Comprender este auge de la reacción patriota y antiproletaria, que prepara el terreno al socialfascismo, exige recuperar el pensamiento de clase, es decir; comprender el papel elemental que juega –sobre todo, desde la crisis del 2008– la aristocracia obrera,
en su convergencia con el capital financiero (que también es golpeado en este declive histórico del imperialismo).
Este sector aristobrero –arribista, egoísta y temeroso de la proletarización a la que le empuja el capitalismo– se ha dotado no sólo de relativa autonomía objetiva con respecto al resto de la clase obrera (poder de negociación y representación) sino intereses (burgueses) propios
y antagónicos al conjunto del proletariado y de sus tareas revolucionarias.
Así, al tiempo que plantea fricciones de clase en la mesa de negociación del Estado imperialista, confluye y participa en la tendencia y en la agenda común reaccionaria del bloque de clase dominante.
Es por ello que los proletarios conscientes debemos prevenirnos ante este sector semi-desgajado de la clase, de su narrativa socialchovinista, de su política reformista bajo la que siempre subyace un marcado carácter antiproletario, etc.
El enemigo de clase, el enemigo más inmediato de la preparación y desarrollo de la Revolución Proletaria Mundial, no se encuentra ya en los estratos inferiores, más degradados y depauperados, de nuestra clase; sino por arriba,
en ese sector de la clase que hace tiempo que llama a las puertas del Estado imperialista, batallando por ganarse su lugar en el “consejo de administración” de los intereses burgueses desde el que forjar su alianza sagrada con las demás clases 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢 el proletariado.
Por eso es una verdad innegable, como asentaron Marx, Engels y Lenin, que el proletariado no tiene patria.
Y, en la era de imperialismo maduro, tampoco tenemos un Estado-nación que salvar. Nuestra causa es la dictadura del proletariado internacional por el Comunismo.
Los proletarios conscientes somos la única simiente revolucionaria que queda en pie en el último estadio de la sociedad de clases, en un presente histórico en que todas las certezas y alianzas de clase del viejo capitalismo se tambalean pero, también, golpean en nuestra contra.
Relanzar la revolución, volver a creer que es verosímil, requiere pensarla de nuevo y eso requiere también capacitar a las cabezas pensantes que habrán de llevarla a cabo, lo que significa poner en el orden del día la reconstitución ideológica y política del comunismo.
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El feminismo como parte integrante de la tendencia reaccionaria (corporativista, contrarrevolucionaria) de la sociedad burguesa (hilo):
El movimiento feminista, en toda su diversidad de marcas, sólo podía y puede ofrecer el perfeccionamiento de la dictadura de clase de la burguesía; sus diversas corrientes son todas ellas expresiones reaccionarias de un mismo sentido común –de época– imperialista.
Los recientes asuntos de Errejón y Monedero son sólo dos vivos ejemplos de toda una tendencia reaccionaria que este feminismo maduro ya ha recorrido en los últimos 20 años en su, hoy evidente, convergencia con el capital.
Con motivo del aniversario de la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, es deber de los comunistas poner la atención en esos elementos del documento que adolecen de limitaciones o han caducado y no sirven ya para el relanzamiento de la revolución.
Hilo:
Los 177 años que nos separan del Manifiesto han implicado dos grandes cambios paradigmáticos, tanto en sentido histórico como político, que afectan a la vigencia del documento: entrada en la era imperialista del capital y experiencia del Ciclo de Octubre.
Una de las grandes limitaciones del Manifiesto es la tesis –dominante en el MC– de considerar la conciencia espontánea del proletariado equiparable a conciencia revolucionaria, sobre la cual, junto con otros elementos, se edificó el paradigma del Ciclo de Octubre.
En el aniversario de su muerte, merece ser destacada la figura de Georg Büchner (1813-1837) y su panfleto revolucionario ‘El mensajero rural de Hessen’ que lanzó la consigna universal de las clases oprimidas y desposeídas «¡Paz a las cabañas! ¡Guerra a los palacios!»:
Criado entre la cultura del romanticismo alemán del «Sturm und Drang», el materialismo de las ciencias y la admiración por la Revolución Francesa, Büchner fue sin duda un revolucionario en favor de la lucha violenta y a muerte contra la vieja sociedad feudal:
Perteneciente a la generación de la Restauración napoleónica, que no vivió la Revolución Francesa ni tampoco la Primavera de los Pueblos de 1848, su panfleto ‘El mensajero rural de Hessen’ recoge un espíritu revolucionario universal cuyos ecos resonarían en la Rusia de 1917...
En ausencia de revolución y en el auge actual de la reacción en todos los frentes, mediocres charlatanes rojipardos, académicos buenistas o jefecillos obreristas pequeño-burgueses tratan de inocular su tosco oportunismo obrerista y su rancio socialchovinismo en el marxismo.
Ello obedece, en gran parte, a una época de derrota global del comunismo tras el agotamiento del Primer Ciclo de la Revolución Proletaria Mundial (1917-1989), en que la concepción proletaria del mundo (marxismo) hace largo tiempo que perdió su prestigio y referencialidad.
Esta gentuza liberal y chovinista (Alvise, Dani Esteve, Wall Street Wolverine, etc.) necesita del bulo y de la ruindad para llegar a las masas. Al proletariado consciente, en cambio, guiado por su ideología revolucionaria (marxismo), le pertenecen el conocimiento y la verdad.
En esta época de capitalismo imperialista (fase superior), la burguesía hace ya tiempo que devino en clase reaccionaria, enemiga del progreso histórico y únicamente interesada, por tanto, en conservar su poder y su orden social capitalista ya entrado en decadencia.
La burguesía y sus agentes no están interesados ya en explicar rigurosa y científicamente los fenómenos que atraviesan a la sociedad capitalista sino en ocultarlos y tergiversarlos a base de medias verdades interesadas y sesgadas por sus prejuicios nacionales y clasistas.
Cuando los comunistas planteamos la necesidad de «abolir la familia» no nos referimos a suprimir inmediatamente todo vínculo consanguíneo, como tampoco eliminar el reconocimiento social de la unión de dos personas para realizar su vida en común.
Abolir la familia es liberar al individuo de unos vínculos impuestos de manera espontánea y al margen de su voluntad; derribar las paredes del hogar en tanto espacio privado de reposición de la fuerza de trabajo; socializar la reproducción social y emancipar de ella a la mujer.
“La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica, franca o más o menos disimulada, de la mujer; y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales.”
–F. Engels, ‘El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado’, 1884