Dos noticias que ayudan a entender mejor un país que ha decidido convertir la farsa de "antisionismo es antisemitismo" en verdad de Estado.
Un par de apuntes sobre la "desnazificación" alemana, tan mitificada:
En 1945, las fuerzas aliadas victoriosas acordaron imponer a Alemania una política de "desnazificación". En la Conferencia de Postdam se acordó "depurar" la sociedad alemana de toda influencia nazi en la política, la cultura, la prensa, la justicia...
Pero el proceso se chocó ante la necesidad de EEUU y sus aliados de reconstruir la Alemania Federal como un estado capitalista que sirviera además de baluarte de contención anticomunista
El resultado, muy sencillamente, es que la "desnazificación" fue extremadamente parcial y limitada. Los antiguos nazis fueron expulsados de los puestos de mando más visibles en el Estado, la prensa, etc.
Sin embargo:
1-El mundo de la empresa quedó prácticamente intacto. La burguesía alemana, en otras palabras, pudo hacer como si nada hubiera pasado.
En un informe para la inteligencia yanki, Herbert Marcuse había señalado a los "criminales de guerra económica":
Los grandes burgueses (Krupp, Thyssen, etc.) que se habían beneficiado inmensamente del régimen nazi, además de haber jugado un papel clave en su consolidación y la llegada de Hitler al poder. No fueron juzgados
Estas empresas siguen siendo algunas de las más potentes de Europa.
El periodista David de Jong ha investigado exhaustivamente este punto en su ensayo "Nazi Billionaires".
Pero la impunidad no quedó aquí. Muchísimos cuadros intermedios del nazismo fueron inmediatamente integrados en el aparato estatal alemán.
Lo mismo sucedió en el mundo del periodismo, etc. En general, la sociedad alemana, y muy especialmenye sus clases medias y dirigentes, adoptaron una posición de negación, comportándose como si nada hubiera sucedido.
El filósofo judío Max Horkheimer explicaba así la situación que encontró a su retorno.
Así que, en definitiva, poco puede extrañar que los dirigentes alemanes de hoy sean nietos de los nazis de ayer. Solo una ínfima minoría fue juzgada y realmente purgada. El resto siguió cómodamente integrada en la sociedad burguesa alemana
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Un artículo interesante. Sin embargo, tiene una debilidad de fondo: el tipo de colonialismo que se practica en Israel y el que se practicaba en Sudáfrica son sustancialmente diferentes. Y eso hace que por desgracia lo que se aplica al segundo difícilmente se aplique al primero
En sus análisis del colonialismo, Kautsky estableció una diferencia entre las "colonias de trabajo" y las "colonias de explotación".
La distinción es útil a pesar de las debilidades de su análisis. marxists.org/espanol/kautsk…
Sudáfrica es un caso prototípico del segundo tipo: una minoría blanca se convierte en la clase dominante del país, controlando los grandes resortes del poder económico y político, y sustenta su riqueza sobre la explotación extrema y la exclusión política de la mayoría negra.
Como están saliendo algunas críticas a la barrera del 5% de los votos que impone el parlamento alemán (a no ser que ganes uno de los escaños directos), es interesante analizar su origen, que dice mucho sobre los regímenes parlamentarios de posguerra
En gran parte porque tiene que ver con cuál fue la *lectura oficial* (liberal) sobre qué había llevado al nazismo.
Por un lado, era imposible no culpar parcialmente al liberalismo económico que había llevado al colapso del 29.
Los liberales no podrían haber impuesto ese relato con una Unión Soviética ocupando media Europa --y siendo vista como su salvadora-- y unas clases trabajadoras que habían puesto los muertos en la guerra
Lo primero es definir qué es una "institución capitalista". Para eso es importante desdoblar dos dimensiones.
Por un lado, están las instituciones que se rigen *directamente* por la lógica de la producción y apropiación de plusvalor -el beneficio privado.
Esto incluiría, básicamente, a las empresas.
Hay una ilusión socialdemócrata según la cual el término "instituciones capitalistas" debería utilizarse exclusivamente para estas: los espacios de poder *privado*, regidos directamente por la lógica de obtención de beneficios.
Pretenden combatir a la extrema derecha eliminando derechos políticos y libertades. El resultado es ponerles una alfombra roja: por un lado les permite presentarse como defensores de la libertad; por otro normaliza aun más el autoritarismo que desean generalizar.
La combinación de una cierta retórica "libertaria" con el autoritarismo abierto es una de las características más determinantes del bloque de los Musk, Milei, Trump, etc. Su plasmación en miniatura, en la forma de sus primeros compases, es lo que ha sucedido en esta red social.
Donde en nombre de la "libertad de expresión" se amplifican los contenidos ultras y fascistas a la vez que se censuran causas como la solidaridad por Palestina y se silencian las voces críticas en general
A raíz de la cuestión de las infiltraciones, de las cuales es importante extraer lecciones apropiadas, he leído más de una vez una reflexión que me parece errónea.
La idea vendría a ser que infiltrarse ha sido fácil porque los colectivos tenían un umbral ideológico-formativo muy bajo, y que la solución, o al menos parte de la solución, sería sencillamente subirlo.
Esta idea resulta atractiva para quienes desean -correctamente, en mi opinión- que la teoría y la formación ocupen un espacio importante en cualquier militancia.
Dejando de lado el auge de gente tontísima que se cree listísima, y recordando que después de Nochevieja hay que quitarse las máscaras con nariz, gafas y bigotes, un par de apuntes sobre el "derecho a la vivienda".
La expresión "derecho a la vivienda" es efectivamente equívoca.
El problema de base es que un derecho es, en el sentido fuerte, algo cuyo cumplimiento puedes demandar en un juzgado. Bajo el Estado burgués, la propiedad es un derecho porque si alguien toca tu propiedad
está cometiendo un delito, que la policía solventará y por el cual puedes ir a los tribunales para demandar que tu propiedad sea devuelta.