Cada cierto tiempo resurge el debate sobre la «Ley de la oferta y demanda» entre keynesianos y neoclásicos. Contra la disputa entre las dos formas de gestionar el capital, los comunistas tenemos el método materialista como forma de entender este fenómeno:
La susodicha ley viene a decir que el precio viene determinado en función de la cantidad de oferta –productores– y demanda –consumidores– para un producto concreto, dando lugar a la perogrullada del “precio de mercado” en la intersección entre las dos variables.
Pero ni este gráfico ni todas sus derivaciones en función del tiempo que se les ocurran a los economistas burgueses escapan al problema fundamental de la Economía Política ya criticada por Marx y Engels: el monetarismo.
En vez de entender el dinero como equivalente universal fruto de una derivación lógica a partir del valor, el monetarismo se centra en las apariencias, otorgándole un carácter meramente cuantitativo al problema e invierte el orden lógico de la formación de precios.
Si no se entiende el precio como una forma concreta en la que aparece el valor de una mercancía se sigue sin responder al problema principal: ¿Qué determina el valor de una mercancía cuando se dan las condiciones normales de oferta y demanda?
Marx, e incluso los economistas clásicos antes que él ya respondieron a esta cuestión: el valor no surge en la circulación, no surge de la voluntad de los compradores o los vendedores individuales, surge de la cantidad de trabajo cristalizado en la mercancía.
A diferencia de lo que creen los monetaristas, la Crítica de la Economía Política no niega la existencia de las fluctuaciones por oferta y demanda en la formación de precios, estas están presentes en el despliegue de categorías desarrollado en «El Capital».
Ocurre que esta no explica por si sola el valor y solo gira en torno a un fenómeno superficial de la relación social entre capital y trabajo.
Bajo el capitalismo, millones pueden morir de hambre, pero si el pan no puede realizarse con un beneficio que supere el coste de producción, darán igual los gráficos que se quieran creer los economistas.
En cuanto a los keynesianos no tenemos mucho más que decir, sus ilusiones sobre la gestión estatal del capital siempre terminan estampadas allá donde comienza la propiedad privada.
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Tenemos q la extrema derecha estadounidense jalea este tipo de atentados para luego atribuirle la autoría a «la gente trans», sinónimo para ellos de enfermedad mental. Sin embargo, los tiradores no eran trans. De hecho, por lo que se sabe hasta el momento,
se trataba de dos jóvenes –de 17 y 18 años radicalizados por Internet, cuyo principal referente era Brenton Tarrant, el autor de los tiroteos masivos contra dos mezquitas en Nueva Zelanda en el año 2019.
Aprovechando el día, camaradas, hoy os traemos once recomendaciones literarias de distintos países, pero todas ellas disponibles en castellano.
El hilo del año pasado se centró exclusivamente en obras enmarcadas en el realismo socialista. Este año, sin embargo, hemos optado por ampliar la mira e incorporar novelas de otros estilos.
«La nieve ardiente», de Yuri Bóndarev. Nos la recomendasteis varias veces el año pasado, y una excelente. La novela, que transcurre a lo largo de unos pocos días, sigue las calamidades de una batería de artillería a las afueras de Stalingrado. El valor
Camaradas, hoy publicamos ‘’De plomo las calaveras’’, un artículo en el que ofrecemos un marco de qué es la policía y qué intereses tiene, analizando su función y yendo más allá del debate cíclico sobre el papel que ocupa.
El artículo abre con dos casos concretos. El primero de ellos, el de Layli Colorado, que fue apaleada junto a su familia por la Policía Nacional delante de su hijo.
El segundo caso, más reciente, es el de Haitam Mejri, asesinado por dos policías a base de descargas de táser. El caso ya ha sido archivado.
Camaradas, hoy publicamos el artículo "El Rey de Amarillo" en el que bosquejamos la forma en que se ha constituído el sindicalismo amarillo como el principal escollo en la actualidad para el desarrollo del movimiento obrero en los países del centro imperialista.
En aquellas regiones con un capitalismo más avanzado, debido al avance en las fuerzas productivas y la experiencia acumulada por la lucha de clases, se ha desarrollado un aparato burocrático-sindical que funciona a modo de barrera contra la organización obrera.
A este aparato encargado de redirigir los conflictos de clase a los cauces legales burgueses y con una marcada tendencia al pacto y a la conciliación de clase lo denominamos "sindicalismo de concertación" y constituye el principal reto para el trabajo en los centros productivos.
El pasado 6 de marzo publicábamos "Proletarización. Una concreción estratégica", documento en el que destacamos un aspecto clave para la intervención en los centros de trabajo en la actualidad: el papel de los sindicatos. En breve publicaremos un nuevo texto sobre la cuestión.
El desarrollo continuo de la sociedad capitalista, hace que la utilidad de la experiencia bolchevique nos resulte limitada. Por ello es obligatorio necesario atender a las novedades de nuestra moderna sociedad de clases, entre las que destaca el papel del sindicalismo amarillo.
El sindicalismo amarillo es la adaptación lógica de la burguesía al auge del movimiento obrero consistente en la cooptación, directa o indirecta, de la dirección estratégica de los sindicatos empujándolos a tácticas de concertación, es decir, a optar por la conciliación de clase.
Camaradas, hoy hablaremos sobre la Burkina Faso de Thomas Sankara. Sin embargo, en lugar de centrarnos en sus magníficas reformas, pondremos el foco en los condicionantes que propiciaron su caída.
Como todos los hilos históricos, el tema del que hablaremos hoy ha sido escogido en una encuesta en nuestro grupo de Telegram. Aquí tenéis algunas obras para ampliar los contenidos que trataremos hoy:
En 1960, la República del Alto Volta se independizó de Francia de forma relativamente pacífica. Las élites locales pactaron una transición de poder con la burguesía francesa, cosa que aseguró la dependencia del país respecto a Francia y la continuidad de los abusos coloniales.