La bioneuroemoción es una de esas pseudoterapias que suenan a ciencia, pero que en realidad no tienen ni pies ni cabeza.
Te voy a explicar por qué es una 💩 pinchada en un palo
Te lo venden como si fuera el secreto para curar cualquier cosa a través de las emociones, haciéndote creer que todo lo que te pasa, desde un dolor de cabeza hasta una enfermedad grave, tiene que ver con tus pensamientos y emociones reprimidas.
Pero, ojo, porque esto es peligroso por varios motivos.
Primero, esta idea de que las emociones no procesadas son la raíz de todas las enfermedades es, básicamente, una mentira. No hay ni una sola prueba científica que respalde esta teoría.
Según la bioneuroemoción, si tienes una enfermedad, la culpa es tuya, porque no has "gestionado" bien tus emociones. Y claro, eso lleva a la gente a sentir más culpa y frustración, en lugar de buscar un tratamiento médico real.
Vamos, que si te encuentras mal, en lugar de ir al médico, te animan a explorar traumas emocionales o familiares que supuestamente te están "enfermando". Un peligro de manual.
Otro problema gordo: esta pseudoterapia anima a la gente a dejar de lado tratamientos médicos serios.
Dicen que la clave está en "reprogramar" tus emociones o descubrir conflictos internos. Y mientras haces eso, los problemas de salud reales pueden seguir avanzando, porque no estás recibiendo la atención médica adecuada.
Es como tener un coche con el motor roto y, en vez de llevarlo al taller, te dedicas a pintar la carrocería pensando que así todo se arregla. Spoiler: no se arregla.
Además, la bioneuroemoción usa un lenguaje muy seductor, lleno de palabros como "autosanación", "neuro" y "emociones", lo que le da un aire de legitimidad que no tiene. Juegan con la necesidad humana de encontrar respuestas simples a problemas complejos.
Nos encanta pensar que podemos controlar todo con nuestra mente, pero la realidad es que las enfermedades son multifactoriales. Algunas están relacionadas con el estrés, claro, pero otras muchas tienen que ver con genética, estilo de vida, o simplemente mala suerte.
No todo se soluciona con pensar bonito o con analizar el pasado familiar.
El peligro real de estas pseudoterapias es que, en lugar de ayudarte, pueden empeorar tu situación.
Te hacen perder tiempo, dinero y salud mientras buscas resolver problemas que, muchas veces, ni siquiera existen. Y lo peor es que te pueden aislar de tratamientos médicos efectivos, dejándote solo con falsas esperanzas y promesas vacías.
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Pedir ayuda es, para muchos hombres, lo más difícil del mundo. Y no ocurre por razones biológicas, sino por la socialización y educación que reciben por haber nacido hombres.
La sociedad nos ha enseñado a evitar a toda costa pedir ayuda cuando estamos mal.
Desde pequeños, les enseñan que la independencia es el camino, que el dolor se aguanta, que las emociones se controlan, y que pedir ayuda es poco menos que un acto de debilidad.
Así que no es de extrañar que, cuando la vida les da una paliza, se queden con la boca cerrada, aguantando como si la resistencia fuera el único premio de consolación disponible.
El problema de esta dinámica es que pedir ayuda no es una cuestión de debilidad, sino de habilidad.
La terapia Gestalt es una de las pseudoterapias de corte New Age más extendidas e institucionalizadas (hasta los COPs siguen traicionando el código deontológico promocionándola)
10 razones para alejarte corriendo de la terapia Gestalt:
1. Para empezar, la terapia Gestalt fue fundada por Fritz Perls y su esposa en los años 40, y lo primero que hay que aclarar es que no tiene nada que ver con la "psicología de la Gestalt" original, la que estudiaba cómo percibimos el mundo. No.
Esta versión alternativa nació más bien como una especie de crítica al psicoanálisis clásico. Fritz, en un intento de salirse del guion freudiano, decidió que era mejor enfocarse en el presente.
El contacto cero después de una ruptura amorosa es una estrategia muy efectiva si lo miramos desde una perspectiva conductual. Básicamente, se apoya en dos principios clave: extinción y contracondicionamiento.
Vamos a explicarlo de forma sencilla.
En términos simples, el principio de extinción dice que, si dejas de recibir refuerzos (es decir, estímulos que te generen emociones o recuerdos), una conducta va perdiendo fuerza hasta que desaparece.
En el caso de una ruptura, el contacto con tu ex es ese "refuerzo" que mantiene vivas las emociones. Cada mensaje, llamada o encuentro hace que vuelvas a sentirte como antes: enganchado, triste o nostálgico.
El contacto 0 suele ser muy importante tras una ruptura amorosa. Cuando te empeñas en seguir hablando o pasando tiempo con tu ex, solo dificultas el proceso de pasar página, de aprender a disfrutar de las cosas sin su compañía.
Te lo explico con 2 principios psicológicos:
1. El principio de extinción en el conductismo se refiere a la disminución y eventual desaparición de una conducta cuando deja de recibir refuerzos.
Por ejemplo, es muy difícil dejar de pensar en tu ex si te pasas el día mirando sus redes sociales o fotos juntos del pasado.
En el contexto de una relación amorosa, la presencia del ex, los mensajes, llamadas, o encuentros actúan como refuerzos que mantienen activa la conducta emocional: el apego, los recuerdos agradables o incluso el deseo de retomar la relación.
Las distorsiones cognitivas son como esos filtros que distorsionan la realidad y nos hacen ver todo más oscuro de lo que realmente es. Son pensamientos automáticos que alimentan la ansiedad y hacen que el mundo parezca más amenazante.
Te cuento las 10 principales:
1. Pensamiento catastrófico
El clásico "¿Y si...?". Empiezas pensando que te duele la cabeza y terminas convencido de que es un tumor cerebral.
Es como si tu mente tuviera un radar para encontrar el peor escenario posible. Por ejemplo, si tienes una presentación en el trabajo, ya estás visualizando que te quedas en blanco, te despiden, y acabas viviendo bajo un puente.