El 11 de abril de 1870 era asesinado el general Justo José de Urquiza en el Palacio San José ubicado a 30km de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos. Héroe de Caseros y gran impulsor de la Organización Nacional mediante su apoyo a la sanción de la Constitución Nacional de 1853, Urquiza fue el primer presidente constitucional de la Argentina entre 1854 y 1860 y gobernador de la provincia de Entre Ríos en varías oportunidades.
Urquiza nació en la Estancia El Talar de Arroyo Largo, propiedad de su padre, el vasco José Narciso de Urquiza Álzaga, en el actual departamento de Uruguay, en Entre Ríos. Su madre era la porteña María Cándida García González, hija del marino sevillano Juan Antonio García Abrego y de María Gervasia González Monzón, descendiente de los primeros pobladores ibéricos del Río de la Plata.
Sus padres se dedicaron a la actividad rural y a la función pública, siendo fieles al Reino de España incluso después de la Revolución de Mayo en 1810, por lo cual emigraron a la Banda Oriental. La familia Urquiza regresó a Entre Ríos en 1812 y cinco años más tarde, el joven Justo José fue enviado al Colegio de San Carlos en Buenos Aires, tras lo cual se estableció en Concepción del Uruguay, dedicándose con éxito a actividades rurales y comerciales, para la cual demostró una enorme capacidad. Su hermano mayor, Cipriano de Urquiza, fue secretario y luego ministro del caudillo entrerriano, Francisco Ramírez.
Con una fortuna consolidada en la década de 1820, Urquiza incursionó en la política durante un período tumultuoso en la historia Entre Ríos, alineándose con el Partido Federal. Su participación se intensificó, y en 1826 fue elegido diputado en el congreso provincial, oponiéndose a la Constitución de 1826. A partir de 1828, asumió el cargo de comandante militar y civil de Concepción del Uruguay.
Urquiza apoyo a figuras como Juan Lavalle y Ricardo López Jordán (h) en 1830. Sin embargo, tras el fracaso de estas incursiones, apoyó otra en 1831 que, al fracasar también, lo obligó a refugiarse en Santa Fe bajo la protección de Estanislao López. Más tarde, acompañó a Pascual Echagüe en una campaña militar que llevó a Echagüe a la gobernación de Entre Ríos, estableciendo un período de paz bajo la influencia de Juan Manuel de Rosas.
Urquiza fue nombrado por Echagüe comandante de toda la costa del río Uruguay, con el grado de coronel. Durante la década de 1830, Urquiza se convirtió en uno de los hacendados y comerciantes más ricos del país, consolidando una red de clientelismo económico que le proporcionaría apoyo político.
A mediados de 1838, la tranquilidad de la provincia se vio amenazada por la sublevación de Fructuoso Rivera en Uruguay y la muerte de Estanislao López en Santa Fe. La primera provincia en rebelarse militarmente contra Rosas fue Corrientes. Su gobernador, Genaro Berón de Astrada, retiró la delegación de las relaciones exteriores a Rosas y le declaró la guerra, como así también a Echagüe. Berón tuvo que enfrentar con sus solas fuerzas el ataque que le lanzó Echagüe, uno de cuyos jefes de división era Urquiza. Los ejércitos se encontraron en la batalla de Pago Largo, cerca de Curuzú Cuatiá, el 31 de marzo de 1839. Fue una completa victoria de los federales, en la que Urquiza tuvo una actuación destacada, y Berón resultó muerto en la persecución que siguió a la batalla.
Después de instalar un gobernador federal en Corrientes, Pascual Echagüe, al mando de su ejército, se trasladó a Uruguay, donde fue derrotado por Fructuoso Rivera en la batalla de Cagancha el 29 de diciembre. En este enfrentamiento, la indecisión del general Lavalleja tuvo más peso que la destacada actuación de Urquiza. Esta derrota marcó un quiebre en las relaciones entre Urquiza y Echagüe.
En la ausencia de Echagüe, Lavalle invadió Entre Ríos y luego avanzó hacia Corrientes en 1840. Mientras Urquiza controlaba la costa del Uruguay, Echagüe enfrentó a Lavalle en dos batallas indecisas. Urquiza tuvo un papel crucial al derrotar a uno de los coroneles unitarios en Arroyo del Animal, cerca de Gualeguay. Posteriormente, Lavalle se dirigió a la provincia de Buenos Aires, donde intentó ocupar la capital pero fue derrotado sin resistencia. Luego, emprendió una marcha hacia el norte, enfrentando la derrota en Tucumán y encontrando la muerte en Jujuy. En los meses siguientes, Echagüe invadió Corrientes, mientras Urquiza se encargaba de proteger las espaldas. El nuevo comandante correntino, José María Paz, logró una victoria contundente sobre Echagüe en la batalla de Caaguazú el 28 de noviembre de 1841.
Poco después de la derrota venció el cuarto mandato de Echagüe. El 15 de diciembre de 1841, la legislatura eligió gobernador a Justo José de Urquiza. En su mandato realizó unas aplaudidas reformas económicas y educativas, éxitos que le proporcionaron gran prestigio en el país y entre los exiliados liberales.
Urquiza gobernaba desde Concepción del Uruguay o su campamento militar en Calá. Durante su mandato, promovió el desarrollo económico al proteger la ganadería, facilitar la instalación de saladeros de carne vacuna, mejorar infraestructuras como caminos y puertos, e impulsar la instalación de molinos de agua. Además, fomentó pequeñas industrias y estableció un riguroso control fiscal, dando gran atención a la eficiencia de los funcionarios y empleados. Logró reducir el gasto público sin descuidar las funciones del estado y transparentó las finanzas mediante la publicación mensual de gastos e ingresos a través de la prensa.
Su principal enfoque fue la educación, expandiendo las escuelas primarias existentes y fundando nuevas escuelas secundarias públicas y modernas. La primera de estas instituciones fue la de Paraná, dirigida por Manuel Erausquin, y tras conflictos con el gobierno de esa ciudad, los profesores se trasladaron al Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, otro proyecto de Urquiza, donde se educarían futuros presidentes de la Nación. En su gestión, se crearon periódicos, teatros, escuelas secundarias para mujeres y bibliotecas públicas. Urquiza atrajo a su provincia a emigrados ilustres, principalmente federales antirrosistas como Pedro Ferré, Manuel Leiva y Nicasio Oroño, pero también unitarios como Marcos Sastre, generando un ambiente más libre que en otras ciudades del país.
Este ambiente de libertad contrastaba significativamente con la situación en Buenos Aires, captando la atención de los exiliados antirrosistas. Personajes destacados como Domingo Faustino Sarmiento, Esteban Echeverría o el general José María Paz empezaron a vislumbrar en Urquiza al líder capaz de convocar un congreso constituyente y derrocar a Rosas. Para 1850, la provincia de Entre Ríos se destacaba como un bastión de las ideas más progresistas y liberales. Se había convertido en una de las provincias más prósperas de la Confederación. Atraía a inversores extranjeros y a los emigrados de otras provincias del país.
A pesar del asedio y la guerra en Montevideo, Urquiza logró mantener abiertos los puertos de su provincia al comercio con esa ciudad, a pesar de que desde la perspectiva de Rosas esto era considerado contrabando. Sin embargo, debido a la necesidad de Rosas de contar con el apoyo de Urquiza, permitió esta actividad de facto.
Rosas sostenía que, dado que el país no estaba en paz, no era el momento adecuado para sancionar una constitución. Sin embargo, su política exterior mantenía un constante estado de conflicto, lo que llevó a acusaciones de mantener a la Confederación en guerra para postergar indefinidamente la sanción constitucional. En 1850, cuando Montevideo estaba a punto de caer, el Imperio del Brasil decidió apoyar a la ciudad sitiada. Rosas respondió iniciando acciones bélicas contra el Imperio, lo que algunos opositores interpretaron como una estrategia para posponer la sanción de la Constitución. Urquiza compartió esta interpretación, aunque no mostró señales claras en ese sentido.
Rosas designó a Urquiza como comandante del ejército de operaciones contra Brasil, enviándole armamento y refuerzos, pero al mismo tiempo le exigió que suspendiera el comercio con Montevideo, lo que arruinaría la economía de su provincia, además de creer que Rosas abría un nuevo frente para seguir postergando la organización constitucional. Por tal motivo, Urquiza comenzó a contactar a emigrados de Montevideo, gobernadores provinciales, como Benjamín Virasoro de Corrientes, y representantes del Imperio del Brasil, buscando apoyo financiero y la seguridad para enfrentar a Rosas, lo que le fue asegurado. La preocupación principal de los gobernadores Urquiza y Virasoro era la de liberar el comercio fluvial y ultramarino, pero también reclamaban su participación en los ingresos de la Aduana de Buenos Aires.
El 1 de mayo de 1851, la legislatura entrerriana da a conocer un documento conocido como el “Pronunciamiento de Urquiza”, donde el gobernador se opone a Rosas aceptando su renuncia a ejercer las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina (que Rosas presentaba cada año, a sabiendas de que esta sería rechazada). El pronunciamiento de Urquiza consistió en la efectiva aceptación de la renuncia de Rosas por parte de la Provincia de Entre Ríos, que reasumía su capacidad de conducir su comercio y relaciones exteriores con otras naciones hasta tanto no se formalizara la constitución de una República. El Pronunciamiento significó la ruptura definitiva de las relaciones entre Urquiza y Rosas y el comienzo de la guerra. Solo la provincia de Corrientes apoyaría a Urquiza, mientras que el resto lo repudiaron públicamente. Rosas no aceptaría la renuncia, y permaneció en el cargo. Urquiza se convertiría allí en el caudillo de los federales antirrosistas e iniciaba la lucha contra el centralismo de Buenos Aires.
El Pronunciamiento significó la ruptura definitiva de las relaciones entre Urquiza y Rosas y el comienzo de la guerra. Solo la provincia de Corrientes apoyaría a Urquiza, mientras que el resto lo repudiaron públicamente. Rosas no aceptaría la renuncia, y permaneció en el cargo. Urquiza se convertiría allí en el caudillo de los federales antirrosistas e iniciaba la lucha contra el centralismo de Buenos Aires.
La prensa porteña reaccionó indignada por esta "traición"; todos los demás gobernadores de la Confederación Argentina lanzaron anatemas y amenazas públicas contra Urquiza, tildándolo de loco, traidor y salvaje unitario. En los meses siguientes, la mayor parte de ellos hizo nombrar a Rosas "Jefe Supremo de la Nación", esto es, un presidente sin título de tal, ni Congreso que lo controlara. Pero ninguno se movió en su defensa.
Luego de la invasión por parte de Entre Ríos al Uruguay en julio de 1851, y su siguiente ocupación que terminó con la renuncia del general Manuel Oribe a la presidencia del Uruguay y con el fin del sitio de Montevideo, las fuerzas comandadas por el general Justo José de Urquiza pasaron a llamarse Ejército Grande. Las tropas aliadas se componían de 27.000 hombres, en su mayoría correntinos, entrerrianos y exiliados argentinas pero también uruguayos y brasileños. Otros 10.000 hombres quedaron de reserva en Colonia del Sacramento (llamado Ejército Chico). Rosas en ese momento disponía de 25.000 hombres.
Con las tropas del Ejército Grande, Urquiza derrotó al gobernador Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, lo que puso fin a sus 17 años de gobierno. Rosas se exilió en Inglaterra, y Urquiza asumió por sí mismo el gobierno provincial. Recién quince días más tarde, el general Urquiza entró triunfante en Buenos Aires, durante un desfile y montando el caballo de Rosas, y nombró a Vicente López y Planes como gobernador de la provincia.
Al llegar a Buenos Aires, Urquiza envió una misión para explicar su intención de restablecer el Pacto Federal y organizar constitucionalmente el país. Bernardo de Irigoyen logró que las provincias delegaran en Urquiza el manejo de relaciones exteriores y aceptaran el proyecto de organización nacional. El 6 de abril, representantes de Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe firmaron el Protocolo de Palermo, restableciendo el Pacto Federal y confiando a Urquiza el manejo de relaciones exteriores, además de encargarle la convocatoria a un Congreso Constituyente. Para agilizarlo, Urquiza invitó a los gobernadores a una reunión en San Nicolás de los Arroyos. El 31 de mayo se firmó el Acuerdo de San Nicolás, estableciendo la vigencia del Pacto Federal de 1831, la convocatoria a un congreso constituyente en Santa Fe y la creación del cargo de Director provisorio de la Confederación Argentina, ocupado por Urquiza.
Como Director Provisional de la Confederación Argentina convocó al Congreso Constituyente, prohibió la confiscación de bienes en toda la Nación, abolió la pena de muerte por delitos políticos y declaró que el producto de las aduanas exteriores era un ingreso de la Nación. Reconoció a nombre de la Confederación la independencia del Paraguay, que nunca había sido reconocida por Rosas. A continuación declaró libre la navegación de los ríos por dos decretos de agosto y octubre de 1852 y abrió las puertas argentinas al comercio internacional.
El 11 de septiembre de 1852 estalló un levantamiento militar con apoyo civil contra la autoridad de Urquiza y su delegado, que se embarcó hacia Entre Ríos; incluso los antiguos rosistas se unieron a la revolución. Restablecida, la Sala de Representantes desconoció al Congreso Constituyente, ordenó el regreso de los dos diputados porteños a la misma y reasumió el manejo de sus relaciones exteriores. En Buenos Aires habían surgido dos grupos políticos: los federales o urquicistas, partidarios de la organización nacional bajo un poder federal y por otro lado, el Partido Liberal, heterogéneo, abogaba por la ruptura con la Confederación y se oponían a Urquiza, viéndolo como un caudillo que buscaba dominar la provincia, proponiendo incluso la secesión de Buenos Aires. De este segundo grupo participaron muchos antiguos rosistas.
En un primer momento, Urquiza ocupó San Nicolás de los Arroyos, decidido a volver a Buenos Aires. Pero allí tuvo conocimiento que el apoyo con que contaba la revolución era mayor que el esperado, y que incluso los federales se habían plegado a ella, de modo que regresó a Entre Ríos. A partir de ese momento, el llamado Estado de Buenos Aires se manejó como un país independiente de la Confederación. Tras un breve interinato del general Manuel Pinto, en octubre fue nombrado gobernador Valentín Alsina.
El 1 de mayo de 1853 bajo su mandato como Director Provisional de la Confederación Argentina se sancionó la Constitución Nacional, durante las sesiones del Congreso Constituyente en la ciudad de Santa Fe.
El 20 de febrero de 1854 tuvieron lugar las primeras elecciones bajo la Constitución Nacional, allí Urquiza fue elegido presidente de la Nación junto a Salvador del Carril como vicepresidente. Asumió la presidencia el 5 de marzo de ese año en Paraná, capital provisional de la Confederación Argentina luego de la nacionalización de toda la provincia de Entre Ríos.
Durante su presidencia se formaron las primeras colonias agrícolas formadas por colonos europeos en el interior de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. La primera colonia agrícola exitosa fue la de Esperanza en Santa Fe, fundada por Aarón Castellanos en 1855. También fundó por iniciativa propia la Colonia San José en 1857, ubicada en el departamento de Colón en tierras de la propiedad del general Urquiza, que fue poblada por 530 inmigrantes suizos, franceses e italianos.
En su mandato, Urquiza nacionalizó el Colegio y la Universidad de Córdoba y el Colegio de Concepción del Uruguay; hizo construir edificios públicos en Paraná, pero la Confederación no tenía recursos políticos ni económicos para llevar adelante grandes iniciativas públicas. Se intentó inicialmente la creación de un ferrocarril para unir la ciudad de Rosario, que experimentaba un rápido crecimiento y estaba en camino de convertirse en la más poblada del interior, con Chile, favoreciendo en su camino zonas desérticas. Sin embargo, los primeros estudios arrojaron resultados desalentadores. Ante este desafío, el gobierno consideró la posibilidad de combinar este proyecto con la construcción de un ferrocarril a Córdoba, que financiara la conexión con Chile. El plan, diseñado por el ingeniero William Wheelwright, no pudo ser llevado a cabo por falta de recursos financieros por parte del gobierno de la Confederación.
Ante la ausencia de un ferrocarril, se modernizaron las comunicaciones mediante la creación de "mensajerías", empresas privadas encargadas de transportar pasajeros, correspondencia y cargas de alto valor en galeras. Estas mensajerías conectaban la mayoría de las ciudades del país, ofreciendo un medio de transporte eficiente que también recorría el interior de la provincia de Buenos Aires. Este sistema proporcionó una solución temporal para mejorar las comunicaciones en ausencia de una red ferroviaria.
Durante casi la mitad del tiempo de su gobierno, Urquiza no residió en Paraná, sino que gobernaba desde el Palacio San José, que se estaba construyendo cerca de Concepción del Uruguay. Durante sus ausencias lo reemplazó Del Carril, como establece la Constitución, pero este tenía muy malas relaciones con el ministro del interior, Santiago Derqui; con el tiempo, ambos terminaron liderando partidos opuestos dentro del mismo gobierno y Urquiza tuvo que intervenir de manera más completa.
En materia de relaciones exteriores, durante el gobierno de Urquiza se envió a Juan Bautista Alberdi como representante de la Confederación ante la corona española, logrando la firma de un tratado con España el 9 de julio de 1859, por el cual la antigua metrópoli reconocía la independencia argentina; el mismo fue rechazado por Buenos Aires, debido a que se reconocía la ciudadanía española de los hijos de españoles nacidos en la Argentina, esto es, el ius sanguinis, lo que significaba convertir a la muy necesaria inmigración en una amenaza a la nacionalidad argentina. También se reiniciaron relaciones diplomáticas con el Estado del Vaticano, con la cual la Argentina no había tenido relación alguna desde las discusiones sobre el patronato eclesiástico durante la década de 1830.
En 1859, nuevos conflictos entre la Confederación Argentina y Buenos Aires llevaron a una nueva guerra civil, donde Urquiza, comandando los Ejércitos de la Confederación, venció a las fuerzas de Buenos Aires en la batalla de Cepeda. En 1860, Buenos Aires se incorpora a la Confederación y renunciaba al manejo de sus relaciones exteriores, pero revisaría la Constitución de 1853 por medio de una convención provincial y propondría reformas a la misma, mediante el Pacto de San José de Flores. También se declaraba nacionalizada la Aduana de Buenos Aires, pero la Nación compensaría los ingresos de la provincia de Buenos Aires durante cinco años, en la medida en que fueran inferiores a los del año 1859.
El 5 de marzo de 1860, Urquiza dejaba el cargo de presidente de la Confederación y asumía como presidente Santiago Derqui, tras ganar las elecciones presidenciales de ese año. Poco después se dejó sin efecto la federalización de la provincia de Entre Ríos, quedando fuera de la misma la ciudad de Paraná. Una nueva constitución provincial declaró a Concepción del Uruguay capital de la provincia. Como era de esperarse, el gobernador electo fue Urquiza, apenas 50 días después de dejar la presidencia.
En 1861, Urquiza comandando las tropas de la Confederación Argentina se enfrentó nuevamente a las tropas de la provincia de Buenos Aires comandadas por Bartolomé Mitre en la batalla de Pavón, resultando en derrota luego que Urquiza se retirará del campo de batalla y dejará el campo abierto al ejército porteño para avanzar por la provincia de Santa Fe. Tras la Batalla de Pavón el gobierno de la Confederación colapsó, con el presidente Manuel Derqui renunciando a su cargo el 5 de noviembre y con Urquiza retirándose a Entre Ríos. Mitre tomó el gobierno el 12 de diciembre, bajo el título de Gobernador de Buenos Aires Encargado del Poder Ejecutivo Nacional. El 12 de octubre de 1862, luego de las elecciones presidenciales y legislativas de agosto, Mitre asumía como presidente de la Nación de la República Argentina.
Después de Pavón, Urquiza mantuvo la autonomía de su provincia y conservó el cargo de gobernador sin amenazas explícitas de Mitre, gracias a un acuerdo tácito entre ambos. A cambio, Urquiza se mantuvo neutral durante las diversas rebeliones de la década. En La Rioja, la larga rebelión del general Ángel Vicente Peñaloza y la posterior rebelión liderada por Felipe Varela y Juan Saá en Cuyo y La Rioja fueron realizadas en nombre de Urquiza, pero este permaneció inactivo.
Durante los años de la presidencia de Mitre, la provincia de Entre Ríos se benefició de la política económica librecambista del presidente y la ganadería experimentó un auge durante esta época. Aunque la gestión de gobierno de Urquiza no fue tan progresista como los anteriores. En 1864, Urquiza promovió la candidatura de José María Domínguez contra la del general Ricardo López Jordán, que seguía siéndole leal, pero podía pretender actuar con autonomía. Domínguez, en cambio, gobernó como un dependiente del caudillo, teniendo también el apoyo del presidente Mitre.
Durante la guerra civil en el Uruguay, iniciada en 1863, Urquiza se mantuvo neutral, a pesar de que muchos federales entrerrianos buscaban respaldar al gobierno blanco uruguayo. Paysandú fue atacada y destruida, y aunque varios federales lucharon por los defensores, Urquiza no intervino, manteniendo su alianza con Mitre, que no tenía intención de intervenir en el conflicto. A pesar de llamados y cartas instándolo a actuar, Urquiza permaneció inactivo.
En 1865, las fuerzas militares paraguayas invaden la provincia de Corrientes y la Argentina le declara la guerra al Paraguay. Mitre llamó a todas las provincias a movilizarse para ir a la guerra contra el Paraguay, y Urquiza repitió el llamamiento al pueblo entrerriano. Los federales entrerrianos estaban indignados; escribían contra la guerra y a favor del gobierno paraguayo de Solano López, lo que provocó grandes tensiones con Urquiza.
En 1868, Urquiza se presentaría como candidato a presidente de la Nación por el Partido Federal, e incluso se llegó a insinuar una alianza con Adolfo Alsina, líder del autonomismo porteño, que podría ser su vicepresidente, pero la alianza con Alsina no llegaría a ocurrir. Urquiza triunfaría en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Salta pero no le alcanzaría para vencer y sería derrotado por Domingo Faustino Sarmiento, que fue electo sería presidente para el periodo 1868-1874.
En 1870 terminaba la Guerra del Paraguay; para festejarlo, Urquiza recibió en el Palacio San José de Concepción del Uruguay, con gran despliegue de desfiles y brindis, al presidente Domingo Faustino Sarmiento. Esto fue tomado como un insulto para una facción de los federales entrerrianos comandados por Ricardo López Jordán que pronto realizarían una revuelta en toda la provincia, y el 11 de abril de 1870 entrarían en el Palacio San José donde asesinarían al general Justo José de Urquiza.
Urquiza contrajó matrimonio con Dolores Costa el 12 de octubre de 1855, mientras se desempeñaba como presidente de la Nación. Con ella tuvo once hijos. Un mes antes de su casamiento, se sancionó la Ley Federal N.º 41 por la cual Urquiza reconocía 13 hijos y ponía en pie de igualdad a los legítimos con los extramatrimoniales que tuvo de soltero.
El general Justo José de Urquiza justificaba así sus actos que llevaron a la batalla de Caseros al diario El Nacional Argentino en un artículo fechado el 2 de junio de 1859:
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El 1 de mayo de 1958, el doctor Arturo Frondizi asumió la presidencia de la Nación. Llegó al Poder Ejecutivo en un contexto político y social particularmente complejo, marcado por las consecuencias del derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955 y por la etapa abierta bajo el gobierno de la Revolución Libertadora. Su primer año de administración pondría de manifiesto las enormes dificultades que implicaba gobernar en aquel período de la vida nacional.
Frondizi accedió a la presidencia tras su triunfo en los comicios del 23 de febrero de 1958. El apoyo de Perón a su candidatura, sumado a respaldos diversos que iban desde el Partido Comunista hasta sectores católicos y nacionalistas, permitió al candidato de la UCRI obtener una victoria abrumadora. Con 4.070.000 votos, casi dos millones más que los obtenidos por su fuerza en las elecciones constituyentes de julio de 1957, Frondizi derrotó ampliamente a Ricardo Balbín. El triunfo no se limitó a la elección presidencial. La UCRI obtuvo 133 de las 187 bancas de la Cámara de Diputados, asumió el control de todos los gobiernos provinciales y conquistó la totalidad de las bancas del Senado. Este resultado ofrecía a Frondizi una base institucional excepcionalmente sólida, algo que el propio presidente electo consideraba indispensable para iniciar su gobierno con el mayor respaldo posible. Según la perspectiva de Rogelio Frigerio, esa fortaleza política permitiría al nuevo gobierno resistir las presiones de quienes “trataban de desvirtuar el sentido revolucionario, transformador del gobierno”.
El 1 de mayo, Frondizi asumió la presidencia de la Nación. En su discurso inaugural enumeró los principales objetivos de su gobierno y precisó las medidas mediante las cuales esperaba encaminar al país hacia el desarrollo nacional. El eje central de su programa estaba puesto en la economía, especialmente en la necesidad de impulsar las industrias pesadas y alcanzar el autoabastecimiento de petróleo. Frondizi anunció, además, su decisión de asumir una responsabilidad directa sobre YPF, al tiempo que señaló que el capital extranjero sería necesario para acelerar el crecimiento económico. Consciente de que las tensiones sociales podían obstaculizar ese proceso, comprometió a su gobierno con una política de aumento salarial y con la devolución del control del movimiento obrero, incluida la CGT, a los dirigentes que los propios trabajadores eligieran, sin interferencia oficial.
El 1 de mayo de 1853 se sancionaba la Constitución Nacional de la Confederación Argentina luego de haber sido sancionada por el Congreso Constituyente reunido en la Ciudad de Santa Fe, bajo la dirección provisional del general Justo José de Urquiza.
La Constitución de 1853 se elaboró inmediatamente a la zaga de la derrota porteña en la batalla de Caseros, que dejó a Urquiza al frente de los asuntos nacionales. El 6 de abril, representantes de Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe firmaron el Protocolo de Palermo, restableciendo el Pacto Federal de 1831 y confiando a Urquiza el manejo de relaciones exteriores, además de encargarle la convocatoria a un Congreso Constituyente para el año siguiente. Se envió inmediatamente una circular a las provincias, manifestando los resultados de la reunión.
Para agilizarlo, Urquiza invitó a los gobernadores de las distintas provincias a una reunión en San Nicolás de los Arroyos. El 31 de mayo se firmó el Acuerdo de San Nicolás, estableciendo la vigencia del Pacto Federal de 1831, la convocatoria a un Congreso Constituyente en Santa Fe y la creación del cargo de Director provisorio de la Confederación Argentina, ocupado por el general Urquiza.
El 16 de abril de 1879, el general Julio Argentino Roca, ministro de Guerra y Marina durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, iniciaba la campaña militar conocida como “Campaña del Desierto” para afirmar la soberanía argentina sobre la Patagonia.
La campaña de Julio Argentino Roca constituyó la última expedición militar contra el llamado "Desierto". Las primeras fueron las desarrolladas por la provincia de Buenos Aires: la primera de ellas fue la llevada a cabo por el gobernador Martín Rodríguez entre los años 1820 y 1824; luego estuvo la liderada por el general Juan Manuel de Rosas entre principios de 1833 y marzo de 1834, durante el gobierno de Juan Ramón Balcarce en la provincia de Buenos Aires, y con el apoyo de las provincias de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza, y sus gobernadores Facundo Quiroga y Félix Aldao.
Los objetivos de las primeras campañas eran someter a la obediencia criolla a los indígenas del desierto, terminar con los malones indios que asolaban a las poblaciones fronterizas, rescatar a quienes estaban cautivos de los indígenas, incorporar tierras para la agricultura y la ganadería y efectivizar las soberanías provinciales sobre esos territorios. Además de la creación de diversos poblados durante las mismas como el caso del llamado Fuerte Independencia (hoy Tandil) por el general Martín Rodríguez durante la primera campaña al desierto llevada a cabo por el gobierno de Buenos Aires.
Entre 1855 y 1865 tuvieron lugar otras campañas de menor envergadura propiciadas tanto por el Estado de Buenos Aires, entre 1855 y 1859, y por el Estado Nacional luego de 1861. Entre estas se cuentan la campaña del coronel Bartolomé Mitre a Sierra Chica en mayo de 1855; la campaña del general Manuel Hornos a Tapalqué en octubre de 1855; y las campañas de los coroneles Emilio Mitre y Julio de Vedia contra los ranqueles de enero de 1858 y diciembre de 1862 respectivamente.
Fotografías que retratan la gira comercial encabezada por el vicepresidente Julio Argentino Roca (h) por diversos países europeos entre enero y mayo de 1933, en los que mantuvo reuniones con diversas figuras de la política europea como el presidente francés Albert Lebrun, el español Niceto Alcalá-Zamora, Alberto I de Bélgica, el primer ministro británico Ramsay MacDonald y Eduardo de Windsor, Príncipe de Gales.
La representación argentina estuvo encabezada por Roca y contó con la participación de figuras políticas, diplomáticas y técnicas de primer nivel. Integraron la delegación el diputado Miguel Ángel Cárcano, el doctor Guillermo F. Leguizamón, vinculado a empresas británicas radicadas en el país, y el embajador argentino en el Reino Unido, Manuel Malbrán. Como secretarios actuaron Toribio Ayerza y Adolfo Orma (h). El equipo se completó con un destacado cuerpo de asesores técnicos, entre los que se encontraba Raúl Prebisch, colaborador de los ministros de Hacienda y Agricultura, Alberto Hueyo y Antonio De Tomaso, respectivamente, así como los funcionarios del Ministerio de Agricultura Carlos Brebbia y Aníbal Fernández Beyro. A la delegación se sumaron además representantes de las Fuerzas Armadas: el general Basilio Pertiné y el coronel Alberto de Oliveira Cézar como agregados militares, y el capitán de navío Francisco Steward en calidad de agregado naval.
El viaje de Roca a Europa tuvo como motivo principal la firma de un nuevo acuerdo comercial con el Reino Unido que garantizase la exportación de carne enfriada a aquel país, luego de los derechos de importación y las limitaciones a las exportaciones a los países no miembros de la Commonwealth luego de la Conferencia de Ottawa de 1932. Pero más allá de eso, Roca y sus asesores negociaron nuevos pactos comerciales con España, Francia, Países Bajos y Bélgica. Al mismo tiempo, el veterano político conservador Exequiel Ramos Mexía (antiguo ministro en las presidencias de Julio Argentino Roca, José Figueroa Alcorta y Roque Sáenz Peña) realizaba un nuevo acuerdo comercial con el Reino de Italia, luego de ser enviado por el gobierno nacional como embajador extraordinario.
El 13 de abril de 1890 se constituyó la Unión Cívica como partido político, bajo la presidencia de Leandro Alem, luego de un acto masivo en el popular Frontón Buenos Aires. Dicho acto fue convocado por las distintas figuras de la oposición al gobierno de Miguel Juárez Celman y sirvieron como oradores Bartolomé Mitre, Aristóbulo Del Valle, Vicente F. López, Bernardo de Irigoyen, Pedro Goyena y el mismo Alem.
El 12 de octubre de 1886 asumieron la presidencia y vicepresidencia de la República, los doctores Miguel Juárez Celman y Carlos Pellegrini. Los primeros años de la presidencia de Juárez Celman habían sido de euforia: seguían llegando inmigrantes en grandes cantidades, continuaban las inversiones extranjeras, los ferrocarriles mantenían su expansión, se implantaban nuevas colonias y crecían las exportaciones y la renta nacional. Además de seguir una política liberal en materia de legislación civil, en lo que respecta a la organización de la familia y en la educación primaria. Durante su gobierno envió al Congreso, en el periodo de 1887, un proyecto de ley, que fue sancionado por el voto legislativo, estableciendo el matrimonio civil.
En el mismo año de 1887, Juárez Celman fue proclamado como "jefe único" del PAN, centrando en su persona la autoridad del Estado y la presidencia del partido, lo que dio nacimiento a la palabra "unicato" con que calificaron sus adversarios a su gobierno y a su política. Pronto comenzó a eliminar los obstáculos que se oponían a su nueva política. En junio de 1887 el gobernador Juan Posse (que había apoyado la candidatura de Bernardo de Irigoyen y luego de los Partidos Unidos) fue derrocado de su cargo luego de una pueblada mandada desde Buenos Aires y que contó con la participación de trabajadores del Ferrocarril Central Norte (de propiedad estatal).
Fotografía que retrata al empresario croata-argentino Nicolás Mihanovich (1846-1929), quien fuera el empresario naviero más importante de la Argentina, dominando el mercado en el Río de la Plata entre las décadas de 1880 y 1920. En octubre de 1900, la revista Caras y Caretas decía sobre el retratado: "El señor Mihanovich, que vino a estas playas sin otro capital que su actividad y su inteligencia, es un caso elocuente que puede presentarse a nuestras generaciones nuevas para animarlas a la acción".
Mihanovich nació el 21 de enero de 1846 en el pueblo de Doli, entonces parte del Reino de Dalmacia dentro del Imperio Austríaco, en el seno de una familia de marineros. A temprana edad comenzó a navegar por los mares Mediterráneo y Negro. Luego extendió sus viajes al Océano Atlántico, y en 1864, a los veinte años de edad, llegó al Río de la Plata, desembarcando en Montevideo como tripulante de la embarcación británica “City of Sydney”. En un primer momento se instaló en el Alto Paraná (Paraguay) y se dedicó al transporte fluvial, trasladando a las tropas del Ejército Aliado que participaban en la guerra de la Triple Alianza.
Para 1868 había reunido el suficiente capital y había emprendido el viaje para regresar a su pueblo natal, pero al parar en una hostería de Buenos Aires, administrada también por un croata, fue convencido de quedarse en la ciudad. En Buenos Aires conoció y comenzó a trabajar para la empresa de un genovés llamado Juan Bautista Lavarello, quien también se dedicaba al transporte fluvial. En esos tiempos el Río de la Plata tenía una ribera de muy poca profundidad, y debido a ello las embarcaciones tenían que anclarse a más de 300 metros de la costa, y las tripulaciones y cargas tenían que ser acercadas a la ciudad en botes o en carros tirados por animales. De tal forma, Mihanovich y Lavarello consiguieron un acuerdo con el gobierno nacional y comenzaron a encargarse del traslado de los pasajeros en ese corto recorrido, en el momento de las oleadas de inmigrantes europeos que llegaban al país.