Uno de los principales problemas de los que adolece el movimiento comunista actual reside en la habitual ausencia de un enfoque materialista del mundo, en pos de una visión subjetivista en función de intereses estrechos, algo ya criticado en la historia de nuestra clase.
Lenin criticó este método subjetivo cuando se enfrentó ideológicamente al populismo ruso, método por el cual se trata de tomar lo “bueno” de aquí y de allá, aislando determinados elementos del conjunto de relaciones sociales, lo cual es ajeno al método dialéctico de Marx.
Como consecuencia de esta falta de comprensión materialista del mundo, se imponen a la realidad planes utópicos, necesariamente al margen de la evolución real de la sociedad, perspectiva desde la que las tentativas transformadoras necesariamente han de fracasar.
El marxismo se separa de este método subjetivo al elevarse a una comprensión de la necesidad objetiva del capitalismo y de las tendencias materiales que abre a la emancipación del proletariado por su posición social.
Si bien no basta con este reconocimiento general sobre las condiciones objetivas de la revolución proletaria para desencadenar tal revolución, es un aspecto cardinal del marxismo comprender de manera científica qué requisitos objetivos son necesarios para transformar el mundo.
Se trata de integrar ese espíritu marxista: aplicar la perspectiva materialista dialéctica a la historia de la lucha de clases para comprender el mundo en su totalidad y desde ahí desvelar las herramientas de la revolución.
Si se carece de tal perspectiva, todo plan diseñado no será más que una quimera idealista y de ahí no podrá emerger ningún movimiento capaz de transformar la realidad hacia el comunismo.
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En el texto ‘Lenin y el Partido de Nuevo Tipo’ se dan unas pinceladas sobre la polémica que dividió a bolcheviques y mencheviques, el criterio para definir al militante de vanguardia, cuestión de importancia para las tareas actuales del proletariado.
La clave del asunto estaba, para Lenin, en que la fórmula laxa de Martov abría las puertas a cualquier simpatizante, con el consiguiente peligro de convertir la organización revolucionaria en un partido amorfo, de masas.
Mientras tanto, la fórmula leninista y su posterior conceptualización condensa la diferencia cardinal entre la conciencia revolucionaria y la conciencia espontánea, entre la vanguardia y las masas, entre el revolucionario profesional y el cuadro sindical.
Por abundar un poco más en alguna idea del hilo, lo que trataba de exponer aquí es que, más allá del ejemplo mostrado, el voluntarismo y el moralismo son tendencias mayoritarias en el Movimiento Comunista como consecuencia de la hegemonía del revisionismo.
Multitud de organizaciones supuestamente comunistas enaltecen en redes, comunicados y documentos diversos valores morales abstractos: el compromiso, el sacrificio, la solidaridad, el entusiasmo, la esperanza...
Valores que suelen aparecer junto al desarrollo de trabajo político, usualmente reducido a la defensa de los intereses inmediatos de las masas obreras o la conquista de determinadas mejoras parciales, como pretendido motor de desarrollo revolucionario.
Idea clave de Lukacs: la revolución burguesa viene a dar sanción política a un contenido económico ya en marcha en el modo de producción anterior; mientras que el proletariado solo encuentra en el capitalismo las condiciones de posibilidad de la revolución comunista.
Lo cual implica que el proletariado no debe ni puede limitarse a levantar un aparato de dominio político que sancione una nueva forma de explotación, sino que su ser social le impele a una “transformación consciente de toda la sociedad”.
Es decir, las revoluciones burguesas solo podían aspirar a un perfeccionamiento de la maquinaria estatal para poder así desplegar en toda su amplitud y asegurar la acumulación de capital y la explotación de una gran parte de la sociedad.
Literalmente el artículo: "El MS no ha negado nunca que las instituciones ofrezcan medios y posibilidades para la mejora del proletariado" y "que las capacidades y los medios de las instituciones deben estar organizados a favor del proletariado y sus necesidades".
En todo el artículo no hay ni una sola mención al horizonte revolucionario del proletariado por medio de la destrucción violenta del Estado burgués, y se habla de poner en favor del proletariado las instituciones, o sea, la consideración del Estado como ente neutral.
En cualquier caso, es cierto que el MS en otros artículos ha realizado denuncias contra el Estado burgués, el problema está en que esto se desliga de toda crítica a la espontaneidad y su ligazón interna con el Estado, defendiendo una supuesta potencialidad del “tejido asociativo”
Este artículo muestra perfectamente por qué la llamada a la abstención electoral no es por sí misma una postura revolucionaria y por qué el Movimiento Socialista se encuadra en un radicalismo aristobrero que poco tiene que ver con el comunismo.
Y es que el MS no representa nada ralmente nuevo, pues las críticas "izquierdistas" a la gestión estatal de la socialdemocracia han sido una constante en el revisionismo del Estado español.
En este caso concreto es innegable la masa más amplia que estas organizaciones han venido movilizando con respecto a otras organizaciones "comunistas" típicamente apartadas de cualquier influencia política real, ¿pero esto en sí mismo demuestra ruptura con el revisionismo?