comunismo. Rawson, declaraba:
Horas más tarde fue clausurado el diario "La Hora", organo del Partido Comunista, por los comentarios negativas sobre la revolución que aparecieron en la edición del periodico del 4 de junio. El Litoral, diario de Santa Fe, fue suspendido por tres días por el gobierno de facto.
Por la tarde y noche del 5, Rawson se reunió con Norman Armour, embajador estadounidense en la Argentina, a quien prometió revisar la postura neutral de la Argentina en la guerra.
Más tarde se reunió con Michael Hadow, funcionario de la embajada británica, a quien Rawson le informó que el 8 de junio declararía la ruptura de relaciones con el Eje.
Mientras continuaban las reuniones dirigidas a conformar el gabinete, ese mismo día 5, en conocimiento de que se hallaban reunidos varios embajadores de países latinoamericanos, Rawson le indicó al capitán de fragata Carlos Martínez que le transmita sus saludos y les anticipe que
el martes 8 la Argentina estará en guerra con el eje, al lado de sus hermanos de América. Ese día, Rawson esperaba romper relaciones con las potencias del eje y declararles la guerra.
El sábado por la noche, tras concurrir al entierro de las víctimas de los enfrentamientos en la Escuela de la Armada, Rawson regresa a la Casa Rosada y mantiene nuevas reuniones con altos oficiales, obteniendo así el consenso para formar el gabinete.
Recién el domingo 6, Rawson concluye con el armado del gabinete, de manera tal que él mismo y sus colaboradores puedan prestar juramento el lunes 7, a las 11 de la mañana, tal cual lo anuncian los diarios.
El gabinete estaría conformado por: Domingo Martínez (canciller), Benito Sueyro (Marina), José M. Rosa (Hacienda), Segundo Storni (Interior), Pedro P. Ramírez (Guerra), Juan Pistarini (Obras Públicas), Horacio Calderón (Justicia e Inst. Pública), y Diego I. Mason (Agricultura).
Gran parte de estos hombres habían formado parte del grupo de conspiradores conocido como los "generales del Jousten" (Sueyro, Pistarini, Mason) que lideraba Rawson, mientras que los otros eran amigos personales del general triunfante.
Paralelamente, Rawson le pidió a Calderón que iniciara importantes gestiones en su nombre ante la Corte Suprema. Calderón conversó con Roberto Repetto, quien se comprometió a dar una acordada favorable si se respetaba al Poder Judicial.
Si la noticia de que el nuevo gobierno se proponía alinear al país a los aliados ya había provocado un enorme disgusto, los nombres de los futuros ministros merman aún más el escaso consenso que le queda a Rawson, en todos los frentes.
José María Rosa, conservador nacionalista y antiguo uriburista, fue impugnado por los aliadófilos en razón de que era el apoderado del diario Cabildo, de orientación pro nazi.
Horacio Calderón, liberal aliadófilo que quería ver a la Argentina alineada con Gran Bretaña y Estados Unidos, y que había servido como ministro de Victorino de la Plaza, fue rechazado por los nacionalistas al decir que servía a los intereses británicos en el país.
Por otra parte, el general Domingo Martínez, hasta días antes jefe de policía de la Capital Federal del gobierno de Ramón S. Castillo y mantenía relaciones de amistad con miembros del Partido Demócrata Nacional, carece de todo apoyo por considerárselo "castillista".
A su vez, ni los militares vinculados al radicalismo, ni los integrantes del G.O.U. aceptan el abandono de la neutralidad. El general Rawson, sin embargo, permanece impermeable a las advertencias de sus hombres más cercanos.
Con absoluto desconocimiento de las fuerzas que predominaban en el movimiento revolucionario, ignora, según sus propias declaraciones, la existencia del G.O.U., persiste en su tesis de que está ejerciendo normalmente las atribuciones de todo presidente de la República.
En el atardecer del domingo, la situación se torna tensa. En los mandos del ejército se arma una feroz interna por conflictos ideológicos y personales, pero prevalece el criterio de que es necesario desplazar a Rawson.
El coronel Elbio Anaya, jefe de Campo de Mayo, aunque aliadófilo, coincidió con los jefes del G.O.U. en que Rawson debía ser desplazado, por despecho ya que el general lo había dejado afuera del gabinete.
Los mandos del ejército autorizan a los coroneles Anaya y Montes se reúnan con Rawson para exigirle algunos cambios, usando el pretexto de que los ministro civiles que fueron propuestos por el "presidente de hecho" eran inadmisibles.
La reunión resulta infructuosa ya que Rawson les manifiesta que no se prestaría a ejercer la presidencia, si no contaba con la más amplia libertad de acción.
Pocas horas después, en la madrugada del 7 de junio, un grupo de altas oficiales, encabezados por los coroneles Enrique González y Juan Perón, lo entrevistan a Rawson, en el despacho presidencial de la Casa Rosada, para exigirle su renuncia.
Luego de esa conversación, Rawson renunció a la presidencia. Así recordaba Juan Domingo Perón los hechos de esa mañana:
Apenas se retiran esos oficiales, Rawson recibe la visita del contraalmirante Héctor Vernengo Lima para pedirle que reasumiera el mando, pues lo que le habían hecho no era más que una maniobra de tipo "nazi" con miras a que renunciara antes de que pudiera
descubrir los verdaderos propósitos de la camarilla infiltrada que lo rodean. Añadió Vernengo Lima que traía la palabra del contraalmirante Gonzalo Bustamente, comandante de la escuadra de Río, que también se comprometía a apoyar con sus cañones el regreso de Rawson al poder.
Pero Rawson, posiblemente después de percibir el escaso o nulo apoyo del Ejército, desecha la propuesta. En las primeras horas del día 7, se anuncia el desplazamiento del presidente a través de un comunicado del propio Arturo Rawson. Este decía:
Como resultado de esta crisis, el general Pedro Pablo Ramírez se hace cargo de la presidencia de facto, jurando el 7 de junio, en lugar del general Rawson, junto al almirante Sabá H. Sueyro como vicepresidente.
Organizó su gabinete con: Segundo Storni (Canciller), Alberto Gilbert (Interior), Elbio Anaya (Justicia e Inst. Pública), Alejandro Santamarina (Hacienda), Diego I. Mason (Agricultura), Ismael Galíndez (Obras Públicas), Edelmiro J. Farrell (Guerra), y Benito Sueyro (Marina).
Destacan los nombramientos de Alejandro Santamarina, miembro de la poderosa familia de hacendados, afilado al PDN, hermano del exsenador Antonio Santamarina y presidente del Banco Nación entre 1932-1943, y de Ismael Galíndez, hombre de la Marina ligado al capital extranjero.
Dentro del ministerio de Guerra, ahora controlado por el general Farrell, son nombrados el coronel Juan Domingo Perón y el teniente coronel Domingo Mercante, como secretario del ministerio y oficial mayor respectivamente.
Más allá de la heterogeneidad del gabinete, que contaba con cuatro liberales entre sus filas (Storni, Anaya, Galíndez y Santamarina), y tres de tendencia neutralista/nacionalista (Mason, Sueyro, y Farrell),
el G.O.U. se aseguraba el control del gobierno a través de Ramírez, de ideología nacionalista pero independiente y manejable, que sería derrocado mediante un golpe interno ocho meses después de asumir el mando el 7 de junio de 1943.
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El 1 de mayo de 1853 se sancionaba la Constitución Nacional de la Confederación Argentina luego de haber sido sancionada por el Congreso Constituyente reunido en la Ciudad de Santa Fe, bajo la dirección provisional del general Justo José de Urquiza.
La Constitución de 1853 se elaboró inmediatamente a la zaga de la derrota porteña en la batalla de Caseros, que dejó a Urquiza al frente de los asuntos nacionales. El 6 de abril, representantes de Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe firmaron el Protocolo de Palermo, restableciendo el Pacto Federal de 1831 y confiando a Urquiza el manejo de relaciones exteriores, además de encargarle la convocatoria a un Congreso Constituyente para el año siguiente. Se envió inmediatamente una circular a las provincias, manifestando los resultados de la reunión.
Para agilizarlo, Urquiza invitó a los gobernadores de las distintas provincias a una reunión en San Nicolás de los Arroyos. El 31 de mayo se firmó el Acuerdo de San Nicolás, estableciendo la vigencia del Pacto Federal de 1831, la convocatoria a un Congreso Constituyente en Santa Fe y la creación del cargo de Director provisorio de la Confederación Argentina, ocupado por el general Urquiza.
El 16 de abril de 1879, el general Julio Argentino Roca, ministro de Guerra y Marina durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, iniciaba la campaña militar conocida como “Campaña del Desierto” para afirmar la soberanía argentina sobre la Patagonia.
La campaña de Julio Argentino Roca constituyó la última expedición militar contra el llamado "Desierto". Las primeras fueron las desarrolladas por la provincia de Buenos Aires: la primera de ellas fue la llevada a cabo por el gobernador Martín Rodríguez entre los años 1820 y 1824; luego estuvo la liderada por el general Juan Manuel de Rosas entre principios de 1833 y marzo de 1834, durante el gobierno de Juan Ramón Balcarce en la provincia de Buenos Aires, y con el apoyo de las provincias de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza, y sus gobernadores Facundo Quiroga y Félix Aldao.
Los objetivos de las primeras campañas eran someter a la obediencia criolla a los indígenas del desierto, terminar con los malones indios que asolaban a las poblaciones fronterizas, rescatar a quienes estaban cautivos de los indígenas, incorporar tierras para la agricultura y la ganadería y efectivizar las soberanías provinciales sobre esos territorios. Además de la creación de diversos poblados durante las mismas como el caso del llamado Fuerte Independencia (hoy Tandil) por el general Martín Rodríguez durante la primera campaña al desierto llevada a cabo por el gobierno de Buenos Aires.
Entre 1855 y 1865 tuvieron lugar otras campañas de menor envergadura propiciadas tanto por el Estado de Buenos Aires, entre 1855 y 1859, y por el Estado Nacional luego de 1861. Entre estas se cuentan la campaña del coronel Bartolomé Mitre a Sierra Chica en mayo de 1855; la campaña del general Manuel Hornos a Tapalqué en octubre de 1855; y las campañas de los coroneles Emilio Mitre y Julio de Vedia contra los ranqueles de enero de 1858 y diciembre de 1862 respectivamente.
Fotografías que retratan la gira comercial encabezada por el vicepresidente Julio Argentino Roca (h) por diversos países europeos entre enero y mayo de 1933, en los que mantuvo reuniones con diversas figuras de la política europea como el presidente francés Albert Lebrun, el español Niceto Alcalá-Zamora, Alberto I de Bélgica, el primer ministro británico Ramsay MacDonald y Eduardo de Windsor, Príncipe de Gales.
La representación argentina estuvo encabezada por Roca y contó con la participación de figuras políticas, diplomáticas y técnicas de primer nivel. Integraron la delegación el diputado Miguel Ángel Cárcano, el doctor Guillermo F. Leguizamón, vinculado a empresas británicas radicadas en el país, y el embajador argentino en el Reino Unido, Manuel Malbrán. Como secretarios actuaron Toribio Ayerza y Adolfo Orma (h). El equipo se completó con un destacado cuerpo de asesores técnicos, entre los que se encontraba Raúl Prebisch, colaborador de los ministros de Hacienda y Agricultura, Alberto Hueyo y Antonio De Tomaso, respectivamente, así como los funcionarios del Ministerio de Agricultura Carlos Brebbia y Aníbal Fernández Beyro. A la delegación se sumaron además representantes de las Fuerzas Armadas: el general Basilio Pertiné y el coronel Alberto de Oliveira Cézar como agregados militares, y el capitán de navío Francisco Steward en calidad de agregado naval.
El viaje de Roca a Europa tuvo como motivo principal la firma de un nuevo acuerdo comercial con el Reino Unido que garantizase la exportación de carne enfriada a aquel país, luego de los derechos de importación y las limitaciones a las exportaciones a los países no miembros de la Commonwealth luego de la Conferencia de Ottawa de 1932. Pero más allá de eso, Roca y sus asesores negociaron nuevos pactos comerciales con España, Francia, Países Bajos y Bélgica. Al mismo tiempo, el veterano político conservador Exequiel Ramos Mexía (antiguo ministro en las presidencias de Julio Argentino Roca, José Figueroa Alcorta y Roque Sáenz Peña) realizaba un nuevo acuerdo comercial con el Reino de Italia, luego de ser enviado por el gobierno nacional como embajador extraordinario.
El 13 de abril de 1890 se constituyó la Unión Cívica como partido político, bajo la presidencia de Leandro Alem, luego de un acto masivo en el popular Frontón Buenos Aires. Dicho acto fue convocado por las distintas figuras de la oposición al gobierno de Miguel Juárez Celman y sirvieron como oradores Bartolomé Mitre, Aristóbulo Del Valle, Vicente F. López, Bernardo de Irigoyen, Pedro Goyena y el mismo Alem.
El 12 de octubre de 1886 asumieron la presidencia y vicepresidencia de la República, los doctores Miguel Juárez Celman y Carlos Pellegrini. Los primeros años de la presidencia de Juárez Celman habían sido de euforia: seguían llegando inmigrantes en grandes cantidades, continuaban las inversiones extranjeras, los ferrocarriles mantenían su expansión, se implantaban nuevas colonias y crecían las exportaciones y la renta nacional. Además de seguir una política liberal en materia de legislación civil, en lo que respecta a la organización de la familia y en la educación primaria. Durante su gobierno envió al Congreso, en el periodo de 1887, un proyecto de ley, que fue sancionado por el voto legislativo, estableciendo el matrimonio civil.
En el mismo año de 1887, Juárez Celman fue proclamado como "jefe único" del PAN, centrando en su persona la autoridad del Estado y la presidencia del partido, lo que dio nacimiento a la palabra "unicato" con que calificaron sus adversarios a su gobierno y a su política. Pronto comenzó a eliminar los obstáculos que se oponían a su nueva política. En junio de 1887 el gobernador Juan Posse (que había apoyado la candidatura de Bernardo de Irigoyen y luego de los Partidos Unidos) fue derrocado de su cargo luego de una pueblada mandada desde Buenos Aires y que contó con la participación de trabajadores del Ferrocarril Central Norte (de propiedad estatal).
Fotografía que retrata al empresario croata-argentino Nicolás Mihanovich (1846-1929), quien fuera el empresario naviero más importante de la Argentina, dominando el mercado en el Río de la Plata entre las décadas de 1880 y 1920. En octubre de 1900, la revista Caras y Caretas decía sobre el retratado: "El señor Mihanovich, que vino a estas playas sin otro capital que su actividad y su inteligencia, es un caso elocuente que puede presentarse a nuestras generaciones nuevas para animarlas a la acción".
Mihanovich nació el 21 de enero de 1846 en el pueblo de Doli, entonces parte del Reino de Dalmacia dentro del Imperio Austríaco, en el seno de una familia de marineros. A temprana edad comenzó a navegar por los mares Mediterráneo y Negro. Luego extendió sus viajes al Océano Atlántico, y en 1864, a los veinte años de edad, llegó al Río de la Plata, desembarcando en Montevideo como tripulante de la embarcación británica “City of Sydney”. En un primer momento se instaló en el Alto Paraná (Paraguay) y se dedicó al transporte fluvial, trasladando a las tropas del Ejército Aliado que participaban en la guerra de la Triple Alianza.
Para 1868 había reunido el suficiente capital y había emprendido el viaje para regresar a su pueblo natal, pero al parar en una hostería de Buenos Aires, administrada también por un croata, fue convencido de quedarse en la ciudad. En Buenos Aires conoció y comenzó a trabajar para la empresa de un genovés llamado Juan Bautista Lavarello, quien también se dedicaba al transporte fluvial. En esos tiempos el Río de la Plata tenía una ribera de muy poca profundidad, y debido a ello las embarcaciones tenían que anclarse a más de 300 metros de la costa, y las tripulaciones y cargas tenían que ser acercadas a la ciudad en botes o en carros tirados por animales. De tal forma, Mihanovich y Lavarello consiguieron un acuerdo con el gobierno nacional y comenzaron a encargarse del traslado de los pasajeros en ese corto recorrido, en el momento de las oleadas de inmigrantes europeos que llegaban al país.
El 11 de abril de 1870 era asesinado el general Justo José de Urquiza en el Palacio San José ubicado a 30km de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos. Héroe de Caseros y gran impulsor de la Organización Nacional mediante su apoyo a la sanción de la Constitución Nacional de 1853, Urquiza fue el primer presidente constitucional de la Argentina entre 1854 y 1860 y gobernador de la provincia de Entre Ríos en varías oportunidades.
Urquiza nació en la Estancia El Talar de Arroyo Largo, propiedad de su padre, el vasco José Narciso de Urquiza Álzaga, en el actual departamento de Uruguay, en Entre Ríos. Su madre era la porteña María Cándida García González, hija del marino sevillano Juan Antonio García Abrego y de María Gervasia González Monzón, descendiente de los primeros pobladores ibéricos del Río de la Plata.
Sus padres se dedicaron a la actividad rural y a la función pública, siendo fieles al Reino de España incluso después de la Revolución de Mayo en 1810, por lo cual emigraron a la Banda Oriental. La familia Urquiza regresó a Entre Ríos en 1812 y cinco años más tarde, el joven Justo José fue enviado al Colegio de San Carlos en Buenos Aires, tras lo cual se estableció en Concepción del Uruguay, dedicándose con éxito a actividades rurales y comerciales, para la cual demostró una enorme capacidad. Su hermano mayor, Cipriano de Urquiza, fue secretario y luego ministro del caudillo entrerriano, Francisco Ramírez.
Con una fortuna consolidada en la década de 1820, Urquiza incursionó en la política durante un período tumultuoso en la historia Entre Ríos, alineándose con el Partido Federal. Su participación se intensificó, y en 1826 fue elegido diputado en el congreso provincial, oponiéndose a la Constitución de 1826. A partir de 1828, asumió el cargo de comandante militar y civil de Concepción del Uruguay. Urquiza apoyo a figuras como Juan Lavalle y Ricardo López Jordán (h) en 1830. Sin embargo, tras el fracaso de estas incursiones, apoyó otra en 1831 que, al fracasar también, lo obligó a refugiarse en Santa Fe bajo la protección de Estanislao López. Más tarde, acompañó a Pascual Echagüe en una campaña militar que llevó a Echagüe a la gobernación de Entre Ríos, estableciendo un período de paz bajo la influencia de Juan Manuel de Rosas.