«No hay nada que haya deseado tanto, o en lo que haya tanto soñado que escribir para obreros».
Esta cita escrita por un joven Lenin en 1897 en una carta dirigida a Axelrod condensa lo que debe ser el intelectual proletario: aquel que busca por todos los medios fusionar +
el socialismo científico con el movimiento obrero, el no subestimar la inteligencia del proletariado reduciendo éste a los meros problemas cotidianos sino buscar elevar a amplias masas del proletariado al nivel de la consciencia comunista revolucionaria.
Toda la obra de Lenin está orientada a cometer este fin, la fusión del socialismo con el proletariado. Si entendemos por intelectual al prototipo burgués Lenin es férreamente antiintelectual, pero porque representa a un nuevo tipo de intelectualidad revolucionaria.
No hay nada mejor que la correspondencia de Lenin para aprender cómo debe ser un militante comunista en tanto que teórico y organizador: buscar siempre la manera de ampliar los círculos obreros, que éstos se alimenten de la literatura comunista, que participen de ella +
y que a través de ella se conviertan en cuadros organizados en el Partido Comunista.
Ejemplo de ello es el hincapié que hace en que los obreros lean el ¿Qué Hacer?, que es una obra escrita para ellos frente a los que quieren reducir a los proletarios al economismo.
No hay nada más vulgar que la acusación de que el leninismo se asienta sobre un vanguardismo elitista. El núcleo del leninismo siempre fue precisamente superar la escisión burguesa entre el intelectual y el proletario.
Para ello es necesario proletarizar las filas comunistas, conquistar a los obreros avanzados como fase dentro del proceso de reconstitución del PC. Esta idea la exponemos en nuestra Tesis acerca de la constitución de la vanguardia revolucionaria.
Los compañeros de @kursant_1917 profundizan en su programa en esta táctica de proletarización de las filas comunistas dentro de la estrategia de reconstitución del Partido Comunista. Junto a nuestro documento recomendamos la lectura atenta de su programa.
«Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática» es un texto esencial de Lenin que refleja de manera magistral cómo las posturas más izquierdistas en lo teórico pueden devenir en la práctica en puro derechismo. Eso es lo que precisamente pasó con las tesis +
mencheviques que al calor de la revolución de 1905 defendían una actuación puramente proletaria, al margen de la toma del poder, una política de oposición y presión desde afuera a la burguesía democrática. Esta postura aparece como la consecuentemente revolucionaria, comunista +
pero Lenin rápidamente se encarga de señalar su error básico: bajo el pretexto de que nos encontramos ante una revolución democrática burguesa las tesis mencheviques rebajan el margen de actuación del proletariado al convertirla en una mera fuerza de oposición y no dirigente.
Uno de los aspectos principales del 18 de Julio es que no se trató de un golpe de Estado de viejos tipo, sino que una vez fracasado en la mitad de España los golpistas tienen claro que hay que llevar adelante una limpieza por todo el país, una guerra total.
Los fascistas cometieron un exterminio planificado desde los mandos militares y justificado por las instituciones judiciales que establecían en los territorios que conquistaban. No sólo asesinatos masivos, también disciplinamiento mediante la represión y el robo masivo a los +
asesinados. Miles de fortunas se comentaron sobre el exterminio que los fascistas llevaron a cabo entre 1936-1939 y muchas familias que hoy mandan están unidas con un hilo de sangre a aquellos años.
La crítica que Lenin realiza al economismo en el ¿Qué hacer? es el señalamiento particular de un problema que afectaba a toda la socialdemocracia internacional: la división en un ala reformista, oportunista y un ala revolucionaria que no renunciaba al marxismo y a sus principios.
Lo novedoso de Lenin es que su lucha ideológica se encuentra enlazada a los problemas organizativos, estratégicos y tácticos del partido revolucionario. Mientras que los partidos socialdemócratas occidentales de la II Internacional enfrentaban al oportunismo solamente de manera +
formal, mediante decretos, pero sin desligar a este del marco organizativo del partido Lenin descubre que es necesario trazar una línea de demarcación entre el marxismo y el economismo, entre el ala revolucionaria y el oportunista, que las divergencias ideológicas tenían su +
Los comunistas no apoyamos el terrorismo individual como método de lucha independientemente del disfraz con el que se lo encubra, pero lo condenamos sólo en tanto que método de lucha ineficaz para la organización revolucionaria del proletariado y nada más.
Un cerdo capitalista muerto es un cerdo capitalista menos, más si es el CEO de una aseguradora que ha arruinado miles de vidas proletarias. No nos da ninguna pena que un obrero le ajuste las cuentas al burgués de turno, sólo lamentamos que el peso del sistema caiga sobre él.
Pero el terrorismo individual siempre ha sido un método ineficaz de lucha porque por cada golpe la burguesía es capaz de asestar mil más contundentes, y porque muchas veces lejos de dotar de conciencia al conjunto de la clase la dispersa ideológicamente más.
Esto es importante. Desde los medios de comunicación a los agitadores de extrema derecha se está construyendo relato para no poner el foco en los culpables de la tragedia: la burguesía, desde la patronal a sus políticos. Hay que dar la batalla contra la propaganda reaccionaria.
Las migajas de Amancio Ortega mientras Inditex abre en plena DANA, Roig presentándose en zona afectada cuando Mercadona dejó a la merced del temporal a sus trabajadores y ahora DESTRUYE comida mientras se persigue a los que se buscan la vida.
El discurso de la fraternidad nacional busca ocultar que en la tragedia se ha mostrado con toda su crudeza la contradicción de la sociedad de clases. No hay fraternidad, hay solidaridad de los de abajo con los de abajo. No debemos dejar que impongan sus términos.
Este discurso es una falsa dicotomía que opone clase trabajadora e identidades, como si una persona LGTB o racializada no pudiera ser un proletario explotado.
Pero esta falsa dicotomía es resultado de un error más profundo, la incomprensión del materialismo histórico-dialéctico.
El error grave sobre el que orbita este discurso es la incomprensión de la dialéctica de lo universal y lo particular, es el quedar atrapado en una universalidad abstracta que en este plano es la reducción de la explotación del proletariado al hecho económico inmediato.
Esto supone convertir una verdad —el proletariado como clase explotada que sustenta el modo de producción capitalista a través de la extracción de plusvalor y la valorización de capital— en una falsedad, porque obvia las distintas formas concretas en las que se da esa explotación