Aunque no lo creas, estas 4 mujeres son responsables de alrededor de 150 asesinatos de mujeres, hombres y niños, secuestros y prostitución.
Estas 4 hermanas, que operaban en los estados de Guanajuato y Jalisco son de las pocas “asesinas seriales” conocidas de la historia.
Hoy te contaré su historia, la historia de LAS POQUIANCHIS.
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Abro hilo🧵:
Las hermanas Delfina, María del Carmen, María Luisa y María de Jesús González Valenzuela, nacieron entre los años 1909 y 1924. Fueron hijas del matrimonio de Isidro Torres y Bernardina Valenzuela, oriundos de El Salto, Jalisco.
La familia González era una familia muy disfuncional, su padre trabajaba como policía para el gobierno porfirista con el cargo de alguacil y se mantuvo en el puesto aún después de la etapa más intensa de la Revolución mexicana, en el gobierno de Venustiano Carranza, e incluso estuvo encargado de ejecutar a prisioneros villistas. Era un hombre violento, prepotente y autoritario que con frecuencia golpeaba a su esposa e hijos.
Se cuenta que desde pequeñas obligaba a sus hijas a ver las ejecuciones de los presos. Por su parte su madre era una fanática religiosa.
Los maltratos en la casa llegaron a tal punto que en cierta ocasión Carmen González, siendo una adolescente, se fugó de casa con su novio, Luis Jasso, varios años mayor que ella.
Su padre la buscó y tras encontrarla la golpeó y encarceló por varios meses en la prisión municipal (sin ninguna causa u orden de aprehensión).
Ese mismo día Isidro Torres se convirtió en prófugo de la justicia al asesinar a un presunto delincuente, llamado Félix Ornelas; el finado era un hacendado sospechoso de diversos delitos, que murió durante el intento de arresto al recibir varios disparos por la espalda por parte de Isidro Torres.
Carmen salió de prisión gracias a un hombre de alrededor de cincuenta años, dueño de una tienda de abarrotes con quien había entablado una relación amorosa. Fruto de esta relación nació un hijo.
La familia Torres Valenzuela se vio forzada a cambiar su apellido por el de González para evitar posibles represalias y poder huir del pueblo. El padre se separó de su familia para vivir una vida de fugitivo.
En 1935, la familia vivía en un estado de pobreza lamentable. Las hermanas habían conseguido empleo en una fábrica textil, pero los salarios apenas les servían para subsistir.
En 1938, Carmen conoció a un hombre llamado Jesús Vargas "El Gato", con el que entabló una relación; ese mismo año se fueron a vivir juntos. Abrieron una pequeña cantina en El Salto. Vargas malgastó las ganancias del establecimiento hasta llevarlo a la ruina. Después de esto, Carmen lo abandonó y regresó a vivir con su familia.
Para ese momento los padres de las hermanas González habían muerto, dejándoles una modesta herencia. Con este capital, Delfina González abrió su primer burdel ubicado en El Salto, Jalisco. La prostitución era ilegal en Jalisco, pero la vigilancia para combatir esa práctica era pobre. El prostíbulo estuvo activo por mucho tiempo, hasta que una riña (en la que se rumora que murió el hijo de Carmen) suscitada en el lugar llamó la atención de las autoridades, que cerraron el establecimiento.
En 1954, Delfina mudó el establecimiento a Lagos de Moreno, Jalisco, al cual llamó “Guadalajara de Noche” durante las festividades de la feria anual celebrada en el pueblo. Para establecer el negocio, las mujeres contaron con el apoyo de varias autoridades corruptas. El propio alcalde concedió los permisos para que el negocio operara como bar a cambio de favores sexuales.
Las mujeres eran engañadas o compradas a tratantes. El sistema con el que operaba el burdel era semejante al peonaje empleado durante el Porfiriato: las cautivas estaban obligadas a comprarle a las madrotas suministros, como ropa y comida, a precios arbitrarios, acumulando así inmensas deudas. Entonces eran forzadas a prostituirse para poder pagarles.
Según el relato de las hermanas González Valenzuela, las técnicas que usaban para instalar un prostíbulo consistían primeramente en hacer amistad con las autoridades para estar protegidas. En muchas ocasiones se hicieron amantes y proporcionaron dinero a funcionarios locales para asegurar que su negocio no fuera cerrado.
Ya instaladas en sus cabarets, “Las Poquianchis” contrataban personas para que recorrieran la República en busca de adolescentes de entre 12 y 15 años de edad (rara vez un poco más grandes) y por medio del engaño y la extorsión las condujeran a sus negocios, donde una vez que entraban, eran mantenidas en cautiverio para prostituirlas.
La Secretaría de Salud y Asistencia Pública emitía tarjetas de control falsas, que “Las Poquianchis” utilizaban para presumir de que las muchachas estaban sanas. Estas tarjetas costaban mucho dinero, pero servían para que los clientes estuvieran tranquilos.
Por 10 años “Las Poquianchis” mantuvieron un exitoso negocio, pero no fue hasta 1964 que todo se les vino abajo:
En Guadalajara, una mujer llamada Petra Jiménez, se presentó ante el procurador de justicia estatal: denunciaba la desaparición de su hija María, de 13 años de edad.
Casi al mismo tiempo, en la ciudad de Guanajuato, el jefe de grupo de la Policía Judicial del estado, Miguel Ángel Mota, recibía dos denuncias muy similares. Apareció, harapienta, casi en los huesos, una muchacha, Catalina Ortega. En ella eran evidentes las huellas de violencia física. Se había escapado de un rancho en el municipio de San Francisco del Rincón, donde la tenían secuestrada.
Catalina había logrado salir por una abertura de la barda que circundaba el rancho, muerta de miedo: sabía que, las dueñas del rancho, propietarias también de los prostíbulos mal disfrazados de bares donde la obligaban a trabajar se daban cuenta de la fuga, la matarían a golpes.
Movida por el pánico, Catalina Ortega caminó durante horas, hasta que llegó a su hogar, del que había sido arrancada. Acompañada de su familia, fue a denunciar su historia en la jefatura de policía de la ciudad de León. Desfallecida, agotada física y emocionalmente, empezó a hablar. Su declaración fue crucial para reunir los hilos de su caso con los de las denuncias por la desaparición de muchachas muy jóvenes, no solo guanajuatenses; algunas de las víctimas de esa historia de explotación y violencia, provenían de Jalisco.
Así, las autoridades calcularon que la desaparición de María Jiménez estaba relacionada con los horrores vividos por Catalina Ortega, quien identificó a las mujeres que la explotaban a ella y a otras más, como las hermanas González Valenzuela. Pero a ellas, agregó, todos en San Francisco del Rincón las conocían como “Las Poquianchis”.
Los cuerpos policiacos de las capitales de Guanajuato y Jalisco empezaron a trabajar. La aportación de la policía de León fue definitiva para dirigir la investigación hacia San Francisco del Rincón.
El 12 de enero de 1964, la policía llegó a un rancho, el “Loma del Ángel”. Donde pudieron aprehender a dos de las hermanas, a Delfina y María de Jesús. Con ellas, estaban quince mujeres, igual de desnutridas y maltratadas que Catalina Ortega.
También encontraron a dos niños, en condiciones similares. Fue tal el escándalo, que a los 21 días, acosada, una tercera hermana se entregaría, y una cuarta, que afirmaba no tener relación alguna con los negocios criminales de sus hermanas, también fue aprehendida.
Parecía que, al cerrar el rancho y llevarse a las hermanas González Valenzuela se terminaba la historia. Pero una de las víctimas, cuando ya se disponían todos a abandonar el lugar, dijo que en uno de los patios del rancho estaban enterradas muchas mujeres que también habían sido secuestradas y explotadas por “Las Poquianchis”.
Las mujeres contaron a los judiciales cómo algunas de sus compañeras fueron golpeadas y torturadas por sus patronas, e incluso varias fueron asesinadas y enterradas dentro del mismo predio de la casa donde eran explotadas. Las víctimas relataron a las autoridades que nunca las dejaban salir de las casas de citas, y que cuando resultaban embarazadas les practicaban abortos y en caso de nacer los niños, estos eran asesinados con excepción de un niño, al que guardaron para vendérselo a un cliente que quería experimentar con él; mientras tanto se dedicaron a maltratarlo.
Según el relato de las rescatadas, “Las Poquianchis” también asesinaban a aquellas prostitutas que “ya no les servían” sepultándolas vivas en un panteón clandestino ubicado en el poblado de San Ángel, en Purísima del Rincón. Este “trabajo” era realizado por el capitán del Ejército, Hermenegildo Zúñiga Maldonado, conocido como “El Capitán Águila Negra”, quien fue amante de Delfina y su protector.
Delfina desarrolló un método de secuestro que dejaba mayores ganancias: acudían a rancherías o pueblos cercanos, donde buscaban a las niñas más bonitas. No importaba si tenían doce, trece o catorce años de edad; llevaban cómplices masculinos que, si las sorprendían solas, simplemente las secuestraban. O si estaban acompañadas de sus padres, generalmente campesinos, se les acercaban y les ofrecían darles trabajo a las hijas como sirvientas. Los padres accedían, “Las Poquianchis” se llevaban a las niñas y de inmediato empezaba su tormento.
Apenas llegaban al burdel, “Las Poquianchis” procedían a desnudar a las niñas por completo y examinarlas. Si consideraban que tenían “suficiente carne”, los ayudantes que habían contratado se encargaban de violarlas, uno tras otro, y si lloraban o se resistían, las golpeaban.
Después, “Las Poquianchis” las bañaban con cubetadas de agua helada, les daban vestidos y las sacaban por la noche a que comenzaran a atender a la clientela del bar, bajo amenazas de muerte. Los clientes se mostraban siempre encantados de encontrar niñas de tan corta edad, por lo que el negocio prosperó rápidamente. Las hermanas alimentaban a sus esclavas sexuales solamente con cinco tortillas duras y un plato de frijoles al día.
Cuando una de las mujeres llegaba a cumplir veinticinco años, “Las Poquianchis” ya la consideraban “vieja”. Procedían entonces a entregársela a José Facio Santos “El Verdugo”, quien la encerraba en uno de los cuartos del rancho, sin darle de comer ni beber por varios días; entraba constantemente para patearla y golpearla con una tabla de madera en cuyo extremo había un clavo afilado. Una vez que la mujer estaba tan débil que ya no podía ni siquiera intentar defenderse, “El Verdugo” la llevaba a la parte de afuera del rancho y, tras cavar una zanja profunda, la enterraba viva. A otras les aplicaban planchas calientes sobre la piel, las arrojaban desde la azotea para que murieran al caer, o les destrozaban la cabeza a golpes.
Cuando alguna de las niñas nuevas no quería ceder ante el capricho de algún cliente, Esther Muñoz “La Pico Chulo” otra de las empleadas de "Las Poquianchis" se encargaba de arrastrarla de los cabellos por todo el burdel, llevarla a un cuarto y darle de palazos hasta dejarla inconsciente. “La Pico Chulo” también gustaba de matar a palazos a las muchachas, destrozándoles la cara y el cráneo con una tranca de madera.
El caso de “Las Poquianchis” dejó de ser nota roja local. Era algo demasiado grande para que se quedara en los periódicos estatales, y mientras más hablaban las víctimas rescatadas, más monstruosa se hacía la red de operación de aquellas hermanas, y más evidente era que no habrían podido medrar sin la complicidad de las autoridades policiacas de San Francisco del Rincón.
Las 4 hermanas fueron trasladadas al Penal de Irapuato, después de varios meses que duró el proceso que consistió en careos e interrogatorios, finalmente Delfina, María del Carmen, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela, fueron acusadas de lenocinio, secuestro y homicidio calificado y recibieron la pena de 40 años de prisión, sin embargo, dos de ellas murieron tras las rejas antes obtener su libertad.
María de Carmen, fue la primera en morir, en 1949 a consecuencia del cáncer que padecía.
Delfina, conocida como la “Poquianchis Mayor”, falleció el 17 de octubre de 1968 a los 56 años en la cárcel en Irapuato, de un hemorragia cerebral, luego de caerle sobre la cabeza una cubeta con cemento.
María Luisa, apodada “Eva, la Piernuda”, perdió la vida en su celda de la cárcel municipal de Irapuato en noviembre de 1984 por un cáncer hepático.
María de Jesús fue la única quien falleció en libertad a mediados de la década de los 90.
Ya llegamos al final de este hilo!
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Si pensabas que los Illuminati no existen… es porque no conoces a El Yunque:
Una secta secreta católica que quiere gobernar México con Biblia en mano, pero sin decir su nombre.
¿Infiltrados en el PAN?
¿Aliados con VOX?
¿Redes con Trump?
Todo eso y más en este hilo: 🧵
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Orígenes en la sombra (década de 1950)
En plena Guerra Fría, un puñado de jóvenes católicos en Puebla creó una sociedad secreta “para defender la religión católica de sus enemigos: el comunismo, los judíos y la masonería”. Hacia 1953 surgía El Yunque, bajo el amparo de figuras como el arzobispo poblano Octaviano Márquez y Toriz. Sus fundadores, entre ellos Ramón Plata Moreno y Manuel Díaz Cid, se veían a sí mismos como soldados de Dios librando una cruzada contra las “fuerzas de Satanás” para instaurar el reino de Cristo en la Tierra. Tomaron el nombre de “El Yunque” inspirados por la frase de San Ignacio de Antioquía: “hay que resistir los golpes como el yunque”. Inicialmente operaron como un movimiento estudiantil clandestino y paramilitar: en la Universidad Autónoma de Puebla formaron el Frente Universitario Anticomunista (FUA), usaban seudónimos y se entrenaban para el choque físico contra grupos de izquierda. Aquellos primeros yunquistas vivían en la paranoia de una supuesta “conspiración mundial” anticristiana donde comunistas y capitalistas estarían manejados por las mismas sociedades secretas judías y masónicas. Sí, suena a thriller conspirativo, pero así lo creían. El clima de violencia e intriga fue tal que provocó caos en Puebla: huelgas, golpes, secuestro de autobuses y hasta muertes en enfrentamientos entre católicos y comunistas, lo que derivó en la renuncia de dos gobernadores locales y en la escisión de la universidad poblana (nació la UPAEP como refugio católico). El Yunque había nacido en las sombras, marcado por un fanatismo religioso dispuesto a “resistir golpes” y a darlos. Un analista los describe certeramente como “una especie de teocracia clerical, unos talibanes cristeros”: ultracatólicos, violentos, conspiradores y absolutamente clandestinos.
Expansión e infiltración silenciosa (de los 60 a los 90)
Lejos de apagarse, El Yunque se extendió como una red oculta por todo México durante las décadas siguientes. Su estrategia fue la infiltración: colocar miembros leales en instituciones clave –políticas, empresariales, religiosas, educativas y mediáticas– para acumular poder e influir en la sociedad. Durante los años 60 y 70, la organización operó a través de “fachadas” públicas: por ejemplo, el grupo de choque MURO (Movimiento Universitario de Renovadora Orientación) en la UNAM, que era en realidad un brazo yunquista financiado por simpatizantes adinerados. (El empresario Hugo Salinas Price –padre del magnate Ricardo Salinas– confesó en sus memorias haber financiado al MURO y otras iniciativas del Yunque en aquellos años). Conforme el grupo crecía, adoptó tácticas conspirativas cada vez más sofisticadas, pero sin perder su carácter militarizado. Exmiembros relatan ceremonias de iniciación casi secretas (con crucifijos, antorchas y juramentos en sótanos a oscuras) y un rígido código de obediencia total al “Jefe”. El Yunque se veía a sí mismo como un “cuerpo de combate” permanente en defensa de los valores católicos tradicionales.
Para los años 80, los yunquistas ya habían logrado infiltrar al Partido Acción Nacional (PAN), la principal fuerza política opositora de derecha. Muchos militantes de El Yunque se afiliaron al PAN y escalaron posiciones dentro del partido. Su momento de mayor auge llegó con la victoria del PAN en el año 2000: con el gobierno de Vicente Fox (2000-2006) y luego el de Felipe Calderón (2006-2012), El Yunque tocó las puertas del poder. Varios de sus miembros ocuparon puestos clave en esos gobiernos. Por ejemplo, Carlos Abascal, un férreo ultracatólico, fue nombrado secretario de Gobernación de Fox y es señalado como yunquista confeso. En Jalisco, Fernando Guzmán Pérez Peláez, miembro prominente del Yunque, fungió como secretario de Gobierno estatal. Según investigaciones periodísticas, durante esos años el Yunque colocó a sus cuadros en dependencias federales, gobiernos estatales panistas y hasta en oficinas de comunicación social, operando siempre tras bambalinas. Un exlíder nacional del PAN, Manuel Espino, llegó a admitir públicamente en 2002 que varios de sus “amigos” militaban en El Yunque, describiendo a la organización como una realidad dentro del partido (aunque negó ser parte de ella). En suma, la Operación Infiltración fue muy efectiva: El Yunque estaba en los pasillos del poder sin que casi nadie lo supiera.
Paralelamente, la Iglesia católica fue aliada y cobijo. Aunque en teoría la Iglesia prohíbe las sociedades secretas, en la práctica muchos obispos mexicanos guardaron silencio cómplice (cuando no apoyo activo) frente al Yunque. De hecho, la organización nació con el visto bueno de jerarcas católicos anticomunistas en Puebla, y con el tiempo obispos y cardenales influyentes se volvieron consejeros en la sombra. Se sabe que los yunquistas presumen de sus nexos con al menos tres cardenales mexicanos: Norberto Rivera (Ciudad de México), José Francisco Robles Ortega (Guadalajara) y, especialmente, Juan Sandoval Íñiguez (Guadalajara). Este último, arzobispo emérito de Guadalajara famoso por su conservadurismo, habría dado orientación y respaldo moral a miembros del Yunque en Jalisco. No es casualidad: El Yunque encarnaba esa añoranza de algunos sectores de la Iglesia por un gobierno confesional. “Dios y México” era su lema, y contaron con bendiciones discretas para su cruzada.
El Yunque también cultivó apoyos en la cúpula empresarial y en los medios. Organismos como Coparmex (sindicato de empresarios) llegaron a tener dirigentes cercanos a la órbita yunquista. En fechas más recientes se ha sabido que incluso incursionaron en medios de comunicación: por ejemplo, fundaron el portal de noticias Yo Influyo, que se autodefine como medio de “inspiración humanista” pero que en realidad funciona como voz oficiosa de la ultraderecha católica. No sorprende que la directora de Yo Influyosea Rosa Martha Abascal, hija del ya mencionado Carlos Abascal. En ese portal escriben regularmente figuras de derecha como Margarita Zavala (esposa de Calderón) y líderes empresariales, reflejo de cómo la red yunquista ha permeado espacios mediáticos respetables. Además, el Yunque ha creado un sinfín de organizaciones fachada de “ciudadanos” o “valores” para promover su agenda en la sociedad civil. ¿ProVida, Red Familia, Unión Nacional de Padres de Familia, Cruzada por los Valores? Detrás de muchas de estas asociaciones ultra-conservadoras asoman las mismas sotanas y corbatas yunquistas. Es literalmente una galaxia de grupos pantalla: distintos nombres, mismos propósitos.
Es fin de semana, y volviendo a las buenas costumbres de esta cuenta, tengo una nueva historia para ti.
No es desconocido para nadie que el transporte público en nuestro país no es ni el más eficiente, ni el más cómodo. Independientemente de si eres hombre o mujer, también puedes pasar experiencias sumamente desagradables por algunas personas que viajan a tu lado o incluso puedes recibir malos tratos del conductor del vehículo en el que te mueves.
¿Pero, y si no solamente fuera una experiencia desagradable? ¿Y si este viaje del trabajo a tu casa fuera el último que dieras en tu vida? Este fue el caso de 8 mujeres que tuvieron la mala suerte de subirse al microbús con matrícula 712TL066 del Estado de México, El microbús del asesino serial conocido como: El Coqueto.
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Abro Hilo🧵:
César Armando Librado Legorreta, conocido como "El Coqueto", nació el 5 de febrero de 1980 en Texcoco, Estado de México. Según una ficha de búsqueda de la Procuraduría General de Justicia, se le describe como un hombre delgado, de 1.60 metros de altura, piel morena y con varios tatuajes en la espalda, brazos y piernas.
El Coqueto trabajaba como conductor de un microbús con matrícula 712TL066, en la ruta 2 que va del Metro Chapultepec a Valle Dorado. Ofrecía su servicio de transporte público durante la noche y la madrugada, lo que le facilitaba cometer sus crímenes.
En una entrevista para el podcast Penitencia, Librado mencionó que, además de trabajar como chofer, llegó a ser propietario de hasta cuatro camiones. Esto le permitió llevar una buena vida, donde sus únicas preocupaciones eran comer y beber mientras trabajaba.
Entre los años 2011 y 2012, el hallazgo de múltiples cuerpos femeninos en el canal de Tlalnepantla alarmó a las autoridades del Estado de México. La macabra escena llevó a las investigaciones a sospechar de un asesino en serie que, antes de privar de la vida a sus víctimas, las sometía a agresiones sexuales.
Su modus operandi consistía en fingir averías en su unidad de transporte para aislar a sus víctimas. El asesino aprovechaba esta situación para identificar a su víctima, a quien la convencía de que, si lo esperaba, en lo que arreglaba el camión, él mismo la llevaría hasta donde quisiera; sin embargo, antes de llegar al destino agredía sexualmente a la mujer y la asesinaba, posteriormente se deshacía del cuerpo.
Pocas veces podemos decir que los crímenes en nuestro país son debidamente investigados y perseguidos. Pero, hoy te voy a platicar un caso que hace 26 años conmocionó al estado de Aguascalientes y hasta inspiró un episodio de Mujer Casos de la Vida Real de Silvia Pinal, el caso del EL NIÑO DEL CONTENEDOR que, en este 06 de enero, por fin encontró justicia.
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Abro hilo🧵:
Era la mañana del 12 de noviembre de 1999 y hasta antes de las ocho horas todo parecía normal para los vecinos del Barrio de la Estación. Unos tantos se preparaban para salir a trabajar o para llevar a sus niños a las escuelas, pero nunca se imaginaron lo que estaba a punto de ocurrir, sobre todo en una calle muy transitada y conocida de aquel lugar.
Pasadas las ocho de la mañana y cuando fue localizado el cuerpo sin vida de un pequeño de escasos cuatro años, dentro de una caja de cartón arrojada en un contenedor de basura, el personal de la entonces policía judicial comenzó con el proceso de la averiguación previa, motivo por el que se dieron a la tarea de buscar a los presuntos responsables, así como a los familiares del menor.
Ella es Ilse Michel, una pequeña que a los 10 años desapareció de un albergue en la CDMX y cuya búsqueda trajo a la luz a una red de tráfico de menores y una peligrosa secta religiosa en nuestro país. Hoy te hablaré del “Caso Casitas del Sur” y su relación con la secta “Iglesia Cristiana Restaurada”.
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Abro Hilo🧵:
En 2005, la pequeña Ilse Michel Curiel llegó a un albergue de la PGJDF debido a que un juzgado de la familiar en el entonces Distrito Federal dictaminó que era una “presunta víctima de violencia intrafamiliar”. Dos años después, la pequeña fue trasladada a "Casitas del Sur", albergue administrado por la asociación civil "Reintegración Social A.C", cuyo presidente era el líder de la organización religiosa la Iglesia Cristiana Restaurada.
Pero, antes de hablar del caso de Ilse, déjame contarte de esta peligrosa secta a la que el gobierno del entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal @m_ebrard decidió confiar la seguridad de muchos niños y niñas en situación vulnerable.
La Iglesia Cristiana Restaurada era un movimiento religioso con sede en Mixcoac, Calle Luis David 16, Distrito Federal. Sus orígenes se remontan al año 1990 fecha aproximada de su fundación, aunque no contaban con registro como asociación religiosa hasta el año 2000.
Sus iglesias se encontraban principalmente en México pero se habían extendido lentamente a Centroamérica y los Estados Unidos. La Iglesia Cristiana Restaurada practicaba el chantaje, difamación, intimidación, amenaza y lavado de cerebro.
Esta organización era considerada una secta fundamentalista que alegaba que todas las demás iglesias del mundo "se habían apartado del camino correcto" tal como publicaron el diario Excelsior de México y otros periódicos importantes en varias ocasiones ya que se ha visto envuelta en actos delictuosos y escándalos políticos y fanatismo religioso.
Ya es sábado de hilo y hoy te voy a hablar de un tema que mi amigo @SirHijoDPuta me pidió:
El caso Alcásser, una historia de un pequeño pueblito de 10 mil habitantes en el que 3 jóvenes perdieron su vida, las escandalosas hipótesis, la confesión de uno de sus asesinos y su cómplice que después de más de 30 años, aún no ha sido encontrado.
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Abro hilo🧵:
Nota: Si, hay un documental de Netflix, y no, no es un caso nuevo.
Alcásser es un pueblo chico de la provincia española de Valencia.
El último censo, realizado el año pasado, contó poco más de 10,575 habitantes, la mayoría de los cuales se gana la vida en los empleos municipales, los pequeños comercios, las pocas industrias y el cultivo de los naranjos que crecen en las tierras arcillosas de la región.
Hasta fines de 1992 si no tenías asuntos específicos en el pueblo ni siquiera sabrías de su existencia, que tampoco contaba con más atractivos turísticos que una iglesia del siglo XVIII y dos retablos cerámicos, nada que justificara viajar hasta allí.
La tarde del viernes 13 de noviembre de 1992, Desirée, Miriam y Toni visitaron a su amiga Esther, en Alcásser, donde las cuatro vivían con sus familias.
A las ocho de la noche se despidieron para ir a bailar a la discoteca Coolor, en el municipio de Picassent. Esther decidió quedarse porque no se sentía bien.
¡Nuevo fin de semana, nuevo hilo! Quise esperar un poco para que más personas vieran la serie y no me reclamaran por spoilers (Aunque el tema del que les escribo hoy es de dominio público y pasó hace muchos años). Hoy tocaremos un tema que conmocionó al país y trasciende hasta la fecha, la vida y muerte de #PacoStanley.
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Abro hilo 🧵:
Francisco Jorge Stanley Albaitero, conocido como Paco Stanley, fue un locutor, actor y conductor de televisión mexicano que también participó directamente, por un tiempo, en actividades de la política de nuestro país, ya que fue miembro del PRI.
Nació en la Ciudad de México el 3 de julio de 1942, hijo de Francisco Stanley Muñoz y de Josefina Albaitero Vivanco; fue bautizado el 8 de agosto del mismo año. Cursó la licenciatura en Derecho, y realizó estudios en psicología, mercadotecnia y publicidad en la Universidad Nacional Autónoma de México.
En su juventud se desempeñó como maestro de literatura a nivel secundaria.
Se inició en la radio en 1969 en la XEX-AM, participando en varios noticiarios, como en el programa Capitanes Infantiles del Aire, en el que interpretaba a varios personajes y en donde participaba su sobrina Rocío García Stanley.