Los liberales afirman que el comunismo condena a la gente a una vida gris de servidumbre al Estado, pero esta es precisamente la situación del proletariado bajo el capitalismo: una vida de explotación en un trabajo que te desrrealiza como humano por un salario mísero.
La explotación capitalista se cimenta en la reducción del obrero a mera fuerza de trabajo a la que explotar sin límites, de persona pasa a ser un autómata pasivo ligado al trabajo por un salario, ajeno a toda la riqueza que su esfuerzo crea día tras día.
La explotación capitalista es inseparable de la conversión del obrero en un ser sin autonomía, totalmente coartado en el puesto de trabajo por el disciplinamiento que impone la producción y la jerarquía. El obrero es un instrumento más que se reemplaza cuando deja de ser útil.
Frente a ello el comunismo señala que la toma de conciencia del proletariado debe barrer con la mediocridad propia de la cotidianidad alienada del capitalismo. El fin de la explotación del proletariado es inseparable de su iniciativa y actividad.
El proletariado debe destruir el Estado burgués, tomar todos los medios de producción que su propio trabajo ha construido y dirigir él mismo de manera consciente y planificada su vida social acorde a las necesidades colectivas.
El comunismo interpela al proletariado para que éste construya un nuevo mundo a su imagen y medida. El obrero debe dirigir y participar en todas las instancias de la vida social, desde la producción a la dirección del nuevo Estado.
El comunismo exige a cada obrero toda la disciplina y responsabilidad. El reino de la libertad no existe sin comprensión y ejecución de la necesidad, por lo que cada obrero debe ser planificador, director y ejecutor, desplegar todas sus fuerzas vitales en pos de la emancipación.
Así, mediante este aprendizaje de control y participación de todas las facetas de la vida social como el proletariado, construyendo el comunismo, se abole a sí mismo como clase; deviene en nueva humanidad que regula de manera consciente y racional su metabolismo social.
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Uno de los caracteres fundamentales del fascismo de nuestros días es que este no enfrenta a un proletariado organizado ni a la amenaza de la revolución socialista. Por ello no necesita de la demagogia obrerista para conquistar a la clase trabajadora, sino que se muestra +
abiertamente como el programa de la burguesía más rapaz, la vía autoritaria para salir de la crisis capitalista y asegurar a toda costa la acumulación de capital y el beneficio de la clase dominante.
El fascismo de nuestros días mantiene el chovinismo, el racismo y el enfrentamiento nacional como herramienta de disciplinamiento y articulación interclasista de la sociedad, pero no cede ni un milímetro a posturas aparentemente sociales. Los sectores de la clase obrera +
Decía Lenin que los problemas particulares de la clase obrera debían ser iluminados por la teoría marxista.
Para el proletariado su fusión con la teoría científica superior, con el marxismo, no es una cuestión meramente intelectual. La teoría rige su práctica revolucionaria.
Para el proletariado la teoría revolucionaria no es un mero objeto de estudio más, sino que es el corazón, la médula racional que constituye su conciencia como clase.
Sólo el conocimiento recto de la realidad objetiva permite al proletariado dirigir su lucha política.
El conocimiento de las estructuras del capital permite al proletariado no sólo entender éstas en tanto que realidad, sino también a él mismo como sujeto, como clase social sobre cuyo trabajo y explotación se levanta la totalidad del modo de producción capitalista.
Ya está en marcha toda la maquinaria propagandística para desviar la atención sobre los culpables de la tragedia sucedida en Valencia.
El afán de poner el foco en los saqueos culpabilizando a inmigrantes, en las donaciones de millonarios o en la gente que quería salvar sus +
pocas pertenencias como el coche en medio de la riada tiene como objetivo que no se señale que los responsables de la tragedia han sido los empresarios que conociendo los pronósticos obligaron a trabajar y un entramado político que lo permitió y sólo avisó en el momento +
en el que ya no había vuelta atrás, todo por el beneficio de la clase que nos domina y explota: la burguesía. Ellos son los asesinos, ellos son los culpables y sobre ellos debe recaer toda la furia.
Desviar el foco es el primer paso para que una vez estabilizada la situación+
Marx y Engels y la lucha por el Partido Comunista.
La Liga de los Comunistas, pese a su brevedad, constituye un predecesor ineludible del Partido Comunista. Entre 1847 y 1852 Marx y Engels lucharán de manera incansable por constituir el partido independiente del proletariado.
Ya en el “Manifiesto Comunista” se plasma la acción de los comunistas como vanguardia del proletariado, puntal revolucionario de la clase obrera:
«el sector más resuelto de los partidos obreros de todos los países, el sector que siempre impulsa adelante a todos los demás».
Tras la Revolución de 1848 Marx y Engels intentarán reestructurar políticamente la Liga de los Comunistas bajo la estela de tres principios fundamentales:
-La independencia política del proletariado.
-La acción de vanguardia de los comunistas.
-Centralización organizativa.
Los capitalistas siempre han financiado a los fascistas para disciplinar y exterminar a los proletarios, la diferencia de los años treinta a hoy es que los liberales no se esconden en mostrar su hermanamiento y ligazón con el fascismo.
Es una diferencia radical entre el fascismo pasado y el fascismo que viene. El fascismo pasado necesitaba ocultar su lazo con los grandes capitalistas para salvaguardar su demagogia social pseudorrevolucionaria, hoy es abiertamente antiobrero y orgulloso de su carácter burgués.
En los años 30 la crisis económica capitalista venía acompañada de una crisis política sin precedentes: la Revolución Rusa de 1917 y la formación de la URSS fue el pistoletazo de la Revolución Proletaria Mundial. El fascismo necesitaba conjugar una demagogia social +
El reformismo no es un ente externo a los movimientos sociales que actúa cooptando desde fuera, sino que es una de las tendencias internas al propio movimiento y a toda lucha económica.
Comprender este aspecto es el primer paso para poder superar la política reformista.
Comprendiendo que el reformismo es una tendencia objetiva del movimiento espontáneo la pregunta principal no es cómo evitar la cooptación por parte de la socialdemocracia, sino cómo procurar el salto cualitativo que abra el paso de la conciencia espontánea a la revolucionaria.
Es aquí donde radica la acción comunista en los movimientos sociales, su papel de vanguardia: ser el elemento avanzado que ligue los movimientos sociales a la lucha revolucionaria por el comunismo, trazar una línea de demarcación con respecto al reformismo.