Esta cita, extraída de un artículo de Marx publicado en la Neue Rheinische Zeitung (n. 145, 17/11/1848), no emite una opinión filosófica sobre los impuestos: es una proclama sobre un decreto político de la Asamblea Nacional en el marco de una lucha revolucionaria abierta.
En la cita, Marx da apoyo a una medida de desobediencia civil fiscal (propuesta por la Asamblea Nacional) como arma contra un gobierno (nombrado por el Rey de Prusia y encabezado por el Conde de Brandenburg) que consideraba ilegítimo por haber dado un golpe contrarrevolucionario.
La "alta traición" era contra la causa revolucionaria y la Asamblea elegida que representaba (aunque de forma imperfecta) la soberanía popular frente al absolutismo monárquico. Pagar impuestos al ministerio de Brandenburg financiaba a los que estaban ahogando la revolución.
Para Marx, en ese momento la negativa a pagar impuestos era una herramienta táctica para debilitar económicamente al gobierno contrarrevolucionario y movilizar a las masas. No era un principio general de oposición a todo impuesto per se, sino una medida excepcional.
Rallo confunde malintencionadamente una observación empírica (a saber, que el embargo de EEUU asfixia a Cuba) con una justificación teórica del capitalismo (a saber, que el libre comercio enriquece). Lo primero es totalmente cierto, pero lo segundo es pura ideología burguesa.
Es lógico que una pequeña isla vea su desarrollo mermado si una potencia imperialista la somete a fuertes restricciones políticas y coercitivas para impedir su acceso a bienes y tecnología. Esto no es una ausencia "neutral" de libre comercio, sino una forma de guerra económica.
Lo mismo sucedería en un contexto inverso: si la isla fuese capitalista y el resto del mundo socialista, y el mundo aislara y asfixiara a esa isla, entonces su desarrollo también se vería mermado. En este contexto, entonces, Rallo debería atribuir el desarrollo al socialismo.
Aquí el "economista" @jrestrp tiene la amabilidad de ofrecer un nuevo ejemplo del carácter profundamente ideológico del economista burgués o, en términos de Marx, del economista vulgar. Para ello nos presenta una gráfica que parte un anacronismo: trata al capital como ahistórico.
Según él, el capital, y por ende las relaciones de producción propias y características del modo de producción capitalista, existían ya en la prehistoria. ¡Una robinsonada digna de la doctrina liberal y que sin lugar a duda haría las delicias de Smith, Menger, Walras y Stirner!
Además, el brillante economista burgués presenta una gráfica sin fuentes verificables ni metodología publicada. No conocemos qué series históricas usó, ni qué fórmulas aplicó. Y por tanto la gráfica es no evaluable científicamente: solo puede considerarse un esquema ideológico.
Marx, sobre la concepción burguesa de "consumidor racional".
Resumen del extracto: «Reducción del salario y prolongación de la jornada laboral: ése es el meollo del método racional y saludable que elevará al obrero a la dignidad de consumidor racional».
Extracto a continuación:
«El señor capitalista, al igual que su prensa, suele estar descontento con la manera en que la fuerza de trabajo gasta su dinero y con las mercancías en que la misma realiza dicho dinero. Con tal motivo filosofa, cultiparlotea y exuda filantropía por todos los poros, como hace *
* por ejemplo el señor Drummond, secretario de la embajada inglesa en Washington. The Nation, nos informa Drummond, publicó en octubre de 1879 un interesante artículo en el que se dice, entre otras cosas: "Los obreros no se mantuvieron, en el plano de la cultura, a la par del *
Esta soberana tontería equivale a afirmar que, cuando vas al supermercado, tú eres el vendedor —de dinero— y el vendedor es el comprador —de tu dinero, que paga con mercancías. Invierte por completo la realidad: el dinero no media el intercambio, sino que es el fin del mismo.
Pero Milei, insatisfecho, es incapaz de detenerse en esta burda confusión y decide profundizar aún más en el absurdo: si el trabajador "compra dinero" con su fuerza de trabajo, entonces —concluye— la explotación no existe o, a lo sumo, es el trabajador quien explota al burgués.
El burgués no compra la fuerza de trabajo ajena —por un valor inferior a las mercancías que produce— adquiriendo así el derecho —reconocido por la ley burguesa— de apropiarse las mercancías que produce dicha fuerza de trabajo con el objetivo de venderlas a cambio de una ganancia.
Dado que la tradición de nuestra sociedad burguesa dicta que hoy es un día de entrega de regalos, voy a regalarle este hilo a @Lek_ANCAP para que "aprenda algo de economía".
Es totalmente falso que la asignación de precios por competencia, que es la forma propia del capitalismo para asignar precios a los bienes, termine acertando mágicamente la cantidad de bienes de cada esfera de la producción que la sociedad en su conjunto reclama que se produzcan.
Lo cierto es que en el capitalismo, precisamente porque los precios se asignan por competencia, en cada esfera de la producción se tiende a producir la cantidad de bienes de cada tipo que el capital necesita que se produzcan para poder realizar la cuota general de ganancia.
En el capítulo VI de El Capital Marx expone qué son el trabajo improductivo y los costes improductivos. Los costes improductivos son aquellos costes que la sociedad necesita asumir pero cuya finalidad no es generar nuevos valores de uso, esto es, nueva riqueza material.
El trabajo improductivo, por contra, es aquél trabajo que no crea una plusvalía que pueda transformarse en capital. Se caracteriza por ser un trabajo que no actúa sobre el cuerpo de la mercancía y, por tanto, que no modifica las condiciones técnicas de producción.
Un ejemplo de trabajo improductivo es el trabajo destinado a la compra/venta de mercancías: la función de este trabajo se limita realizar el cambio de forma del valor (de mercancía a dinero o de dinero a mercancía) lo más rápido posible y, por tanto, no crea valor (ni plusvalía).