Esta es la enésima vez que la izquierda burguesa se «reinventa». Solo que, ahora, esta reinvención pasa por escorar a la derecha en absolutamente todas las problemáticas sociales reales o inventadas que están de moda; empezando por el caso del burka.
Huelga decir que nosotros somos comunistas y que por ello no solo aspiramos a la erradicación más rápida posible del burka, sino también del velo, del islam y de absolutamente todas las religiones. Quede esto por delante.
A partir de aquí ocurren una serie de cosas. La primera, tal vez la más evidente, es que el tema del «burka» es, en realidad, un tema de machismo y/o de religión. Estas dos cuestiones están vinculadas, a su vez, con una distribución sexual del trabajo firme motivada
por una amplísima variedad de factores históricos. El mayor sometimiento de la mujer en los países de mayoría musulmana no se debe ni única ni principalmente a la religión, sino al desarrollo de las fuerzas productivas.
Lo que queremos decir con esto es que atacar la manifestación de un fenómeno mucho más complejo es, por lo general, profundamente contraproducente, porque, dicho mal y pronto, al no erradicar las causas lo único que se consigue es que, bueno, la gente se rebote.
Aquí se señala perfectamente. No nos atreveríamos a decir que la política soviética del hujum fuera contraproducente; porque solo fracasaron sus aspectos más superficiales –la prohibición del velo y la quema de indumentaria religiosa–.
Lo que funcionó magníficamente para reducir drásticamente tanto la influencia del islam como del machismo fue, en orden de utilidad: 1) educar a las mujeres y obligarlas a trabajar, 2) expropiar las mezquitas y acosar constantemente a las autoridades religiosas,
3) detener, deportar y ejecutar de forma sistemática a los elementos más reaccionarios y a los principales propagandistas.
Pero no vivimos en la Unión Soviética, y la propuesta de Rufián, que hace seguidismo a la derecha –moderada o extrema–, no tiene como objetivo «erradicar el islam», sino recabar votos.
Decimos que no vivimos en la Unión Soviética porque, primero, el islam no es aquí una religión tan extendida como lo era allí; y segundo, porque el capitalismo es imparable a la hora de barrer con las relaciones sociales que no le son útiles.
Dicho de otro modo: las «viejas costumbres», especialmente aquellas relacionadas con la férrea división sexual del trabajo, desaparecen a medida que la mujer se iguala legal y laboralmente al hombre. Esta es la principal razón por la que cae la tasa de natalidad,
algo que los fascistas más despechados reconocen ya abiertamente; y la caída de la tasa de natalidad afecta por igual a todas las nacionalidades residentes en España.
Pero podríamos citar otras tendencias, como la clara caída del uso del velo entre la población más joven, el decrecimiento de los practicantes entre los núcleos urbanos menos guetificados, etc.
Cosa muy distinta es que el proletariado inmigrante no sea inmune a la tendencia reaccionaria que está afectando a todo el mundo en general, y que la manifestación concreta de este reaccionarismo se exprese bajo una forma cultural distinta, propia,
una en la que también juegan un papel importante la marginalidad y la historia mundial reciente, en la que España se ha beneficiado del reparto colonial e imperial del mundo.
¿De qué serviría dar al Estado la capacidad de prohibir el burka? De entrada, como veréis en el hilo siguiente, la aplicación de una legislación dudosa que genera un marco legal capaz de prohibir cubrirse la cara, sea de la forma que sea.
De continuada, el ensanchamiento de las tensiones existentes entre el proletariado «nacional» y el extranjero, puesto que esta política será percibida como un castigo, y no como una liberación; un castigo que empujará a las masas inmigrantes todavía más
a los brazos de su reacción. Luego, como se señala muy bien aquí, sin una transformación verdaderamente profunda y sin los medios ni la voluntad reales para acabar con el problema de raíz, las principales perjudicadas serán las mujeres musulmanas.
¿Qué hay que hacer? Por lo pronto no tenemos el poder político en este país, así que tal vez una buena forma de empezar sería trabajar políticamente con el proletariado inmigrante allí donde se encuentre, tratando de reconocer sus reivindicaciones inmediatas, sí,
pero también sus vicios, filias y fobias. Organizarlo sería el segundo paso. Y organizarlo no significa agruparlo en calidad asistencial, como se suele hacer hoy; organizar también significa elevar políticamente.
Organizar al proletariado inmigrante es esencial para acabar con la reacción religiosa. Lo que no es esencial es darle más poder al Estado para que prohíba sin arreglar, y menos todavía si lo solicita un cretino de la talla de Rufián.
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Lejos de lo que se suele pensar, las décadas de 1960 y 1970 fueron una época convulsa en Japón, un periodo marcado por la conflictividad obrera, los disturbios y las grandes huelgas. Veámoslo.
La temática de este hilo, como la de todos los hilos históricos, ha sido escogida en nuestro grupo de Telegram. Como es costumbre ya, os recomendamos las siguientes lecturas para ampliar lo que trataremos aquí.
Hasta 1869, Japón había sido un país feudal. No hablamos aquí de remanentes feudales, sino de feudalismo pleno y en su sentido más explícito. Japón se aisló del resto del mundo durante 300 años, limitando enormemente la entrada de mercancías e influencia extranjera en el país.
Lo de la Batalla de Krasni Bor es una de las mayores falsedades propagandísticas jamás creadas por el fascismo español, una que sería alimentada durante la Guerra Fría con la connivencia de las potencias occidentales. Veamos el porqué.
Lo primero que hemos de entender es que la «Batalla de Krasni Bor» no fue más que una escaramuza que se inscribe en la Operación Estrella Polar, una ofensiva soviética destinada a romper con el cerco de Leningrado.
La 250ª División de Infantería de la Wehrmacht, es decir, la División Azul, estaba contribuyendo activamente a matar de hambre y frío a 3,2 millones de personas, 400.000 de las cuales eran niños. A lo largo del asedio morirían 1 millón de personas.
La guerra afgano-soviética, que empezó oficialmente el 25 de diciembre de 1979, es bien conocida. Sin embargo, no fue la primera vez que la Unión Soviética intervino militarmente en Afganistán.
Hoy trataremos brevemente la primera intervención soviética en el país: la de 1928-1929. Os recordamos que el tema del hilo ha sido escogido en nuestro grupo de Telegram, en el que os recomendamos seguirnos y, como siempre, os recomendamos también algunas lecturas sobre el tema:
La intervención soviética en Afganistán de 1929 requiere contexto, pues está íntimamente vinculada con la llegada del poder soviético en Asia Central. La región de Asia Central, como el Cáucaso, fue conquistada por el Imperio Ruso a lo largo del s. XIX.
El imperialismo en Vietnam |🇻🇳
Vietnam, como el resto de la península de Indochina, estuvo sometida al yugo colonial francés entre 1887 y 1954. El dominio francés sobre el territorio fue especialmente sangrante, siendo que se basó principalmente en la extracción de materia prima.
Antes de entrar en materia, la temática de este hilo fue escogida entre otras mediante encuesta por nuestros suscriptores del canal de Telegram. Para participar en futuras encuestas os animamos a seguirnos también en nuestro canal de Telegram, enlace en la bio.
En Vietnam la compañía Michelin, por ejemplo, regentaba y gobernaba las plantaciones de caucho, en las que los trabajos forzados, la disentería y la malaria estaban a la orden del día. La esperanza de vida en uno de estos campos de trabajo rara vez superaba los cinco años.
La regularización anunciada por Pedro Sanchez es presentada por el lado izquierdo de la palestra parlamentaria burguesa como un gesto humanitario progresista y, por la derecha, como una hecatombe migratoria sin precedentes.
Expliquemos primero en qué consiste esto exactamente. Para empezar no se trata de nacionalizaciones, sino de regularizaciones. Huelga decir que los regularizados no podrán votar.
La regularización implica el permiso de residencia, el permiso para trabajar en todo el Estado, el acceso a los servicios públicos y, claro, que los regularizados pagarán impuestos.
Camaradas, hoy publicamos el artículo «Fascismo de Nuevo Tipo», en el que intentamos describir la forma que el fascismo adquiere en el siglo XXI y realizamos una serie de apuntes estratégicos en la lucha contra él.
En la actualidad, y en un contexto prebélico, los Estados de todo el globo se preparan para la contienda, haciendo especial énfasis en el frente interno: incrementan la represión, suprimen los derechos democrático-burgueses y engrosan las filas de sus aparatos represivos.
Introducimos la cuestión recuperando el artículo «Combatir al fascismo en todos los frentes: política comunista y estrategia antifascista», publicado por nuestros camaradas de @proletariat_org.