En 1984, Steve Jobs gastó todo el presupuesto de marketing de @Apple en un anuncio para vender su nuevo ordenador. Pero había un problema: la máquina no aparecía ni un solo segundo en el vídeo. Sus propios jefes entraron en pánico y ordenaron cancelarlo. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
Aquel año, Steve Jobs preparaba el lanzamiento más importante de su vida comercial, el primer ordenador personal Macintosh. Su objetivo principal era competir directamente contra la abrumadora hegemonía que mantenía su gran rival tecnológico.
La corporación IBM dominaba por completo el mercado de los ordenadores y, para lograr destacar en un entorno totalmente saturado y dominado por las empresas más tradicionales, Jobs sabía que necesitaba un golpe de efecto nunca antes visto.
Decidió que la presentación oficial de su máquina debía ser un evento cultural sin precedentes. Su intención era romper con todo lo establecido en el mundo de la publicidad y alejarse por completo de los aburridos anuncios de informática.
A través de la agencia Chiat/Day, Jobs contrató al prestigioso director de cine Ridley Scott, que venía de triunfar mundialmente con las películas Alien y Blade Runner, y le encargaron rodar un cortometraje distópico para televisión.
El guion estaba basado de forma libre en la famosa novela "1984" de George Orwell, pero la idea creativa que respaldaba la campaña publicitaria era una auténtica locura comercial que nadie se había atrevido a hacer hasta la fecha.
El proyecto exigía rodar una película en miniatura donde el producto físico no aparecía en la pantalla en ningún momento. No se mencionaba la memoria RAM, ni el procesador, ni las especificaciones técnicas del ordenador que querían vender.
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El rodaje se llevó a cabo bajo secreto en los estudios Shepperton de Londres. Contrataron a extras rapados como ciudadanos oprimidos y a la atleta Anya Major para encarnar a la icónica heroína rebelde armada con un mazo gigante.
El coste de producción de la pieza audiovisual se disparó hasta rozar el millón de dólares y, cuando los ejecutivos y la junta directiva de Apple vieron el resultado final por primera vez, entraron en estado de pánico y paralizaron todo.
Consideraron que era el peor anuncio de la historia y exigieron que no se emitiera. La directiva rechazó gastar un solo dólar más en aquella extraña película, creyendo que suponía un despilfarro económico inaceptable para la marca.
Ordenaron a la agencia de publicidad vender inmediatamente los codiciados espacios televisivos que ya habían reservado para la final de la Super Bowl. Querían cancelar toda la campaña para evitar hacer el ridículo ante todo el país.
Pero ignorando las severas advertencias de sus propios directores financieros, Steve Jobs y su equipo decidieron seguir adelante. Steve Wozniak, cofundador de Apple, incluso se ofreció a pagar la emisión de su propio bolsillo si hacía falta.
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Finalmente, la empresa pagó la astronómica tarifa publicitaria y el histórico anuncio se proyectó el 22 de enero de 1984, acaparando toda la atención de los espectadores durante un breve descanso de la gran retransmisión de la Super Bowl XVIII.
El impacto del cortometraje fue brutal. La emisión colapsó por completo las centralitas telefónicas de Apple con miles de llamadas de norteamericanos fascinados que exigían conocer todos los detalles sobre aquel misterioso y rebelde ordenador.
La emisión generó un impacto cultural tan gigantesco que los informativos repitieron el anuncio íntegro y de forma gratuita durante semanas. Y claro, las ventas del Macintosh se dispararon, consolidando a Apple como una marca de referencia mundial.
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