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Porque esta podría ser una crónica más de aquella rara exposición que tuvo lugar en el Retiro, en la que una treintena de inuit fueron exhibidos durante casi dos meses. Pero esta no es una historia más. Esta es la asombrosa historia de tres vidas unidas por un mismo nombre...
En el tumultuoso ambiente de los días inmediatamente posteriores al golpe de estado de 1936 se produce la incautación de la iglesia del Carmen por un grupo de milicianos que toman el lugar en nombre de la CNT. Durante la incautación se descubren esqueletos, momias y reliquias.
Quien paseara por Madrid en octubre de 1940 tenía que ser consciente de que podía toparse con algún evento que estuviera profusamente decorado con cruces gamadas y demás parafernalia nazi, como el concierto celebrado el día 5 de ese mes en la plaza de toros de Las Ventas.
Durante la II Guerra Mundial Madrid era un nido de espías. La neutralidad oficial del régimen franquista ocultaba una evidente imparcialidad oficiosa. En esa época se organizaron en Madrid numerosos eventos de corte germanófilo en los que llegaron a participar gerifaltes nazis.
Considerada como la mayor evacuación de arte de todos los tiempos, en ese viaje casi 2000 obras partieron de Madrid. No solo del Prado, sino también otras del Museo de Arte Moderno, del Monasterio de El Escorial, del Palacio Real o de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.
La original en blanco y negro muestra a Lorca sonriente. Así fue retratado por el fotógrafo de origen polaco David Seymour (Chim) probablemente en los alrededores de la Plaza Mayor de Madrid. Le acompañaba el poeta Emilio Prados, cuya cabeza se asoma por la izquierda de la foto.