En 2010 se inauguró el que quizá es el mejor edificio que Zaha Hadid proyectó en vida.
Solo un año después estaba plagado de grietas, humedades y goteras.
¿Por qué pasó esto?
Pues porque se habían olvidado del enemigo invisible.
@Revestech En los 80, una arquitecta treintañera tomó al asalto el mundo de la arquitectura con unos dibujos deslumbrantes que se apartaban de cualquier tipo de dibujo arquitectónico conocido y que también nos hablaban de una manera de pensar como no se había visto nunca.
@Revestech Aunque su producción gráfica tuvo un éxito instantáneo, siempre sobrevoló la duda de si esos dibujos que vulneraban cualquier sentido de lo recto, de lo ortogonal, se podrían trasladar a obras construidas.
A edificios.
@Revestech Esa duda siguió presente cuando Zaha Hadid comenzó a construir ya en los 90 y en los 2000, porque los edificios que firmaba siempre tenían programas no demasiado atados a la función: una estación de bomberos que es más un showroom, torres de saltos de esquí, museos...
@Revestech En definitiva, edificios cuyas formas expresivas y voluptuosas apenas interfiriesen en el uso que se le da. Un campo perfecto para la experimentación de Zaha.
@Revestech Pero en 2002, la arquitecta iraquí ganó el concurso para el nuevo edificio de la Ópera de Guangzhou, en China.
Y un teatro-auditorio es, posiblemente, uno de los programas más estrictos que hay.
@Revestech El escenario debe tener una altura y una cruz en planta para colocar los decorados, para subir y bajar los telones, para que los interpretes esperen antes de salir. Incluso, a veces, un escenario subterráneo que suba y baje.
@Revestech Es más, también hay que incluir un foso para la orquesta y, por supuesto, TODOS casi dos mil espectadores TIENEN QUE ESCUCHAR PERFECTAMENTE la ópera.
Todo eso requiere de una precisión literalmente matemática.
@Revestech Pero Zaha lo hizo.
Apoyándose en lo que ya habían hecho Hans Scharoun en Berlín o Jorn Utzon en Sídney, Zaha proyectó las partes más estrictas con formas, efectivamente, estrictas.
@Revestech Pero la envolvente, la piel que recubre esas partes estrictas, se desplegaría con absoluta libertad. Tanto el foyer como las propias fachadas y su relación con la ciudad nos hablaba de esa Zaha que había maravillado al mundo 20 años atrás.
@Revestech Inaugurado en 2010, la Ópera de Guangzhou es quizás la mejor obra que Zaha Hadid construyó en vida y una demostración de que se podía ser fiel a unas necesidades muy precisas sin renunciar a una fortísima sensibilidad expresiva.
...
Pero el brillo duró muy poco.
@Revestech Apenas un año después, comenzaron a aparecer, en prensa y en foros, imágenes del edificio en un estado muy deteriorado.
Las piezas de la fachada se caían, habían aparecido grietas, y varias zonas del interior, incluyendo el foyer, se estaban llenando de goteras y humedades.
@Revestech Enseguida se acusó como responsable del desastre a la hiperagresiva manera de construir de China, quizá más preocupada por terminar el edificio cuanto antes que en la durabilidad o la conservación del mismo.
(Atentos a la ñapa de la tubería).
@Revestech También se dijo que el aumento del presupuesto (de 120 a 200 millones de dólares) no había ido a la obra sino a las manos de políticos e intermediarios corruptos.
@Revestech Y también hubo quien dijo que era un problema intrínseco a esas voluptuosas formas de la arquitectura de Zaha Hadid.
Vamos, que tanta inclinación y tanta superficie alabeada queda muy bonita en dibujos pero no se lleva nada bien con el mundo real.
@Revestech Es posible que todos tengan parte de razón, pero lo que es seguro es que todos los implicados en el edificio infravaloraron al enemigo invisible. Al primer enemigo de la arquitectura: el agua.
@Revestech El agua es implacable.
Se cuela por todos lados: desde arriba en las cubiertas, en las fachadas en cuanto sopla viento, se acumula en las paredes interiores por condensación e incluso vulnera la gravedad y sube por capilaridad en cuanto encuentra un mínimo camino.
@Revestech El agua abre grietas si se congela, rompe pavimentos si hay una fuga, desprende placas de revestimiento, ensucia fachadas, desintegra falsos techos y hace crecer el moho.
@Revestech Las primeras casas que construyó el ser humano se hicieron para protegerse sobre todo, del agua y, aun así, sigue dando problemas.
¿Ville Savoye, de Le Corbusier? Tenía goteras.
¿La casa en Burdeos, de Koolhaas? Goteras.
¿La Farnsworth, de Mies van der Rohe? Goteras y humedades.
@Revestech La Casa de la Cascada (y, en realidad, la mayoría de edificios de Frank Lloyd Wright)? Goteras por todos lados.
De hecho, cuando al tío le preguntaban por ellas, contestaba: "Así sabes dónde está el techo".
@Revestech Todos hemos tenido problemas con el agua alguna vez. Todos sabemos lo incómodo que es un problema con el agua y lo que estropea la experiencia de habitar, aunque sea una casa preciosa.
Porque, entonces, deja de ser una casa preciosa y se convierte en un quebradero de cabeza.
@Revestech ¿Significa esto que nadie tiene la culpa de lo de la Ópera de Guangzhou? ¿Que era algo inevitable?
En absoluto, porque también conocemos muchos edificios, algunos famosos y otros perfectamente humildes, que no han tenido esos problemas.
@Revestech Lo que los diferencia es que quienes los proyectaron y quienes los levantaron fueron conscientes de que un edificio no es solo crear un diseño bonito, funcional y resistente. También hay que, efectivamente, construirlo.
Y construirlo bien.
@Revestech Y construir bien implica prestar atención a muchos detalles que a veces se dan por sentados, que a veces nos parecen superficiales.
Que son tan mundanos, pero tan antiguos y tan trascendentales en la arquitectura como saber parar el agua.
Y si os ha gustado el hilo de hoy, no olvidéis darle un Like y un RT, guardarlo y compartirlo, para que no se moje en la lluvia del algoritmo.
El hilo de hoy es una colaboración con @Revestech, empresa de soluciones avanzadas en impermeabilización.
Ellos me pidieron que os explicara la importancia de impermeabilizar bien y, por eso, os he contado esta historia.
Pero hay algo más...
@Revestech Siempre lo digo, yo no promociono nada en lo que no crea: @Revestech es una empresa de Alicante y fabricación 100% española que, además, tiene en su catálogo algunos de los productos más innovadores, más sensatos y más responsables del mercado:
➡️ revestech.es
@Revestech Además de que, al fabricar en España, el transporte siempre es menor, tienen productos como la lámina EcoDry, que se elabora con materia prima reciclada (como envases de PET), y que incluso se fabrica con tecnología solar fotovoltaica integrada.
@Revestech Así que si os dedicáis a la arquitectura o la construcción, echad un vistazo a Revestech, porque merece mucho la pena.
Ah, y tienen una de las mejores cuentas de Instagram que yo haya visto en el mundo de la construcción. Rigurosa pero muy entretenida. instagram.com/p/DA893xDOj0D/
#LaBrasaTorrijos se escribe en directo todos los jueves desde el soleado (pero hoy lluvioso) barrio de Villaverde.
(Fin del HILO ☔🏠)
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En 1990, unas inundaciones asolaron Japón. Murieron 14 personas.
El país no podía arriesgarse a que se repitiesen en una zona urbana tan poblada como Tokio, así que construyeron una maravilla: La Catedral de las Tormentas.
Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos.
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Como habréis podido comprobar, llevamos un mes largo con varios episodios de lluvias. Lo "bueno" es que las lluvias de invierno suelen ser sostenidas y no torrenciales.
Como desgraciadamente sabemos, las jodidas son las torrenciales, las que descargan mucho en poco tiempo.
Idealmente, la mejor solución para absorber este tipo de inundaciones sería tener unas ciudades más porosas. Que permitiesen un drenaje más eficaz y más natural.
Pues en la Irlanda del XIX hubo un casero TAN CHUNGO que su apellido se convirtió en un verbo que significa "Impedir o entorpecer la realización de un acto como medio de presión para conseguir algo".
Os lo cuento en #LaBrasaTorrijos
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En 1854, un joven inglés llamado Charles Cunningham se trasladó a la isla de Achill, al oeste de Irlanda. Hijo de familia pudiente, salía de una carrera militar fallida y llegaba a las verdes tierras de Éire dispuesto a ser un hombre rico y de provecho.
En esa época, Irlanda vivía una situación bastante peluda: acababa de salir de la Gran Hambruna del 45, que había diezmado a la población, bien llevándola a los camposantos, bien obligándola a emigrar.
Por tanto, las verdes tierras de cultivo eran un bien muy preciado.
El Helicoide de Caracas es un resumen construido de la historia de Venezuela.
Un centro comercial nacido para un futuro motorizado y voraz, que se recorrería en coche —sin bajarse de él— pero acabó convertido en prisión.
Os cuento su historia en #LaBrasaTorrijos 🧵⤵️
Hay edificios que nacen con vocación de sistema. Aspiran a ser algo más que contenedores de actividad humana y se comportan como diagramas del mundo, como máquinas ideológicas disfrazadas de hormigón.
El Helicoide nació con esa aspiración.
Venezuela, años 50. Con el dictador Pérez Jiménez al mando, el país rebosaba gasolina, dólares, silencio cívico y la sudorosa sensación de que todo iba a durar para siempre.
Un laboratorio del petróleo que parecía querer ahogar el miedo pisando el acelerador. Literalmente.
El Cementerio de los Ingleses es un pequeño recinto tapiado frente a los acantilados de Camariñas, en A Coruña.
Pero ¿y si allí estuviese enterrado Jack el Destripador? (Y no, no es descabellado).
Esta es una historia de naufragios y patrimonio, en #LaBrasaTorrijos
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Plymouth, 8 de noviembre de 1890. Un hombre sube al "HMS Serpent" como quien acepta una sentencia cuyo contenido desconoce pero cuyo peso reconoce al instante.
@DACTurismo El nombre que dio —Arthur, James, William, el que fuese— quedó casi disuelto en la humedad del muelle porque lo pronunció demasiado bajo, evitando el cruce de miradas con el oficial que anotaba en un registro ya curvado por la lluvia.
Lo de que las estaciones del metro de Estocolmo son preciosas es algo digno de comprobarse in situ.
Pero también esconden una historia. Una historia de amor por los servicios públicos, por las infraestructuras públicas, por la gente que las construye y por la gente que las usa cada día:
La historia empieza, como empiezan casi todas las historias buenas de ciudades nórdicas, en la roca. Ni en el hormigón ni en el hormigón revestido de hormigón —que es la tentación internacional—, sino en la roca viva, la roca madre, el granito glacial que hace de Estocolmo una ciudad con vértebras de hielo fósil.
Cuando a mediados del siglo XX decidieron construir su red de metro, optaron por la solución más directa, casi geológica: excavar, dinamitar, abrir la montaña e insertar trenes. Y en algún momento de esa operación de ingeniería a mano armada surgió una pregunta casi infantil, tan evidente y, a la vez, tan peculiar que era muy raro que alguien se la preguntase: ¿y si dejamos la roca vista?
La respuesta tiene que ver con estética, sí, pero también con política y con época. Tras la Segunda Guerra Mundial, Suecia —como buena parte del norte de Europa— estaba articulando un nuevo pacto social: bienestar público, accesibilidad, democracia cotidiana.
Uno de los engranajes de ese pacto era la convicción tranquila, pero tenaz, de que el arte no debía ser un lujo sino un derecho. Así que, si el metro iba a convertirse en el gran espacio público donde cientos de miles de personas bajarían cada día, ¿por qué no convertirlo también en un lugar donde el arte descendiese con ellas? Un soporte para democratizar la belleza, para hacer país desde el subsuelo.
Esa respuesta convirtió al metro de Estocolmo en la frase con la que lo definen: la galería de arte más larga del mundo. Algo que va más allá del eslogan turístico; es una decisión conceptual. Si vas a perforar la ciudad, abraza sus entrañas. Si vas a mover a tanta gente bajo la tierra, ofréceles algo más que azulejos blancos y tubos fluorescentes.
Haz país. Haz estética. Haz política blanda —que es la mejor política—.
La línea azul es el ejemplo más evidente. Basta bajar desde T-Centralen para entenderlo: la bóveda, pintada de azul profundo, conserva la piel rugosa de la roca. Tiene algo de caverna prehistórica, pero intervenida con brochazos gigantes. Parece la obra de un pintor expresionista que hubiera vivido aquí encerrado con un cubo de acrílico y demasiadas horas de invierno.
Además, en esa bóveda aparecen siluetas de obreros: un homenaje directo a los trabajadores que construyeron la red hace 75 años y que la mantienen cada día.
Tres cuartos de siglo de ciudad subterránea.
Sigue uno bajando por la línea y llegas a Solna Centrum, la estación más fotografiada de Suecia (y probablemente una de las más fotografiadas del mundo). Un túnel rojo, intensamente rojo, un rojo que no te abraza sino que te engulle.
Parece una bajada al infierno, sí, pero es un infierno con una intención: el mural, pintado en 1975, denuncia la deforestación sueca. El rojo del cielo frente al verde de los bosques como un aviso urgente en un país que hoy presume de sostenibilidad, pero que lleva décadas pensando en estas cosas.
Estando allí me pregunté si hoy ese mural se lee de otra manera. Si ya no habla solo de árboles sino del planeta entero.
Estoy en Estocolmo, moviendo las manos porque hace tres grados bajo cero, y esto que tengo detrás es el ayuntamiento, el Stadshuset.
Visto así, con su ladrillo rojo, su torre alta y esta logia abierta al agua, parece un edificio medieval, casi un híbrido entre castillo nórdico y palacio veneciano. Podría colar como gótico italiano, o como algo que te encontrarías entrando en la plaza de San Marcos por la puerta equivocada.
Pero la gracia es precisamente que no es medieval en absoluto.
Es un edificio del siglo XX: se construye entre 1911 y 1923, lo diseña el arquitecto Ragnar Östberg y es uno de los grandes ejemplos del Romanticismo Nacional sueco, una arquitectura que mezcla referencias históricas con una idea muy moderna de lo que debe ser un edificio público.
Por eso está aquí, pegado al agua. Si esto fuera de verdad un ayuntamiento medieval, lo lógico es que estuviese bien adentro del casco antiguo, protegido por murallas, alejado de cualquier ataque por mar. Pero, en los años veinte, Suecia ya no está pensando en cañones y asedios: está pensando en democracia, administración y ciudad abierta.
El Stadshuset se coloca en la punta de Kungsholmen, justo donde el lago Mälaren se abre hacia el archipiélago que conecta con el Báltico. Es un gesto urbano clarísimo: el poder municipal se asoma al agua porque el agua es lo que organiza Estocolmo.
El patio donde estoy tiene ese aire muy veneciano: arcos de medio punto abajo y esa sensación de plaza porticada que se abre directamente al embarcadero. Te giras y podrías estar esperando que aparezca una góndola, pero lo que llega son ferris y hielo.
La torre, además, está claramente emparentada con el campanile de San Marcos, solo que coronada por las Tres Coronas doradas de Suecia, para que no haya dudas de quién firma el skyline.
Y luego está la obsesión material. El ayuntamiento está construido con unos ocho millones de ladrillos rojos, de los cuales cerca de un millón se hicieron a mano, precisamente para conseguir esta textura vibrante, nada uniforme, que ves en fachada: el típico ladrillo de monasterio nórdico, colocado alternando testas y tizones para que el muro nunca sea del todo plano ni del todo predecible.
Ragnar Östberg era bastante maniático con la textura: quería que el edificio, visto de cerca, tuviera una piel casi viva, con pequeñas variaciones en cada pieza.