Brillante texto de Brassier, en el que estudia de forma crítica la antinomía de la lucha de clases formulada por Mattick y desarrollada por Théorie Communiste. Aunque en algunas partes es algo oscuro, sienta buenos fundamentos para una crítica de las teorías políticas que
tienden a transformar la lucha de clases en una antinomia, donde los aspectos contradictorios estarían fatalmente destinados a reproducirse: si el trabajo se afirma, afirma a su vez al capital. A mi juicio, estas teorías fallan al no poder concebir la contradicción en movimiento
que implica la lucha de clases, donde en el desarrollo de su lucha el proletariado puede experimentar su poder organizado como la posibilidad cada vez mayor de desarrollar sus capacidades sin la necesidad de subordinar la producción y reproducción de la vida a los imperativos del
poder enajenado del capital (lo cual, llegado el caso, implica una revolución). Si la reforma solo produce conciencia reformista (postura de algunos comunistas) o la autoorganización solo reproduce la relación capitalista (postura típica de TC), la emancipación solo puede venir
dada por un principio transcendente (base de todo utopismo): una fisura en el proceso social de vida, la introducción de una conciencia ilustrada en un tejido social irracional, una huída a los márgenes de la sociedad o una negación inmediata de las categorías de la opresión.
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El problema de la mayoría de críticas que leo hacia el concepto de proletarización es que tienden a vulgarizar su significado y transformarlo en una cuestión individual (y por extensión al grupo), en vez de entenderlo como un movimiento de la sociedad en su conjunto.
El proceso de proletarización no significa que las clases medias se arruinen y caigan de lleno en aquello que llamamos proletariado, como se habitúa a pensar. La tesis de proletarización entendida así es fácil de atacar, al igual que es fácil acusar al proyecto que la sostenga
de ser una reacción de la clase media ante su inminente "proletarización". Lo que significa, en realidad, es que las condiciones de la sociedad internacional que permitían que en algunos países hubiese asentada una clase media de forma estable, un sector de trabajadores con
Cuando consideramos el lugar de la reforma en la política de emancipación, suele ser habitual quedarnos en el nivel de la disyuntiva entre reforma y revolución. Sin embargo, tenemos que hacer un esfuerzo por distinguir los criterios que nos permitan determinar qué luchas pueden
tener lugar en el marco de la lucha general por la emancipación. Pero, sobre todo, me interesa el criterio que permita discernir, para una misma lucha, los medios adecuados para que esa lucha converja con la lucha revolucionaria y no se convierta en una lucha reformista.
Por reforma, en este hilo, cubro todo objetivo de lucha económica o política que *en sí misma* no cuestiona las determinaciones específicas del estado de cosas actual. Estas luchas pueden ser de diverso tipo, tanto de resistencia como ofensivas.
Si queremos hablar con propiedad, cuando juntamos "capital" e "impersonal" en una misma frase solo podemos referirnos al poder, al dominio o a la dependencia. El resto de usos, como que "el capital es impersonal" o que es una "relación" o "lógica impersonal" no tienen sentido.
Lo digo porque hace años que veo que se usa mal y ya no es que me de rabia, sino que, estirándolo, tiene consecuencias a nivel político. Porque esta impersonalidad presenta al capital como una Cosa omnisciente que está ahí, al margen de las personas y con vida propia.
Pero es la práctica dentro de una forma social determinada (capitalista) la que subordina el proceso de producción social a la valorización del capital, lo que produce un DOMINIO impersonal sobre burgueses y proletarios, de forma diferente. Para el burgués, el DOMINIO
Es buena noticia que cada vez en más territorios militantes de diversas tradiciones estén generando espacios de reflexión en el contexto de la derrota de la apuesta socialdemócrata que ha copado el imaginario político de izquierda durante tanto tiempo.
Pero no solo con la socialdemocracia, sino que tambien se está marcando una distancia respecto de la inoperancia de corrientes ortodoxas como el m-l(-m), el anarquismo y otras que, pese a tomar la historia como un cúmulo de eseñanzas, parecen no haber aprendido nada de ella.
Una de las claves para entender la política socialdemócrata, así como su impotencia, es que desde su prisma economía y política son dos esferas separadas astractamente y condicionadas mutuamente, ya sea en clave estructuralista o funcionalista. Esto alimenta una ilusión por la