En ausencia de revolución y en el auge actual de la reacción en todos los frentes, mediocres charlatanes rojipardos, académicos buenistas o jefecillos obreristas pequeño-burgueses tratan de inocular su tosco oportunismo obrerista y su rancio socialchovinismo en el marxismo.
Ello obedece, en gran parte, a una época de derrota global del comunismo tras el agotamiento del Primer Ciclo de la Revolución Proletaria Mundial (1917-1989), en que la concepción proletaria del mundo (marxismo) hace largo tiempo que perdió su prestigio y referencialidad.
Ante la ausencia de ideología y sujeto revolucionarios, diversos sucedáneos particulares del mundo burgués aparecen para alimentarse del cadáver del marxismo (revisionista) que nos llega del viejo Ciclo: teorías feministas, sindicalismo de clase… o el oportunismo nacionalista.
El oportunismo nacionalista (en su forma de chovinismo de gran nación) está “de moda” porque es la natural reacción desesperada de unas clases medias (pequeña-burguesía, aristocracia obrera) que, en su impotencia, ven temblar el suelo bajo sus pies
ante la inexorable dinámica de un capitalismo mundial en descomposición (imperialismo) que tiende a erosionar y diluir las certezas y los rasgos nacionales en un “sello cosmopolita” (Marx):
La pequeña burguesía, en su operación socialchovinista de servirse del marxismo para nacionalizar (embaucar) a las masas con su patriotismo burgués necesita, ineludiblemente, vulgarizar y relegar a un plano secundario la teoría marxista de la lucha de clases.
El socialchovinismo pequeño-burgués (perdón por el pleonasmo) parte de desplazar a las clases sociales como sujetos disolviéndolas en la Nación. De hecho, desde esta germinal desviación en el seno del socialismo revisionista se desarrolló el fascismo italiano:
“[L]evantar hoy la bandera roja del comunismo exige reconocer […] que la lucha contra el fascismo es una frase vacía si no va indisolublemente ligada a la lucha contra el socialchovinismo.”
1. Desde el prisma socialchovinista, la clase obrera se supedita al estrecho marco de la nación a la que pertenece. El marxismo parte de la clase obrera como clase universal e internacional:
2. El socialchovinista de gran nación razona desde el punto de vista de su país; el proletario consciente razona desde el punto de vista de su clase y del interés estratégico de la revolución proletaria:
2.1. Por ello, el punto de vista y el marco de actuación del proletariado revolucionario es superior, más amplio, que el del pequeño-burgués nacionalista y socialfascista: se trata de una visión y un marco internacionalistas.
2.2. De tal modo, “mi” país es una base para la preparación y el desarrollo de la Revolución Proletaria Mundial, no un rincón estatal-nacional en el que fortificar una “patria obrera”.
3. “Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen.”, afirmaban Marx y Engels en el Manifiesto.
Y esta es una verdad inapelable en la época histórica actual en la que la patria es el capital político burgués condensado en el Estado imperialista.
3.1. El socialchovinista apela a la patria precisamente dentro del marco burgués imperialista de su Estado-nación, allí donde se concilian y armonizan los intereses de todas las clases en una amalgama de “valores compartidos” para “mejorar el país”.
3.2. Cuando los bolcheviques se identificaron con una patria lo hicieron:
a) tras haber conquistado el poder (“somos defensistas desde el 25 de octubre de 1917” – Lenin)
b) mediante una revolución “esencialmente internacional”
(Paréntesis: la vocación internacional de la revolución proletaria sólo puede ser considerada –como apunta E. H. Carr– una “necesidad” de supervivencia de los bolcheviques desde un prisma empirista inmerso en la vorágine de la coyuntura del Ciclo de Octubre.
Desde la concepción marxista de mundo, aquella “necesidad” coyuntural es una ley de la revolución, es decir, una cuestión de principio universal de la construcción de la Dictadura del Proletariado contra el capitalismo y por la emancipación humana en el Comunismo.)
4. Esta pretensión de integrar el patriotismo burgués en el marxismo se condensa en la definición leninista del socialchovinismo como el "oportunismo consumado": alianza de clase entre los sectores arribistas del movimiento obrero (peq. burguesía, arist. obrera) con su burguesía.
5. El internacionalismo es inherente al marxismo:
a) en el plano económico proviene de la “universalidad de las condiciones y relaciones de producción capitalista”;
b) en el plano histórico, el internacionalismo antecede al nacionalismo y al principio de nacionalidad
5.1. La unificación internacional del proletariado “no consiste en la unión voluntariosa y paulatina del proletariado entre las naciones”, sino en “forjar esa unidad directa e inmediatamente, sin circunloquios nacionalistas ni de ningún otro tipo”:
5.2. Por supuesto, esto no quiere decir que la táctica marxista-leninista desatienda la cuestión nacional allí donde estén pendientes de resolverse las luchas de liberación nacional o la opresión nacional al interior de los Estados imperialistas:
6. La revolución se organiza internacionalmente. Es decir; allí donde el proletariado comience a construir el socialismo lo hará en dirección al horizonte emancipador de la fusión de las naciones y la abolición de las clases sociales, superando la estrechez nacional.
“La trayectoria del socialchovinismo de gran nación (cuya forma sublimada es el frentismo socialfascista), pone nuevamente de relieve que la lucha contra el revisionismo debe asentarse en los 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼𝘀 𝘂𝗻𝗶𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝘀𝗺𝗼,
en la fundamentación científica del internacionalismo proletario y en la intransigencia con cualquier tentativa que matice la centralidad que ocupa la conciencia proletaria en el cumplimiento del Plan de Reconstitución del Partido Comunista.”
CxR, Línea Proletaria nº8
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El feminismo como parte integrante de la tendencia reaccionaria (corporativista, contrarrevolucionaria) de la sociedad burguesa (hilo):
El movimiento feminista, en toda su diversidad de marcas, sólo podía y puede ofrecer el perfeccionamiento de la dictadura de clase de la burguesía; sus diversas corrientes son todas ellas expresiones reaccionarias de un mismo sentido común –de época– imperialista.
Los recientes asuntos de Errejón y Monedero son sólo dos vivos ejemplos de toda una tendencia reaccionaria que este feminismo maduro ya ha recorrido en los últimos 20 años en su, hoy evidente, convergencia con el capital.
Con motivo del aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, es deber de los comunistas poner la atención en esos elementos del documento que adolecen de limitaciones o han caducado y no sirven ya para el relanzamiento de la revolución.
Hilo:
Los 177 años que nos separan del Manifiesto han implicado dos grandes cambios paradigmáticos, tanto en sentido histórico como político, que afectan a la vigencia del documento: entrada en la era imperialista del capital y experiencia del Ciclo de Octubre.
Una de las grandes limitaciones del Manifiesto es la tesis –dominante en el MC– de considerar la conciencia espontánea del proletariado equiparable a conciencia revolucionaria, sobre la cual, junto con otros elementos, se edificó el paradigma del Ciclo de Octubre.
En el aniversario de su muerte, merece ser destacada la figura de Georg Büchner (1813-1837) y su panfleto revolucionario ‘El mensajero rural de Hessen’ que lanzó la consigna universal de las clases oprimidas y desposeídas «¡Paz a las cabañas! ¡Guerra a los palacios!»:
Criado entre la cultura del romanticismo alemán del «Sturm und Drang», el materialismo de las ciencias y la admiración por la Revolución Francesa, Büchner fue sin duda un revolucionario en favor de la lucha violenta y a muerte contra la vieja sociedad feudal:
Perteneciente a la generación de la Restauración napoleónica, que no vivió la Revolución Francesa ni tampoco la Primavera de los Pueblos de 1848, su panfleto ‘El mensajero rural de Hessen’ recoge un espíritu revolucionario universal cuyos ecos resonarían en la Rusia de 1917...
Comprender este auge de la reacción patriota y antiproletaria, que prepara el terreno al socialfascismo, exige recuperar el pensamiento de clase, es decir; comprender el papel elemental que juega –sobre todo, desde la crisis del 2008– la aristocracia obrera,
en su convergencia con el capital financiero (que también es golpeado en este declive histórico del imperialismo).
Esta gentuza liberal y chovinista (Alvise, Dani Esteve, Wall Street Wolverine, etc.) necesita del bulo y de la ruindad para llegar a las masas. Al proletariado consciente, en cambio, guiado por su ideología revolucionaria (marxismo), le pertenecen el conocimiento y la verdad.
En esta época de capitalismo imperialista (fase superior), la burguesía hace ya tiempo que devino en clase reaccionaria, enemiga del progreso histórico y únicamente interesada, por tanto, en conservar su poder y su orden social capitalista ya entrado en decadencia.
La burguesía y sus agentes no están interesados ya en explicar rigurosa y científicamente los fenómenos que atraviesan a la sociedad capitalista sino en ocultarlos y tergiversarlos a base de medias verdades interesadas y sesgadas por sus prejuicios nacionales y clasistas.
Cuando los comunistas planteamos la necesidad de «abolir la familia» no nos referimos a suprimir inmediatamente todo vínculo consanguíneo, como tampoco eliminar el reconocimiento social de la unión de dos personas para realizar su vida en común.
Abolir la familia es liberar al individuo de unos vínculos impuestos de manera espontánea y al margen de su voluntad; derribar las paredes del hogar en tanto espacio privado de reposición de la fuerza de trabajo; socializar la reproducción social y emancipar de ella a la mujer.
“La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica, franca o más o menos disimulada, de la mujer; y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales.”
–F. Engels, ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’, 1884