El desgarrador destino de tres enfermeras de la Cruz Roja.
María Pilar Gullón Yturriaga.
Octavia Iglesias Blanco
Olga Pérez-Monteserín Núñez
Dentro hilo.
En el turbulento verano de 1936, en medio del fragor de la guerra que sacudía España, la ciudad de Astorga se vio envuelta en un torbellino de violencia.
Ante la urgente necesidad de personal médico y enfermeras, la congregación de las Hermanas de María organizó cursos acelerados para entrenar a voluntarias de la Cruz Roja en la noble tarea de sanar a los heridos.
Tres mujeres de Astorga respondieron al llamado con valentía: María Pilar Gullón Yturriaga, de 23 años, Octavia Iglesias Blanco, de 41, y la joven Olga Pérez-Monteserín Núñez, de tan solo 19 años.
La situación en el frente de batalla era volátil y peligrosa, con los combatientes separados a veces por escasos metros. Pero estas decididas enfermeras no se amedrentaron y fueron enviadas a la zona montañosa de Somiedo, en la frontera entre León y Asturias,
Para cuidar de los heridos que allí luchaban por sus vidas.
Sin embargo, la oscuridad de la guerra pronto cayó sobre ellas. El 27 de octubre de 1936, las milicias locales de UGT lideradas por el siniestro Genaro Arias Herrero, conocido como El Pata,
Lanzaron una ofensiva contra el pequeño hospital donde las enfermeras prestaban su humanitaria labor.
A pesar de que el médico y enfermeras tuvieron la oportunidad de huir, se negaron a abandonar a sus 14 pacientes.
El ataque fue implacable. Los milicianos ejecutaron sin piedad al médico y a los heridos, condenando a las enfermeras a un destino atroz. Capturadas, fueron sometidas a una verdadera pesadilla. Un macabro espectáculo de sadismo y brutalidad estaba a punto de desplegarse.
La crueldad de sus verdugos no conocía límites. Torturas y violaciones fueron infligidas a las indefensas mujeres durante toda la noche, mientras oían de fondo el chirrido del eje de un carro de bueyes destinado a actividades rurales,
Utilizado para camuflar sus gritos desesperados en una terrible sinfonía de dolor y sufrimiento.
En la mañana del 28 de octubre, las enfermeras, desnudas y vulnerables, fueron conducidas a un prado donde serían fusiladas.
Las milicianas, lideradas por mujeres como Felisa Fresnadillo, Josefa Santos, María Sánchez, María Soto y Consuelo Vázquez, ofrecieron su colaboración para fusilar a las prisioneras, siendo Evangelina Arienza, Dolores Sierra, y Emilia Gómez quienes apretaron el gatillo.
A pesar de la tortura y el horror que enfrentaban, su valentía no se desvaneció. Con fuerza y coraje, murieron gritando ¡Viva Cristo Rey! y ¡Viva Dios!, desafiando a sus opresores y manteniendo su fe hasta el último aliento,
Incluso haciendo caso omiso antes las promesas de libertad si gritaban ¡Viva Rusia! y ¡Viva el comunismo!
Las verdugos no mostraron piedad. Se burlaron de los cuerpos desnudos de las valientes mujeres, escarneciendo su memoria durante horas.
Finalmente, los cadáveres fueron arrojados en una fosa común cavada por otros prisioneros condenados y fusilados posteriormente, completando así un acto de vileza inhumana.
El trágico destino de estas jóvenes enfermeras conmocionó a la ciudad y más allá. La noticia de su desaparición dejó a los familiares y a la comunidad con el corazón destrozado.
Se buscaron respuestas y esperanzas en el delegado de Cruz Roja Internacional, Marcel Junod, pero en febrero de 1937, la terrible verdad se hizo evidente: habían sido cruelmente asesinadas.
Nunca antes en Europa, ninguna tropa había asesinado a enfermeras de la Cruz Roja, y mucho menos después de violarlas.
El mundo no podría olvidar esta atrocidad.
El crimen cometido contra estas valientes enfermeras marcaría un hito sombrío en la historia del Comité Internacional de la Cruz Roja. La indignación internacional fue inmensa, pero nada podría devolverles la vida y la paz que les fue arrebatada.
A principios de 1938, los restos de las tres mártires fueron repatriados a Astorga, su ciudad natal. Recibieron un funeral solemne y fueron honradas con todos los honores que merecían.
Sus cuerpos, inexplicablemente casi incorruptos, permitieron identificar perfectamente a cada una de ellas, como si quisieran ser testigos silenciosos de las atrocidades que habían sufrido.
En mayo de 2021, las tres valientes mujeres fueron finalmente beatificadas, pero ninguna ceremonia ni honores podrían borrar las memorias de los actos malvados perpetrados contra ellas.
Su legado perdura, y sus nombres se mantienen grabados en la memoria colectiva como símbolos de valentía, fe y resistencia ante la maldad que asoló la tierra en tiempos de guerra.
Que estas almas descansen en paz y que la humanidad nunca olvide la brutalidad que acecha en las profundidades más oscuras del corazón humano.
Este hilo lo podéis encontrar en mi tweet fijado dentro de la serie "Mártires olvidados en la memoria"
Aquí os dejo el tercer capítulo.
En el trasfondo de la brutalidad de la Guerra Civil, una historia se alza como testigo de una resistencia indomable.
Carmen Godoy Calvache.
Dentro hilo.
En el agitado escenario de Adra, un pintoresco puerto pesquero en Almería, nacía en 1888 Carmen Godoy Calvache. Su vida transcurriría en una época tumultuosa marcada por un entorno industrial en constante ebullición
y la irrupción de ideologías socialistas, comunistas y, sobre todo, anarquistas.
Devota desde su infancia, su fervor religioso la acompañaría a lo largo de los años.
Sacrificio en la Guerra Civil española, donde la fe arde más allá de la muerte.
Carmen García Moyón. "La francesita"
Dentro hilo.
En un trasfondo de agitación política y convulsión social, emergió una figura singular: Carmen Marie Anne García Moyon, apodada "la francesita". De raíces mixtas, con una madre francesa y un padre español,
Carmen creció en las tierras barcelonesas, abrazando inicialmente la senda de la vida religiosa al ingresar a las Hermanas Terciarias Capuchinas. Sin embargo, su alma inquieta y su fervor apostólico la llevaron a desistir de los votos perpetuos,
Una humilde monja trinitaria perseguida por su fe y su condición religiosa.
Sor Francisca de la Encarnación.
Dentro hilo.
En un rincón olvidado de la apacible ciudad de Martos, florecía la devoción en un convento trinitario. Allí, entre los muros de clausura, se encontraba la fervorosa y humilde religiosa María Francisca Espejo y Martos, conocida como Sor Francisca de la Encarnación.
Huérfana desde temprana edad, encontró refugio en el seno de su tía, Sor María del Rosario, también monja trinitaria, quien se convirtió en su guía espiritual y acogió su vocación religiosa.
Una joven gitana envuelta en una trágica y conmovedora historia de amor, lealtad y fe.
Emilia Fernández Rodríguez.
Dentro hilo.
En la lejana región de Tíjola, se alzaban las casas-gruta que los gitanos poblaban en la parte alta del pueblo, a unos 100 km de Almería ciudad. Entre aquellos intrincados caminos de tierra y piedra, vivía una joven gitana llamada Emilia Fernández Rodríguez.
Era alta, esbelta y de piel morena, con el cabello negro recogido en un elegante moño. Sus grandes ojos negros irradiaban profundidad y misterio, mientras que sus manos, agrietadas por el noble arte de fabricar canastos, revelaban su destreza en el oficio.
Una maestra ejemplar cuya vida encarnó la pedagogía divina y cuya entrega abrazó con valentía el martirio.
Dentro Hilo.
El nacimiento de Victoria, un 11 de noviembre de 1903, se produjo en el seno de una modesta y laboriosa familia de Sevilla, justo en un mundo que se agitaba en una efervescencia política y social.
La España de su época debatía entre los modelos monárquicos y republicanos, trascendiendo un período de transición entre lo que podría denominarse la "España católica tradicional, y una España impregnada de ideas socialistas y laicas".
Os dejo mi visión sobre la debacle electoral.
Una visión donde a Pedro Sánchez le ha salido mal la jugada.
¿Qué no?
Dentro hilo.
El resultado de los comicios ha dejado sumidos en asombro a todos por igual, tanto a políticos como a ciudadanos, tanto a la izquierda como a la derecha, tanto a la izquierda de la izquierda como a la derecha del centro derecha, tanto a Sánchez como a Feijóo.
Feijóo se mostraba convencido de que tomaría el gobierno, con la incertidumbre de si sería en solitario o con la intervención de Vox. Eran plenamente conscientes de que la legislatura sería ardua, con los sindicatos y otros grupos manifestándose en las calles de manera reiterada,