El 20 de septiembre de 1880, el Poder Ejecutivo Nacional, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, puso bajo jurisdicción federal el territorio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, hasta entonces capital de la Provincia de Buenos Aires. El 21 de septiembre, el Congreso Nacional sancionó la ley 1.029, que federalizó definitivamente el territorio de la Ciudad de Buenos Aires, convirtiéndola en la capital de la República Argentina.
Los intentos de establecer a la Ciudad de Buenos Aires como capital del país datan de 1826, cuando durante la presidencia de Bernardino Rivadavia, el Congreso dictó una ley de Capitalización que dispuso que la ciudad y una amplia región circundante quedara "bajo la inmediata y exclusiva dirección de la Legislatura Nacional y del Presidente de la República". El territorio a nacionalizar estaba establecido en el artículo 6 de la ley: "Corresponde a la capital del Estado todo el territorio que se comprende entre el puerto de las Conchas y el de la Ensenada; y entre el Río de la Plata y el de las Conchas, hasta el puente llamado de Márquez, y desde éste, tirando una línea paralela al Río de la Plata, hasta dar con el de Santiago."
Ante la resistencia del gobernador Juan Gregorio de Las Heras, quien envió la cuestión a la Junta de Representantes, Rivadavia decretó la extinción de la Provincia de Buenos Aires, todo cuyo territorio pasó entonces a depender del poder central. La decisión despertó un fuerte rechazo de los ganaderos bonaerenses y es considerada una de las medidas centralistas que precipitaron la caída de Rivadavia. Tras su renuncia el Poder Ejecutivo Nacional cesó en su existencia, la ley de Capitalización perdió vigencia y fue restablecida la Provincia de Buenos Aires.
Durante todo el período posterior, hasta 1852, la ciudad fue administrada directamente por el gobernador provincial. La Constitución Nacional de 1853 declaró a Buenos Aires como capital de la Confederación y estableció la nacionalización de las aduanas. Pero luego de la revolución del 11 de septiembre de 1852, que derrocó a las autoridades impuestas a Buenos Aires por el general Justo José de Urquiza, se constituyó el Estado de Buenos Aires, semi-independiente de la Confederación Argentina. En octubre de 1854, la Sala de Representantes del Estado de Buenos Aires, sanciona la ley de Municipalidad para la Capital, que por primera vez determinó la elección directa de los municipales por parroquias por parte de los vecinos. Los límites territoriales, la composición de la Municipalidad y la elección del presidente y los vicepresidentes mantenía el mismo criterio que el decreto que Urquiza había promovido luego de la batalla de Caseros. Por tal motivo, el gobierno de la Confederación Argentina estableció la ciudad de Paraná, en Entre Ríos, como capital provisoria de la misma, federalizando todo el territorio entrerriano, entre el 24 de marzo de 1854 y el 1 de mayo de 1860, cuando fue desfederalizado y restablecida la Provincia de Entre Ríos, continuando sin embargo Paraná como capital provisional de la Confederación hasta el 2 de diciembre de 1861.
La reforma de la Constitución Nacional de 1860, que tuvo lugar luego de la batalla de Cepeda y que fue condición para la reincorporación de Buenos Aires a la Confederación, modificó la referencia específica a la ciudad para precisar que la capital sería establecida por ley especial del Congreso. Ese año el Congreso dictó una nueva ley organizativa del régimen municipal de la Ciudad de Buenos Aires, a la que denominaba Capital Provisoria. La norma disponía la federalización del territorio de la Municipalidad, que estaría integrada por trece municipales titulares y cinco suplentes, manteniendo la integración de funciones ejecutivas y legislativas.
La batalla de Pavón, que tuvo lugar el 17 de septiembre de 1861, posibilitó que Buenos Aires impusiera sus condiciones para reincorporarse a la Confederación y la federalización dispuesta en 1860 resultara abstracta y sin efecto.
El 7 de junio de 1862, Mitre, como Gobernador de Buenos Aires Encargado del Poder Ejecutivo Nacional, envió un mensaje al Senado de la Nación solicitando la ley de Capital de la República y el 20 de agosto el Congreso votó la ley federalizando todo el territorio de la provincia de Buenos Aires.
Inmediatamente después, Mitre le solicitó a la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, que aceptara la federalización, pero los diputados provinciales rechazaron de plano la ley nacional.
Este intentó por parte de Mitre de federalizar Buenos Aires, llevó a la división del Partido Liberal, entre los federalistas encabezados por Mitre, que luego evolucionarían en el Partido Nacionalista y los antiguos unitarios encabezados por Valentín Alsina, que formarían el Partido Autonomista.
El conflicto fue solucionado por medio de la Ley de Compromiso del 3 de octubre de 1862, sancionada 9 días antes de la asunción de Bartolomé Mitre como presidente de la Nación. La Ley de Compromiso aplazaba la discusión sobre la capital por cinco años, mientras permitía al Gobierno Nacional residir en la Ciudad de Buenos Aires y recaudar los derechos de aduana.
En noviembre de 1865 el Congreso Nacional dictó una nueva ley de régimen municipal de la Ciudad de Buenos Aires, aunque un año después dispuso "devolver a la Provincia de Buenos Aires la Municipalidad de esta Ciudad sometida a la jurisdicción de las autoridades nacionales por la ley de residencia". En los años siguientes el Congreso intentaría en dos ocasiones declarar a la ciudad de Rosario como capital de la República, pero las sucesivas leyes fueron vetadas por el Poder Ejecutivo.
Por su parte, el 30 de octubre de 1867 la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires estableció los límites territoriales del Municipio de la Ciudad de Buenos Aires: "Por el Norte, el Arroyo de Maldonado, desde su desembocadura en el Río de la Plata hasta tocar el límite Este del terreno conocido en el plano de Sourdeaux con el nombre de Calderón; Al Oeste, una línea que, limitando los terrenos conocidos en el mismo plano con los nombres de Marcos y Lumb, termine en el ángulo sudoeste de este último terreno, y desde aquí por una línea que termine en el ángulo sudoeste del terreno designado con el nombre de Arroyo, y desde este punto hacia el este hasta tocar el ángulo noroeste del terreno Albin; desde aquí, en dirección al sud por la calle que limita las propiedades Paso Bejerano, Roy y Pereyra, hasta la intersección con la calle de la Arena, y de este punto, una recta hasta el puente Alsina; Al Sud, el Riachuelo de Barracas hasta su confluencia con el Plata; Al Este, el litoral del Plata hasta la boca del Maldonado."
En octubre de 1879, el presidente Nicolás Avellaneda se pronunció en apoyo de la candidatura presidencial de su ministro de Guerra, el general Julio Argentino Roca, quien tenía gran reconocimiento luego de encabezar la Conquista del Desierto y tenía el decisivo apoyo de la llamada Liga de Gobernadores, que encabezaba su cuñado, Miguel Juárez Celman, gobernador de Córdoba.
En ese momento se atravesaban por un clima política complicado, luego del fracaso de la política de "Conciliación de los Partidos" que el presidente Avellaneda quiso tener con el Partido Nacionalista, liderado por Bartolomé Mitre, que se hallaban en abstención electoral luego de la revolución de 1874. La política de conciliación se inició en 1877, teniendo éxito en un principio pero para mediados de 1878 política de la “Conciliación de los Partidos” había fracasado completamente debido al fallecimiento de Adolfo Alsina en los últimos días de diciembre de 1877 y por la revolución liberal-mitrista en Corrientes de febrero de 1878.
Luego de la muerte de Alsina, el Partido Republicano (conformado por un grupo de jóvenes autonomistas contrarios al acuerdo con el mitrismo, entre ellos Leandro Alem, Aristóbulo Del Valle, Roque Sáenz Peña, etc.) escindido del autonomismo por la política de la conciliación con el mitrismo, se disuelve y regresa al Partido Autonomista. Pero la unión del autonomismo no dura mucho y a fines de año se divide internamente en cuatro partes. El sector liderado por Aristóbulo Del Valle y que agrupaba a ex republicanos (apoyados por Sarmiento) se resuelven por la candidatura del sanjuanino. Los “puros” liderados por Leandro Alem y Luis Sáenz Peña apoyan a Bernardo de Irigoyen como candidato a presidente de la Nación. Dardo Rocha y su sector, que incluía a Carlos Casares, y la mayor parte del viejo autonomismo alsinista, deciden apoyar la candidatura del general Julio Argentino Roca.
Finalmente, el sector denominado “lírico”, liderado por el general Martín de Gainza, se resuelve por continuar la política de la conciliación con el mitrismo y lanzar a Carlos Tejedor, gobernador de Buenos Aires, como candidato, luego de que Mitre bajara su candidatura. Los líricos además de ser liderados por Martín de Gainza, contaban con el apoyo del vicepresidente de la Nación Mariano Acosta y de los coroneles José Inocencio Arias y de Hilario Lagos. El 1 de junio de 1879, el Partido Nacionalista y el sector lírico del Partido Autonomista, que se unifican bajo el nombre de Partido Liberal, proclaman el binomio integrado por Carlos Tejedor y por el mitrista sanjuanino Saturnino Laspiur. La fórmula Tejedor-Laspiur recibe el apoyo del gobernador correntino Felipe Cabral y de distintos grupos mitristas en las provincias de Córdoba, Mendoza, entre otras.
A fines de 1879, y mientras se preparaba la candidatura presidencial de Roca, el presidente Avellaneda había propuesto la federalización de la ciudad de Buenos Aires como solución definitiva a la "cuestión capital". Esta propuesta del presidente, convulsionó los ánimos de los porteños en torno a la carrera presidencial.
Cuando el gobierno de Avellaneda anunció la decisión de legislar la federalización de Buenos Aires, Tejedor ordenó movilizaciones militares y la formación de milicias para adiestrar a los ciudadanos en el manejo de las armas. El Congreso sancionó una ley que prohibía a las provincias la movilización sin permiso expreso federal, pero Buenos Aires la ignoró. Tras una agresiva manifestación porteña que estuvo a punto de atacar la Casa Rosada, el 17 de febrero Tejedor se reunió con Avellaneda, que se comprometió a no ocupar la capital con el Ejército.
En esos días, Tejedor lanzaba incendiaron discursos contra Avellaneda y sobre la condición del Gobierno Nacional de huésped en la Ciudad de Buenos Aires. Tras las elecciones del 11 de abril, en que la candidatura de Roca triunfó ampliamente, excepto en las provincias de Buenos Aires y Corrientes, el derrotado Tejedor ordenó la compra de una gran carga de armas; cuando el gobierno federal ordenó la requisa de un barco cargado de armas y municiones destinadas a la milicia provincial, el coronel José Inocencio Arias impidió, por orden de Tejedor, la maniobra de las fuerzas nacionales.
El 12 de junio de 1880, el gobernador de Buenos Aires Carlos Tejedor se levantó en armas contra el gobierno nacional de Nicolás Avellaneda, por el conflicto por la federalización de la ciudad de Buenos Aires, luego que el Colegio Electoral ratificará la victoria de Julio Roca. Buenos Aires y Corrientes desconocieron la victoria de Roca y se dio por comenzado el conflicto.
Ante la escalada de violencia, el presiente Nicolás Avellaneda había dispuso, por decreto, el retiro del gobierno federal de la ciudad de Buenos Aires y decretó la designación del pueblo de Belgrano, entonces no formaba parte de la Ciudad, como sede transitoria de gobierno. El Senado, la Corte y parte de la Cámara de Diputados se trasladaron allí, antes de que el Ejército Nacional al mando de Roca sitiara Buenos Aires.
En el conflicto se enfrentaron el ejército Nacional con 3000 hombres y la guardia miliciana provincial con 12.000. El resultado fue de alrededor de tres mil muertos en los quince días de junio que duró la crisis. El enfrentamiento fue particularmente cruento; tras feroces combates en Olivera, Puente Alsina, Barracas y en los Corrales (actual Parque Patricios, cerca de San José de Flores), las tropas de Tejedor fueron derrotadas.
Para el día 21 de junio quedaba claro que la causa porteña estaba perdida. Unos días más tarde el Gobierno Nacional declaró que Buenos Aires se encontraba sitiada y Tejedor nombró a Bartolomé Mitre como jefe de la defensa de la ciudad. Una vez nombrado, Mitre comenzó las tratativas con el Gobierno Nacional para terminar con el levantamiento. El día 30, el gobernador Carlos Tejedor presentó su renuncia. El Congreso, desde la sede provisoria de Belgrano, situada en el edificio del actual Museo Histórico Sarmiento, decidió intervenir la Provincia de Buenos Aires y disolvió la legislatura porteña.
El 24 de agosto de 1880, Avellaneda presentó un proyecto de ley por el cual se declaraba a Buenos Aires capital de la República y se la ponía bajo control directo federal; el 21 de septiembre la ley fue aprobada, y el 6 de diciembre fue promulgada por el nuevo presidente Julio Argentino Roca.
En octubre de 1882, el gobierno nacional dictó la ley 1260 sobre la Organización de la Municipalidad de la Capital Federal. En ella se decidió que la Ciudad estaría encabezada por la figura unipersonal del intendente, electo por el presidente de la Nación con acuerdo del Senado. El primer intendente designado de acuerdo al nuevo sistema fue Torcuato de Alvear, padre del futuro presidente Marcelo T. de Alvear, en 1883. Desde su nueva posición como intendente, Alvear llevó a cabo amplios proyectos de obras públicas para lograr la transformación de la Capital Federal, desde su previo aspecto colonial a una ciudad mundial moderna, copiando muchas de las reformas estéticas de París, desde el diseño de parques y paseos hasta el proyecto de avenidas del Barón Haussmann.
Tras la federalización de Buenos Aires rápidamente las fuerzas políticas tomaron conciencia de que el territorio de la Municipalidad de la Capital era exiguo en el marco de la fuerte expansión que vivía Buenos Aires. Por tal motivo, el 28 de octubre de 1884 la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires cedió a la Nación parte del territorio de los partidos de San José de Flores y de Belgrano.
Entre otras condiciones, la Provincia acordó que no se vería afectada su representación en el Congreso Nacional, que mantendría en forma exclusiva "la legislación y jurisdicción de los ferrocarriles del Sud, del Oeste, del Norte y de la Boca y Ensenada", y que el Gobierno Nacional se comprometería a la construcción de "un boulevard de cien metros de ancho, cuando menos, en el límite del territorio cedido", origen de la Avenida General Paz.
Tres años más tarde, en 1887, la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires rectificó la ley anterior para ceder a la Capital Federal la totalidad del territorio de los partidos de Belgrano y San José de Flores. Las condiciones indispensables reiteran la conservación de la representación en el Congreso y la construcción de un boulevard, aunque no lo referido a los ferrocarriles.
La ley definitiva, aprobado por decreto nacional en 1888, implicó que la Provincia cediera parte del territorio del partido de San Martín para recibir en compensación porciones de los antiguos partidos de Belgrano y San José de Flores que quedaban por fuera del perímetro de la Capital Federal.
Antes de la anexión de los partidos de Belgrano y Flores, la Ciudad de Buenos Aires contaba con unos 400.000 habitantes distribuidos en una reducida superficie. En los nuevos territorios habitaban poco más de 25.000 personas en terrenos mayormente rurales. En las décadas siguientes, la Municipalidad de la Capital se abocaría a distintos proyectos de zonificación y urbanización de la totalidad del territorio porteño, notablemente a través de la Comisión de Estética Edilicia creada durante la intendencia de Carlos M. Noel, entre los años 1922 y 1928.
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El 6 de mayo de 1955, el presidente Juan Domingo Perón aprobó el contrato con la Standard Oil Company, empresa petrolera estadounidense, para la explotación de petróleo en la provincia de Santa Cruz, que había firmado Orlando Santos, ministro de Industria, con Owen J. Haynes, gerente del departamento de producción de la empresa, el 25 de abril de ese año.
Entre 1949 y 1952, la Argentina atravesó una profunda crisis económica que provocó la caída del salario real, un acelerado aumento de la inflación y, en consecuencia, un fuerte encarecimiento del costo de vida. La situación estuvo vinculada al deterioro del comercio exterior, que redujo las exportaciones agropecuarias y debilitó la posición argentina en el mercado mundial, así como a los bajos niveles de productividad y al estancamiento de la producción industrial, afectada además por la escasez de energía eléctrica.
A estos problemas se sumaban dificultades arrastradas desde los años anteriores, entre ellas la disminución de las reservas argentinas en oro y divisas y el crecimiento de la deuda comercial con bancos estadounidenses. Durante la posguerra, la Argentina había cuadruplicado sus importaciones provenientes de los Estados Unidos, pero no logró incrementar sus exportaciones hacia ese mercado en una proporción equivalente. La situación se agravó aún más por las malas cosechas registradas entre 1950 y 1952, producto de prolongadas sequías que afectaron severamente la producción agropecuaria y redujeron el ingreso de divisas al país.
Para hacer frente a los problemas que afectaban a la economía argentina, el presidente Juan Domingo Perón decidió modificar el rumbo económico que el país había seguido desde 1944. El primer paso en ese cambio fue el anuncio del Plan Económico de 1952, presentado en febrero de ese año. A través de un mensaje difundido a través de Cadena Nacional, Perón expuso un programa de austeridad económica destinado a contener la crisis y reorganizar la producción nacional.
En un tono sobrio, el presidente señaló que durante los cinco años anteriores “no hemos pedido al pueblo ningún esfuerzo extraordinario y menos aún el menor sacrificio para realizar su felicidad y consolidar la grandeza de la Patria”, aunque advirtió que había llegado el momento de adoptar una política basada en una reducción del consumo y un aumento de la productividad. El mensaje presidencial dejaba en claro que el gobierno daría prioridad al estímulo de los sectores agrícola y ganadero, garantizando precios sostén y eliminando determinadas restricciones laborales en establecimientos rurales y frigoríficos.
El 1 de mayo de 1958, el doctor Arturo Frondizi asumió la presidencia de la Nación. Llegó al Poder Ejecutivo en un contexto político y social particularmente complejo, marcado por las consecuencias del derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955 y por la etapa abierta bajo el gobierno de la Revolución Libertadora. Su primer año de administración pondría de manifiesto las enormes dificultades que implicaba gobernar en aquel período de la vida nacional.
Frondizi accedió a la presidencia tras su triunfo en los comicios del 23 de febrero de 1958. El apoyo de Perón a su candidatura, sumado a respaldos diversos que iban desde el Partido Comunista hasta sectores católicos y nacionalistas, permitió al candidato de la UCRI obtener una victoria abrumadora. Con 4.070.000 votos, casi dos millones más que los obtenidos por su fuerza en las elecciones constituyentes de julio de 1957, Frondizi derrotó ampliamente a Ricardo Balbín. El triunfo no se limitó a la elección presidencial. La UCRI obtuvo 133 de las 187 bancas de la Cámara de Diputados, asumió el control de todos los gobiernos provinciales y conquistó la totalidad de las bancas del Senado. Este resultado ofrecía a Frondizi una base institucional excepcionalmente sólida, algo que el propio presidente electo consideraba indispensable para iniciar su gobierno con el mayor respaldo posible. Según la perspectiva de Rogelio Frigerio, esa fortaleza política permitiría al nuevo gobierno resistir las presiones de quienes “trataban de desvirtuar el sentido revolucionario, transformador del gobierno”.
El 1 de mayo, Frondizi asumió la presidencia de la Nación. En su discurso inaugural enumeró los principales objetivos de su gobierno y precisó las medidas mediante las cuales esperaba encaminar al país hacia el desarrollo nacional. El eje central de su programa estaba puesto en la economía, especialmente en la necesidad de impulsar las industrias pesadas y alcanzar el autoabastecimiento de petróleo. Frondizi anunció, además, su decisión de asumir una responsabilidad directa sobre YPF, al tiempo que señaló que el capital extranjero sería necesario para acelerar el crecimiento económico. Consciente de que las tensiones sociales podían obstaculizar ese proceso, comprometió a su gobierno con una política de aumento salarial y con la devolución del control del movimiento obrero, incluida la CGT, a los dirigentes que los propios trabajadores eligieran, sin interferencia oficial.
El 1 de mayo de 1853 se sancionaba la Constitución Nacional de la Confederación Argentina luego de haber sido sancionada por el Congreso Constituyente reunido en la Ciudad de Santa Fe, bajo la dirección provisional del general Justo José de Urquiza.
La Constitución de 1853 se elaboró inmediatamente a la zaga de la derrota porteña en la batalla de Caseros, que dejó a Urquiza al frente de los asuntos nacionales. El 6 de abril, representantes de Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe firmaron el Protocolo de Palermo, restableciendo el Pacto Federal de 1831 y confiando a Urquiza el manejo de relaciones exteriores, además de encargarle la convocatoria a un Congreso Constituyente para el año siguiente. Se envió inmediatamente una circular a las provincias, manifestando los resultados de la reunión.
Para agilizarlo, Urquiza invitó a los gobernadores de las distintas provincias a una reunión en San Nicolás de los Arroyos. El 31 de mayo se firmó el Acuerdo de San Nicolás, estableciendo la vigencia del Pacto Federal de 1831, la convocatoria a un Congreso Constituyente en Santa Fe y la creación del cargo de Director provisorio de la Confederación Argentina, ocupado por el general Urquiza.
El 16 de abril de 1879, el general Julio Argentino Roca, ministro de Guerra y Marina durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, iniciaba la campaña militar conocida como “Campaña del Desierto” para afirmar la soberanía argentina sobre la Patagonia.
La campaña de Julio Argentino Roca constituyó la última expedición militar contra el llamado "Desierto". Las primeras fueron las desarrolladas por la provincia de Buenos Aires: la primera de ellas fue la llevada a cabo por el gobernador Martín Rodríguez entre los años 1820 y 1824; luego estuvo la liderada por el general Juan Manuel de Rosas entre principios de 1833 y marzo de 1834, durante el gobierno de Juan Ramón Balcarce en la provincia de Buenos Aires, y con el apoyo de las provincias de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza, y sus gobernadores Facundo Quiroga y Félix Aldao.
Los objetivos de las primeras campañas eran someter a la obediencia criolla a los indígenas del desierto, terminar con los malones indios que asolaban a las poblaciones fronterizas, rescatar a quienes estaban cautivos de los indígenas, incorporar tierras para la agricultura y la ganadería y efectivizar las soberanías provinciales sobre esos territorios. Además de la creación de diversos poblados durante las mismas como el caso del llamado Fuerte Independencia (hoy Tandil) por el general Martín Rodríguez durante la primera campaña al desierto llevada a cabo por el gobierno de Buenos Aires.
Entre 1855 y 1865 tuvieron lugar otras campañas de menor envergadura propiciadas tanto por el Estado de Buenos Aires, entre 1855 y 1859, y por el Estado Nacional luego de 1861. Entre estas se cuentan la campaña del coronel Bartolomé Mitre a Sierra Chica en mayo de 1855; la campaña del general Manuel Hornos a Tapalqué en octubre de 1855; y las campañas de los coroneles Emilio Mitre y Julio de Vedia contra los ranqueles de enero de 1858 y diciembre de 1862 respectivamente.
Fotografías que retratan la gira comercial encabezada por el vicepresidente Julio Argentino Roca (h) por diversos países europeos entre enero y mayo de 1933, en los que mantuvo reuniones con diversas figuras de la política europea como el presidente francés Albert Lebrun, el español Niceto Alcalá-Zamora, Alberto I de Bélgica, el primer ministro británico Ramsay MacDonald y Eduardo de Windsor, Príncipe de Gales.
La representación argentina estuvo encabezada por Roca y contó con la participación de figuras políticas, diplomáticas y técnicas de primer nivel. Integraron la delegación el diputado Miguel Ángel Cárcano, el doctor Guillermo F. Leguizamón, vinculado a empresas británicas radicadas en el país, y el embajador argentino en el Reino Unido, Manuel Malbrán. Como secretarios actuaron Toribio Ayerza y Adolfo Orma (h). El equipo se completó con un destacado cuerpo de asesores técnicos, entre los que se encontraba Raúl Prebisch, colaborador de los ministros de Hacienda y Agricultura, Alberto Hueyo y Antonio De Tomaso, respectivamente, así como los funcionarios del Ministerio de Agricultura Carlos Brebbia y Aníbal Fernández Beyro. A la delegación se sumaron además representantes de las Fuerzas Armadas: el general Basilio Pertiné y el coronel Alberto de Oliveira Cézar como agregados militares, y el capitán de navío Francisco Steward en calidad de agregado naval.
El viaje de Roca a Europa tuvo como motivo principal la firma de un nuevo acuerdo comercial con el Reino Unido que garantizase la exportación de carne enfriada a aquel país, luego de los derechos de importación y las limitaciones a las exportaciones a los países no miembros de la Commonwealth luego de la Conferencia de Ottawa de 1932. Pero más allá de eso, Roca y sus asesores negociaron nuevos pactos comerciales con España, Francia, Países Bajos y Bélgica. Al mismo tiempo, el veterano político conservador Exequiel Ramos Mexía (antiguo ministro en las presidencias de Julio Argentino Roca, José Figueroa Alcorta y Roque Sáenz Peña) realizaba un nuevo acuerdo comercial con el Reino de Italia, luego de ser enviado por el gobierno nacional como embajador extraordinario.
El 13 de abril de 1890 se constituyó la Unión Cívica como partido político, bajo la presidencia de Leandro Alem, luego de un acto masivo en el popular Frontón Buenos Aires. Dicho acto fue convocado por las distintas figuras de la oposición al gobierno de Miguel Juárez Celman y sirvieron como oradores Bartolomé Mitre, Aristóbulo Del Valle, Vicente F. López, Bernardo de Irigoyen, Pedro Goyena y el mismo Alem.
El 12 de octubre de 1886 asumieron la presidencia y vicepresidencia de la República, los doctores Miguel Juárez Celman y Carlos Pellegrini. Los primeros años de la presidencia de Juárez Celman habían sido de euforia: seguían llegando inmigrantes en grandes cantidades, continuaban las inversiones extranjeras, los ferrocarriles mantenían su expansión, se implantaban nuevas colonias y crecían las exportaciones y la renta nacional. Además de seguir una política liberal en materia de legislación civil, en lo que respecta a la organización de la familia y en la educación primaria. Durante su gobierno envió al Congreso, en el periodo de 1887, un proyecto de ley, que fue sancionado por el voto legislativo, estableciendo el matrimonio civil.
En el mismo año de 1887, Juárez Celman fue proclamado como "jefe único" del PAN, centrando en su persona la autoridad del Estado y la presidencia del partido, lo que dio nacimiento a la palabra "unicato" con que calificaron sus adversarios a su gobierno y a su política. Pronto comenzó a eliminar los obstáculos que se oponían a su nueva política. En junio de 1887 el gobernador Juan Posse (que había apoyado la candidatura de Bernardo de Irigoyen y luego de los Partidos Unidos) fue derrocado de su cargo luego de una pueblada mandada desde Buenos Aires y que contó con la participación de trabajadores del Ferrocarril Central Norte (de propiedad estatal).